CASTILLO DE MONTIZÓN, Villamanrique, Ciudad Real

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Se trata de la típica fortaleza construida para controlar un camino. Está situado a una altura de 780 metros sobre el nivel del mar, en conjunto destaca poco del entorno que lo rodea.

El camino que controlaba era la Vía Hercúlea o Augusta, que en tiempos romano conducía desde Cádiz hasta la Tarraconense, y de ahí, a la misma Roma. Junto con los vecinos castillos de Eznavexore, y la torre de la Higuera, formaba un triángulo defensivo perfecto, impidiendo cualquier paso no autorizado entre Montiel y Jaén. Sus vistas sobre el margen derecho del río Guadalén, en una de sus hoces, son magníficas. Las aguas son, además, un foso natural bajo la Torre del Homenaje.

Sus constructores aprovecharon un corte vertical de origen natural en el cerro en que está emplazado. Al sur del castillo y a escasos metros de su primera muralla, en zona sur de la albacara y en donde se ubicaba la entrada principal de la fortaleza, los arroyos Rambla y Arenoso desembocan en el citado río de Guadalén.

castillo-de-montizon_7285784Seguramente fue erigido para apoyar la posesión cristiana del castillo de Eznavexore, la fortaleza más antigua del campo de Montiel, de la que hoy sólo quedan restos, y que pasó de manos cristianas a moras, y viceversa, numerosas veces. Este castillo fue construido  por el portugués Don Pelayo Pérez Correa, maestre de la Orden de Caballería de Santiago, sobre los años 1240-1275,  seguramente sobre unas ruinas de otro anterior.

Una Bula del Papa Honorio III del año 1223 confirma la propiedad de este castillo a la citada Orden de Caballería, por lo que se deduce que Pelayo lo reconstruyó sobre restos de un castillo precedente.

Entre los años 1212 y 1213, Alfonso VIII había conquistado o reconquistado el territorio comprendido entre las Navas de Tolosa y Alcaraz, en mitad del cual se localiza el Castillo de Montizón; por lo que en ningún momento a partir de los años 1212-1213 estuvo en manos de los musulmanes. Es probable que sí existiese en el lugar una vieja fortaleza musulmana, puesto que en el año 913, los cordobeses ocuparon el castillo después de someter la zona, según dicen BEN ADHARI y el arabista holandés de origen francés, Dozy. Éste afirma que tras este hecho los cordobeses tomaron sin resistencia Mentesa, de lo que puede deducirse que los cordobeses ocuparon la zona y el propio castillo.

castillo-de-montizon (1)Es muy posible que la reconstrucción del castillo o el levantamiento de nueva planta por el citado Pelayo Pérez Correa, fuese debida a que una vez reconquistada la región a los musulmanes por el rey Alfonso VIII surgiese la necesidad de disponer de algunas fortalezas en la zona de frontera cristiano-musulmana, para evitar nuevas invasiones moras. Por esas fechas y seguramente por motivos idénticos, la Orden de Calatrava construyó sobre los pasos desde sus territorios hacia Andalucía, su fuerte castillo de Calatrava la Nueva. De este modo, entre las dos Órdenes establecían una barrera ante cualquier peligrosa reacción musulmana.

Fue el Castillo asunto de peleas civiles durante los siglos XIV y XV entre las familias del Condestable Lucas de Iranzo y la de los Manrique.

En el año 1458 muere Garcilaso de la Vega (tío-abuelo del escritor y poeta del mismo nombre) siendo Comendador de Montizón. El rey Enrique IV le entrega la encomienda a un medio hermano de Lucas de Iranzo, un tal Diego Cerezo, en lugar de hacerlo a alguno de los parientes del fallecido. Fue un nombramiento seguramente inoportuno, lo que provocó que los Manrique considerasen oportuno el posesionarse con la Encomienda de Montizón. Debido a esto, en el año 1464, Pedro Manrique y sus parientes los Benavides llevaron a cabo un largo asedio del Castillo, construyendo durante el mismo una fortificación cercana, de la cual aún quedan algunos restos, aun casi imperceptibles en el Cerro del Árbol Ahorcado.

Las tropas de Pedro Manrique y de los Benavides tuvieron que levantar el asedio y retirarse ante la llegada de tropas en auxilio de los sitiados.

castillo-de-montizonEn el año 1466 se produce un nuevo asedio, con los mismos protagonistas y con los mismos resultados finales anteriores. En un tercer asedio, en 1467, la fortaleza se rinde y es en esa fecha cuando Jorge Manrique, buen capitán y excelente y famoso poeta, seguramente uno de los mejores de toda la historia literaria de España, es nombrado Comendador de Montizón, quien de inmediato inicia obras de reforma y consolidación del castillo. Aquí vivió con su esposa Doña Guiomar.

Cuando en la primavera del año 1479 muere Jorge Manrique, en la Encomienda surgen graves problemas entre Luís Manrique , hijo y heredero del poeta y el maestre Alonso de Cárdenas, por la disputa de las rentas de la Encomienda de Montizón y las de la Torre de Juan Abad, llegando a intervenir el papa Sixto IV para acabar el enfrentamiento entre ambos, dándole finalmente la razón a Luís, después de muchos y complicados avatares jurídicos.

En el siglo XVII El Castillo de Montizón dejó de tener funcionalidad y debido a esto entró en un claro periodo de decadencia y deterioro.

En el año 1855 con las leyes desamortizadoras (ley Madoz), el castillo y las tierras circundantes fueron vendidos en pública subasta y su comprador, don Antonio de Lara y Villada, Marqués de Villamedina, hizo en él diversas reformas y modificaciones, tratando de convertirlo en palacio y casa de labor, desfigurando aún más su primitivo estado.

Posteriormente han sido otros los propietarios de este Castillo, hasta llegar a los actuales, la conocida familia de Don Samuel Flores Romano.

castillo-de-montizon (3)La torre del Homenaje es por sí sola es un verdadero castillo. Levantada sobre roca viva y verticalmente sobre el río Guadalén, su acantilado fue trabajado en puntos estratégico para darle mayor verticalidad, aprovechando además la roca obtenida como material de construcción en distintos lugares de la fortaleza.

Cuenta con planta baja y dos alturas más; la última sin techumbre. Después de las reformas y modificaciones realizadas en ella a través de los tiempos, actualmente es imposible conocer la distribución de sus dependencias primigenias. Su frente más largo es el que da al Patio de Armas, con 28 metros de longitud. La parte contraria, con dos fachadas y el saliente redondo con ventanas que las separa, es muy difícil y peligroso de medir, dado que es construcción muy elevada levantada sobre la roca vertical y el río, pero, en todo caso, tienen una longitud notablemente mayor que el frente que da al Patio de Armas

castillo-de-montizon (2)El acceso actualmente al castillo es con un horario  limitado y debe visitarse con guía, solicitándolo al Ayuntamiento de Villamanrique, en el teléfono 918 72 71 86. Abril y mayo: sábados, de 9 a 14 horas. Julio y agosto: jueves, viernes y sábados, de 9 a 14 horas. Resto de meses: en enero, febrero, marzo, junio, y octubre a diciembre, las visitas se realizarán y quedan fijadas en 8 días por cada mes: viernes y sábados; en horario de 9 a 14 horas durante todo el año. Durante el mes de septiembre quedan prohibidas todas las visitas




CONSUEGRA, Toledo, UNA ROSA EN EL CAMPO DE SAN JUAN, por Miguel Romero Sáiz

Vista general de Consuegra

Vista general de Consuegra

Entre las mieses doradas que abren senderos luminosos por doquier, el Campo de San Juan enaltece el paisaje toledano, un paisaje donde la historia cuajó tremendos aconteceres que hicieron grande su espacio.

Mancha Baja o tierra de anchuras indefinidas, donde le horizonte confunde en la misma línea sol y tierra, habitada y deshabitada, llena de brillos especiales donde caminan labriegos, pastores y hombres nobles que hicieron tierra de terratenientes en otros tiempos y se gestaron grandes hazañas de poderosos y de humildes. Tierra donde el Quijote Quijano a bien tuviera hacer andanza y donde Sancho cubriera de buena cocina sus angosturas estomacales.

Ahí está ese Campo regado por las bondades de un San Juan batallador que a bien tuviera dejar aquí espada y cruz para que su Orden, primero llamada de San Juan y luego Malta, fundiera nombre y raza. Es aquí, en las riberas que bien circundan los ríos Tajo y Guadiana, donde se alzan bellos lugares habitados, tal cual Madridejos, Urda, Tembleque, Arenas, Argamasilla, Puerto Lápice y Las labores, primando en esencia ese lugar que hoy nos trae a semblanza señera, donde ondea con enseña de poder e hidalguía el bello castillo de Consuegra, el mismo que levantaran los árabes dominadores de aquel reino taifa de Toledo.

“…Y si en mi Valencia

amada,

No me hallaréis a la vuelta

Peleando me hallarades

Con los moros de Consuegra…”

Tal vez, allí donde acampan buenos labriegos de fina estampa, sobrevive aquel lugar que hiciese huella el romano cuando habitó Consabrum, poniendo un anfiteatro para abrir fastos de honor, tiene más pasado rico que pobre y digo rico en naturaleza e historia. Romanos sabios que dieron paso a los árabes conquistadores.

Plaza Mayor de Consuegra

Plaza Mayor de Consuegra

Y es, en aquellos finales del siglo XI, cuando la historia nos habla de hechos de leyenda que hacen más grande Consuegra. Conquistada Toledo en 1085 por Alfonso VI y verificada la entrada de los almorávides en España a la llamada de Al-Mutamid de Sevilla, todo alcanzó situaciones de extrema dificultad, más no en vano en el año 1090 Castilla tomaría posesión de esta gran fortaleza castellana, muy notable a la sazón, pero que muy pronto, unos años después, sufriría el acoso de los temibles almorávides donde Alfonso de Castilla intentaría resistir, perdiendo la batalla y refugiándose entre sus muros firmes.

Finalmente, tras la batalla de Uclés, el castillo de Consuegra caerá en poder de los bereberes y solamente en 1147 será reconquistado por Alfonso VII cuanto toda la comarca de Calatrava caiga en sus manos.

Escudos en la entrada al castillo

Escudos en la entrada al castillo

Y aún antes en el famoso Liber Regum nos dice que “…este Mio Cid el Campiador ovo por mugier a doña Ximena, nieta del rey don Alfonso, filla del comte don Diego de Asturias, et ovo della un fillo et dos fillas, et el fillo ovo nombre Don Diego Ruyz, et mataronlo en Consuegra los moros; de las fillas, la una ovo nombre doña Cristina, la otra doña María…

¡Qué buen lugar para morir¡, pues en estas tierras la sangre noble correría a raudales, tal cual bien dijeran Crónicas del tiempo.

Al tiempo, sería la Orden Militar de San Juan, con sus insignes caballeros sus deudores como señores a bien tener, defendiendo estas tierras durante todo el siglo XII frente a almohades, reorganizando las aldeas y tierras de pan llevar, repoblando con buenas gentes que ahora heredaron esa raza y carácter y haciendo cabeza de un Priorato poderoso.

Pero yo quisiera resaltar su bello castillo. Construido a la usanza de una fortaleza de órdenes militares cumplió con buen tino su función. Primitiva planta árabe sin huella actual, con un gran recinto externo en amplísimo albácar o patio de armas con unas amplias dimensiones que llegan a alcanzar unos doscientos metros de longitud.

Vista de los molinos y del castillo

Vista de los molinos y del castillo

En su interior, unos molinos construidos en época reciente le dan el simbolismo de su tradición, solariega y manchega, agrícola y belicosa, con esos cubos inmensos cuyo estado ruinosa, tal cual toda la fortaleza, le da ese aire de misterio que sus paredes encierran.

El largo pasadizo por donde anduvieran caballeros de la Orden, tal vez pudiéramos llamarlos juanistas del medievo, luego fue camino de aquel Hernando Alvárez de Toledo, allá por el XVI, cuando en su portada de acceso quedó bien plasmado el escudo de armas que lo dignifica.

Molino

Molino

Esas plantas circulares, auténticas y personales, desdentadas pero erguidas, tanto la del homenaje como las que definen su estampa hace de él, sinónimo de molino fortificado cuando a falta de aspas, encuentras en su Cerro de los Molinos, a estos últimos cabalgando en armonía, sino acertada por corte medieval, sí singular por emblema de futuro.

Un buen destino es este lugar para disfrutar de un turismo selecto. No solo en sus fiestas medievales, emblema regional, sino en ese Cerro Calderico con sus doce molinos de viento, recorriendo su Plaza de España o asistiendo a esas Fiestas de la Rosa del Azafrán.

Interior del castillo

Interior del castillo

Ahí, donde su castillo marca la solera de la historia, su gastronomía eleva los sabores hacia el infinito, sintiendo en el placer de transitar sus calles la somnolencia del descanso del guerrero o, tal vez, parlotear con sus habitantes, generosos y hospitalarios, haciendo de este lugar un emblema para toda Castilla La Mancha, tierra de hidalgos andarines y de sanchos atribulados, entre la tradición más honesta que riega costumbrismo, arte, naturaleza y bondad.

Castillo de Consuegra

Castillo de Consuegra

No dejen de visitarlo y admiren toda su estampa, es digna de ello. Yo así lo veo.

 

 

 

Miguel Romero Saiz

Académico C. de la Real Academia de la Historia

Septiembre de 2013

LA ALCAZABA 47




CASTILLO DE ZORITA DE LOS CANES, Guadalajara, por Dionisio Urbina, Doctor en Arqueología

Castillo visto desde el Sur

Castillo visto desde el Sur

Zorita de los Canes se halla en la ladera occidental de un escarpado cuyas faldas lame el río Tajo, en la comarca de la Alcarria., al sur de la provincia de Guadalajara. En la cima del cerro se conservan los restos de un castillo, muy deteriorados por el paso de los años y el tipo de roca pobre sobre el que se asienta, pero no tanto como para no mostrar a nuestros ojos parte del esplendor que debió tener en el pasado.

El origen del castillo es musulmán, de comienzos del siglo IX, en tiempos del emir Mohamed I. Al parecer la vecina ciudad visigoda de Recópolis, fundada en el año en al año 578 por Leovigildo, tuvo una existencia efímera y fue ocupada por bereberes tras la conquista árabe de la Península Ibérica, a comienzos del siglo VIII. Estos bereberes se levantarán en varias ocasiones contra el poder del emir de Córdoba, por lo que buscaron un lugar de más fácil defensa y de menores dimensiones que las de la antigua ciudad visigoda, para lo eligieron el peñón junto al río aprovechando, eso sí, las piedras trabajadas de la ciudad goda. Así se dice en la crónica de al-Razi: Çorita es muy fuerte cibdat e muy alta e fizieronla de las piedras de Racupel, que las ay muy buenas. Omar Ben, Hafs y su hijo Calib Ben Hafsum con sede en Zorita, se rebelaron en varias ocasiones desde 886 contra la autoridad cordobesa y aun en 926 los Banu-Dil-Nun lo harían contra Abderramán III.

Castillo de Zorita vistos de la recópolis

Castillo de Zorita vistos de la recópolis

Zorita pertenecía a la Cora o distrito de Santavería o Santabariya nombre que dieron los musulmanes (transcripción de Celtiberia) a una región con centro en el castro de Santaver que se corresponde con la ciudad romana de Ercávica. Estaba dentro de la Marca Media que en el siglo XI formó parte de la Taifa de Toledo. En el año 1080 el rey de la Taifa de Zaragoza tomó la provincia de Santavería pero ésta, con Zorita, pasará poco después a manos de Alfonso VI en virtud del acuerdo tomado con al-Qádir  rey de Toledo (conocido como Dote de Zaida), junto con toda la Marca Media. En 1097 consta como gobernador de Zorita y las fortalezas fronterizas del valle del Tajo y Guadiela, el famoso Alvar Fáñez, sobrino del Cid. Pronto perdería Cuenca a favor de los almorávides y durante unos años Zorita también. Alfonso VII la recuperará de nuevo en 1124 e intentará repoblar la zona con mozárabes aragoneses. Poco después entrega Zorita a la familia de los Castro, quienes se hicieron señores feudales no queriendo devolverla a la corona. Tendrá que ser el joven Alfonso VIII en 1169 quien recupere la plaza, apoyado por los Laras y los ejércitos concejiles de Alcalá, Guadalajara, Atienza, Toledo, Soria, Avila más el apoyo de los caballeros calatravos. A pesar de todo, no pudieron tomarla por la armas (nunca en su historia sería tomado el castillo por las armas), habiendo de recurrir a la traición para dar muerte al alcalde y obtener la rendición del castillo.

Vista del castillo

Vista del castillo

Al año siguiente la fortaleza fue ofrecida en arras por Alfonso a su mujer Leonor de Inglaterra. Cuatro años más tarde Zorita sería entregada junto con otras villas y tierras cercanas a la Orden de Calatrava, siendo entonces maestre de dicha orden Martín Pérez de Siones, el cual la convirtió en cabeza de una Encomienda, dotando al castillo de tropas, armas y caballeros. Desde entonces fue un firme bastión contra las nuevas oleadas y razias de los Almohades. El 8 de abril de 1180 este mismo rey otorgó fuero a Zorita para favorecer la repoblación de la comarca, auspiciando el establecimiento de árabes y judíos que dispusieron de sendos barrios en la ciudad. Despejado el peligro musulmán a finales del siglo XII, el castillo pasó a ser sede de la Orden cuando ésta perdió Calatrava la Vieja en la Batalla de Alarcos (1195). A partir de 1212 tras la victoria en las Navas de Tolosa, se convirtió en Encomienda Mayor con un gran alfoz.

Zorita en fue en aquellos tiempo uno de los tres pasos por los que debían pasar las mercancías el río Tajo, junto con Alharilla y el mismo Toledo, obteniendo de los impuestos de pontazgo grandes beneficios.  Los calatravos realizaron profundas reformas y nuevas obras que engrandecieron la fortaleza en los siglos siguientes, entre ellas la erección de la iglesia de San Benito, aún en pie, haciendo de Zorita el castillo más importante de la Alcarria. Será protagonista en numerosas revueltas y luchas civiles entre los calatravos, tomando entonces la villa el apodo de los “Canes”, como refleja el Marqués de Santillana diciendo que era refrán dicho al calor del fuego que: Los perros de Zorita, pocos é mal avenidos”, o copia Blasco de Garay en el refranero: “Los perros de Zorita, que cuando no tienen con quién, unos á otros se muerden”.

La Orden de Calatrava pasó a la Corona en 1488 y en 1565 la villa de Zorita fue adquirida a Felipe II por Don Ruy Gómez de Silva, duque de Pastrana y marido de la princesa de Éboli. Ellos realizaron nuevas obras para hacer habitable la fortaleza. Estuvo en posesión de sus descendientes hasta que en 1732 fuera vendida a Juan Antonio Pérez de la Torre y, finalmente en 1994, tras desprenderse sobre las casas del pueblo un gran bloque de piedra, fue adquirido por el ayuntamiento de Zorita por el simbólico precio de 1 peseta.

La fortaleza.

La fortaleza de Zorita de los Canes es un edificio de planta con tendencia rectangular que se adecúa a la forma de la cima del cerro en el que se levanta. Hoy aparecen a nuestros ojos diversos bastiones semiderruidos de diferentes épocas que hacen difícil su compresión, en donde alternan fragmentos islámicos reconocibles por su aparejo a base de tizones y algunos tapiales, con los cristianos de los siglos XIII al XV. Se acometieron obras de restauración en 1973 y de mucha mayor envergadura desde 2006.

Interior Castillo

Interior Castillo

En la parte norte encontramos un foso (una cava hecha de peña picada que tendrá de hondo como dos estados… Rel. Felipe II) y una barrera que deja un trozo del cerro sin defender, en donde se situaba la aljama judía. El acceso principal estaba al este por un camino que zigzagueaba por la ladera del cerro y en donde existió una barbacana que está hoy ya muy destruida. Dejando los muros a nuestra izquierda, el camino pasa por una puerta abierta sobre una la torre albarrana, que constituye una de las piezas más notables y mejor conservadas del castillo. Todavía puede leerse en ella una inscripción que dice: “El Maestre D. Rodrigo…. comenzó esta labor, era de mil y trescientos y treinta y quatro años”.  Hubo otras puertas, según consta en las descripciones de la fortaleza hechas en tiempos de Felipe II, ya entonces derruidas. La torre albarrana se encuentra en la esquina oriental del frente norte o entrada principal. Allí se abre el foso y una barrera rematada con una torre cuadrada que hacía las veces de Torre del Homenaje, y que se levanta sobre la torre albarrana. Al exterior del recinto se encontraba la aljama judía. Antiguamente se entraba a la fortaleza a través de una puerta abierta en la muralla y un puente levadizo de madera para salvar el foso (ay una puerta que se dice la puente levadiza, para salir fuera de las cabas de la fortaleza, y para defensa de la dicha puerta está un cubo de cal, y de canto, con dos guarniciones á cada cabo una. Rel. Felipe II), todo ello ya desparecido.

La Iglesia

La Iglesia

Al interior del recinto hoy ya no se distinguen las distintas estancias alrededor del patio de armas, y tendremos que buscar las bocas del pozo (..y en la fortaleza ay un pozo que es manantial, y el dicho pozo, tiene sesenta estados de hondo… Rel. Felipe II), y el aljibe bien señalizados. Si volvemos la vista podremos ver un gran lienzo de tapial. En nuestro camino nos encontraremos con estancias semiexcavadas en el suelo, una de ellas es la llamada Sala de la Omega, de planta circular con bóveda nervada de yeso y banco corrido a lo largo de las paredes. Se encuentra justo en el centro del espacio de la fortaleza. Se desconoce su funcionalidad.

La construcción mejor conservada en el interior de la fortaleza es la iglesia románica de San Benito, de principios del siglo XIII, cuya portada se derrumbó en 1942. Es un edifico de una sola nave y ábside nervado semicircular, del que arranca una torre hoy semiderruida. En su día fue sede del Priorato de Zorita. Bajo el suelo, y excavada en la roca, se abre una pequeña cripta en cuyo interior se halla un capitel corintio procedente de Recópolis, utilizado como pila bautismal. En dicha cripta cuenta una leyenda que se halló la Virgen de la Soterraña, imagen milagrosa que se conserva hoy en el museo de la Colegiata de Pastrana.

6931331600_cbed34459c_zAl sur de la iglesia estaba el Corral de los Condes llamado así por ser el lugar en donde se enterraban nobles y caballeros. A través de una abertura y bajando unas escaleras se accede a una sala circular llamada Sala del Moro. Está cubierta por una bóveda de sillería en cuya clave se puede ver la figura de un mono (felino dicen otros). Por un pasadizo podemos llegar a la Torre del espolón, que es la construcción más moderna del castillo con forma de proa, adaptada a las necesidades defensivas de fines del siglo XV.

En las Relaciones de Felipe II se habla de otras torres cuyos restos el visitante puede intentar descubrir: y en la dicha fortaleza hay … siete torres, y en el contorno de la dicha fortaleza la una se llama la Torre del gallo, la otra la torre de la Judería, y la otra la torre de Belmet, la otra la torre de los Vizcainos, y entre estas ay otras dos torres pequeñas que no se sabe cómo se llaman, y ay otra torre que se dice la Torre del omenage, y otra la de las armas,..

7077405805_43fb1e7212_zLa fortaleza tiene otra entrada al oeste que comunica con el pueblo y que es por donde casi todos los visitantes acceden al castillo hoy en día. Se trata de una puerta estrecha en donde se condensa la historia de la fortaleza, pues tras un arco ojival perteneciente a la entrada de la última época, se esconde otro de herradura, islámico, recientemente restaurado, con dovelas de piedra que no han respetado el peralte original. Por un pasillo se baja a la villa y a través de la calle Real se llega a la iglesia parroquial de San Juan Bautista, del siglo XIII.

La proaUna cerca ya derruida en su mayor parte, partía desde la proa del castillo y envolvía la villa. Aún se pueden adivinar algunos de los torreones de refuerzo. El lienzo mejor conservado es el de la puerta de la villa que se abre entre dos torres cuadradas. La cerca está bien conservada desde la puerta hacia el norte y, aunque luego se pierde, no es difícil seguir sus rastros por el contorno del arroyo Badujo hasta llegar de nuevo a la altura de la torre albarrana.

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CASTILLO DE BARCIENCE (Toledo), por Miguel Romero Sáiz

“El León Rampante de Barciense”

 

La llanura se abre, amplía su horizonte entre la suavidad del gran Tajo, a los pies de un sol que hiere los cabezales de trigales y en una elevación, el León Rampante, aducido desde la Mesopotamia persa como estela de poder, se yergue rutilante y poderoso, vivo entre la piedra, sereno por pasado, fiero por el abandono al que está sometido después de siglos levantado en la gran torre del homenaje de esa fortaleza, en otro tiempo poderosa, de Barciense.

Desde sus almenas, sobre la llanura toledana, su silueta ofrece todas las características de un perfecto castillo medieval, sin que la historia le permitiera jugar un papel fundamental entre las luchas del tiempo noble. Al fondo, la villa de Torrijos está ausente de un recorrido sinuoso que hizo de los Silva portugueses su feudo, su señorío, su tierra de poder.

Sorprende esta fortaleza por lo bien conservado de su recinto y su estructura, aunque solamente queden los muros, siendo todo su interior un espacio vacío cubierto de hierbas y algún roedor bien perdido.

Pero es elegante su trazado. La familia de los Silva, procedentes de Portugal, llegaron a finales del siglo XIV a estas tierras ayudando al rey castellano Juan I quien, al casar con Beatriz, hija del monarca portugués Fernando I, se creyó con derechos a ocupar ese trono.

Pero es Alfonso Tenorio su albacea. Este elegante adelantado de Cazorla desde 1388 ocupa el solar que se alza sobre el cerrito solitario en la sierra baja de aquellos lares, mientras los freires de la Orden de Santiago lo ocupan y lo adornan.

Canteros de Burgos y talladores de Álava llegan hasta aquí empujados por el dinero que ofrece Álvaro de Luna, el Condestable castellano de Juan II de Castilla, cuando vincula su apoyo al heredero de Tenorio, ese tal Juan de Silva, que hace de este apellido Señorío por tiempo y espada.

Entre Barciense, con sus señorío y castillo, junto a las tierras alcarreñas de Cifuentes, donde afianza también su maestrazgo, Alonso de Silva el segundo conde convierte Barciense en su residencia más noble.

Reforma la estructura de su castillo a pesar de que su exterior pueda ser de escasa resistencia como escueta defensa, amparada en sus costados norte, poniente y sur por la suave escarpadura del cerro que lo sustenta.

En él levanta, fácil para acceder, un foso le delimita con esos cinco metros de anchura y donde su entrada principal abría el portón de la solera allí ejecutada.

Un puente levadizo permitía la entrada a las tropas del Señor de Silva, mientras, la torre del homenaje aireaba todo su poder y orgullo de linaje. Su planta baja, en espacio cuadrado da entrada a un patio de armas sublime, arrinconado entre los ventanales de sus dependencias cuya comunicación lo permitía un orificio singular cuadrado abierto en su techumbre por el que bajarían, posiblemente, los alimentos los allí refugiados en tiempo de disturbios y violencia nobiliaria.

Interior

En su interior, las dependencias mantenían el intimismo de sus dueños, los Silva, quienes orgullosos se sentían por ese enorme León Rampante que sirve de enseña poderosa y que se divisa desde largos kilómetros de su llanura.

Esculpido por artesanos de la piedra, navarros, altivo por su esbeltez, de pie en sintonía con la propia torre, ocupa varios metros del lienzo de esa piedra que como gran escudo heráldico le atesora. Sus casi cinco metros de altura por tres metros de anchura, tallado directamente en la misma piedra sillar de su costado oriental le da la singularidad de un castillo único en toda la Castilla amesetada. No hay otro igual.

Desde el primer conde de Cifuentes en 1430 hasta su finalización por el nieto del mismo, también llamado Juan de Silva a finales del XV, este bello castillo ha mantenido su estampa poderosa. Todo esto que bien sabe el historiador Antonio Herrera, lo escribe para su conocimiento y causa, aduciendo a la belleza, a la situación y al lejano apéndice de su pasado bien enriquecido.

Mediado el siglo XVII, un largo pleito familiar hizo que Barciense y su castillo pasaran a manos de la casa de los Duques de Pastrana, también de apellido Silva y Mendoza. En la casa noble que reunió este título, junto con los del Duque del Infantado y de Osuna, permanecería hasta el mismo siglo XIX, momento en que su propietario, el aristócrata y político don Manuel de Toledo y Salm-Salm, heredero de todos los anteriores títulos, se lo donase al pontífice romano León XIII. La Santa Sede, sin saber que hacer con estas lejanas ruinas las vendería en 1901 a un rico hacendado bilbaíno, don Manuel de Tarazona, quien a su vez, lo vendería a la familia que actualmente lo posee.

Vista aérea del castillo de Barcience

Aquí hubo luchas nobiliarias, rencillas e intrigas palaciegas, tal vez aquel Tenorio, o el condestable cañetero Álvaro de Luna, o los Silva y Mendoza, quizás los amoríos de la Princesa de Éboli, dueña de Pastrana, dilucidaron sus encuentros entre apuestas silenciadas, porque “en las historias de amor la felicidad es siempre igual, en cambio, cada desgracia tiene su fisonomía propia” y aquí, la felicidad llevó a la desgracia, manteniendo ese costumbrismo que hace eternas a las leyes.

A mi me gusta contemplar estas bellezas de la historia del pasado, me encanta reconstruir sus vidas, inventar sus recorridos, aunar leyenda con realidades confusas, porque “lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero lo que está claro es que el presente es tuyo, nuestro, de todos.”




FORTALEZA DE MOYA (CUENCA), por Miguel Romero, Director de la UNED de Cuenca

Murallas Fortaleza de Moya

Y nos vamos hacia Aragón, camino de tierras altas. En este camino, abrupto por los recovecos del Cabriel y Turia, los pinares te envuelven sin saber cómo seguir. Dejas el Cañizar de Cañete, las Corbeteras de Pajaroncillo, un poco más arriba las hoces dela Sierrade las Cuerdas, en otrora Boniches y, caminas, casi despacio por el obligado recorrido, para adentrarte en esas Tierras de Moya.

El Marquesado de Moya fue creación para premiar lealtades. Sobre el amplio solar, la inquietante fortaleza que domina un impresionante panorama, te vigila y te retiene. La meseta que sustenta lo que fue la población aún detenta una iglesia y el ayuntamiento, pero paredones inmensos son los restos de otras, conventos y cimientos de casas alineadas en distintas calles. Desde la cima donde está Moya se divisan las viejas aldeas dependientes del municipio: Santo Domingo, Fuentelspino, Campillos, Algarra, Los Huertos y el Arrabal como único vestigio del imponente bastión. Al lado, Landete.

“En la conquista de Moya

Don Álvaro de Mariño

Por blasón ganó la espada

Y Moya por apellido.”

Murallas

La historia de esta Tierra es inmensa. Hasta el siglo XII Moya estuvo bajo el poder musulmán. Dicen las crónicas que, formando parte de las huestes árabes, junto a las de Cuenca y  Alarcón, estuvieron en la famosa batalla de Uclés allá por 1176, siendo reconquistada definitivamente por Alfonso VIII en 1183.

En ese año, el propio rey castellano, queriendo asegurar su dominio frente al rey valenciano, una vez reconquistada toda la zona conquense, determinó apoderarse de la llamada Meya del Cherif Al Edrís, encomendando su toma a don Álvaro Das Mariñas, el cual tras la reconquista cambiaría su apellido por el de Moya.

Resto de iglesia y murallas

Repoblada en el año 1210 sufriría un duro ataque almohade y en 1211 fue cedida ala Ordende Santiago que no toma posesión de ella hasta el año 1215 cuando Enrique I concede ese privilegio a manos de Don Juan González, maestre de Calatrava algo más tarde. En esa etapa funda Hospital para redención de cautivos, bajo la espada de Santiago Matamoros.

Su primera repoblación se hizo a base de gentes riojanas (Pedro García y Fortín García), ascendiendo también destacados caballeros, como Pedro Fernández, merino mayor, y Pero Vidas, caballero de Atienza, muy pronto ricamente heredados en estos lares. Torres defensivas marcarán la jurisdicción de sus predios: Torre de don Alonso, torre de Morant, Torre dela Dehesa, torre de Abengomar y Torre de Borrachina, entre otras.

Construcciones en el interior del recinto

Sin embargo, estas tierras fueron luego concedidas a Don Juan Nuñez de Lara, señor también de Albarracín, que aliado con el rey de Aragón Sancho IV de Castilla, logró resistir el acoso y aun el sitio que este monarca le puso en el año 1290. Desposeídos los poderosos Lara de su gran Señorío de Molina, aun permanecieron, algún tiempo, enriscados por estas serranías ibéricas.

Ya en el siglo XIV, el rey Enrique II hizo merced de Moya a su cortesano Alvar García de Albornoz, por su fidelidad y apoyo en la guerra civil contra su hermanastro Pedro I. fue hijo de este Alvar, Micer Gómez de Albornoz, quien puede considerarse como auténtico señor de la villa, de la tierra y del castillo. La gente de Moya y su alfoz resistió la orden real.

Restas de las casas enrejadas

Está claro que desde 1296 hasta 1480, Moya irá de mano en mano en pago de favores o en garantía de servicios y pactos. En 1319, el rey Fernando IV declaró la villa, Patrimonio dela Corona, pasando a ser villa y tierra de realengo.

Ermita

Violentando el deseo tantas veces expuesto por los habitantes de la villa, de no querer pertenecer a señorío particular, el marqués de Villena recibió, de manos reales, el señorío de Moya en 1448. Sin embargo, nunca pudo llegar a tomar posesión de la misma, ante la tenaz oposición de las gentes que siempre tuvieron fama de rebeldes.

En 1463, estando en Segovia el rey Enrique IV, entregó el señorío a su cortesano Andrés de Cabrera quien tampoco podría tomar posesión de este señorío hasta el año 1475.

Calles

Durante el reinado de los Reyes Católicos alcanzaría el rango de Marquesado a Andrés de Cabrera y a su mujer, Beatriz de Bobadilla, dado en Segovia en el año 1480. Estos momentos serían los de mayor trascendencia e importancia dentro de la propia Corona, alcanzando su mayor apogeo en el siglo XVI, tanto en densidad de población como en realidades arquitectónicas de la propia Villa, elevándose nuevas iglesias, palacios y edificaciones diversas, reforzándose el castillo y murallas, y otorgando al recinto fortificado su auténtico sabor de villa encastillada. De 1589 es, según se lee en la inscripción de una puerta de la muralla, la reforma de la cerca, sufragada por el entonces heredero directo de los primeros marqueses, don Francisco Pérez de Cabrera y Bobadilla, quién vivió largos años retirado en su reducto conquense.

Entrada principal al recinto. Observese la defensa natural en su lado norte así como la amplitud del paisaje.

Tal como estaba entonces quedó para siempre.

Puede decirse que será en el siglo XVIII cuando Moya entra en su decadencia más absoluta. Con la desaparición en estas tierras de las familias nobles de Albornoces, Cabreras, Carrillos y Pachecos, solamente los Zapata permanecerán dándole el rango de linaje. Es, en este siglo, cuando pasa a la familia de los duques de Peñaranda, y luego a los de Alba, en cuyo caudal de títulos entró la villa, la fortaleza y el marquesado.

Calles

La villa de Moya es uno de los reductos dela Españaincreíble, dela Castillasoñada y dela Cuencamás histórica. La silueta que se divisa desde larga distancia eleva al infinito la sensación de grandeza, de inmensidad soñada y de realidades poco comunes, en la que su estampa define lo que el tiempo intenta detener ante un derroche de magia poco común.

La Moyaque Carlos de la Ricaglosara como “esa ruina imponente, gloriosa, inerme también porque se desmenuza y cae, es la misma que restan sus paredes con esos torreones que delatan la presencia de su castillo adelantado mayor, digno gigante derribado…”

La misma que Florencio Martínez Ruiz dijera: “Moya es una de mis fantasmagorías oníricas que siempre he soñado y sino fuera porque Cuenca es la ciudad más mágica del mundo, a la que más que vivir en ella cabe admirarla cada mañana en oración, hubiera tramitado de algún modo mi delirio, hacia esta Moya mágica, inmensa, especial.”

Entrada al hopital

Como villa fortificada, Moya albergó en sus mejores tiempos muchos notables edificios. Además de la capilla del Hospital y las iglesias de los conventos de monjas y de Franciscanos había seis edificios parroquiales: la de Santa Maríala Mayor, como la más antigua de todas con pórtico gótico y arcos ojivales interiores, ahora muy reformada; la dela SantísimaTrinidad, cuya construcción se iniciaría en el siglo XIII y se acabaría reformada en el XVII. Está situada en el callejón del Alcalde junto a la plaza mayor de la que solamente queda en pie su espadaña; la de San Miguel, del siglo XIV, en el extremo norte de la calle “de las Rejas”; la de San Pedro, del siglo XVII, junto al convento de las Monjas y ahora totalmente arruinada; la de San Juan, situada en la explanada que hay entre el castillo y el Hospital, junto a la muralla exterior y puerta; la de San Bartolomé del siglo XV, que se encuentra junto a la puerta dela Villay de la que solamente queda en pie parte de su espadaña.

Ruinas de la iglesia de la Santísima Trinidad

Otros edificios, junto a la fortaleza y el largo recinto amurallado que la definen, nos encontramos dos singulares y representativos edificios: el Ayuntamiento y Pósito, restaurado y situado en la plaza Mayor; el monasterio de las Recoletas Bernardas y el convento de San Francisco del XVI.

Hablar ahora de este conjunto majestuoso, inmemorial y ruinoso, es hablar de historia, pero es también resaltar la grandeza de un tiempo histórico, decisivo en los aconteceres medievales de Castilla, reducto de un sinfín de hombres valientes y honestos que hicieron de su gran villa, emblema y poder en aquellos siglos XIV, XV y XVI. Después de franceses, carlistas, republicanos y guerrilleros, ahora, duerme en las raíces del silencio, acurrucando sus muros entre las piedras que le hicieron grande y esperando que el esfuerzo dela Asociaciónde Amigos de Moya, que tanto ha conseguido hasta ahora, pueda seguir despertándola de su pasado.

Entrada al castillo

Moya, costura solemne de la sierra conquense que orea la brisa marina de un Mediterráneo levantino, entre espadañas montaraces, almenas desdentadas, saeteras misteriosas y piedras milenarias, se eleva, crepuscular, en ese monte señero que le adorna haciendo grande la silueta preciosista de orihuelas somnolientas y presuntuosas.

 

Patio de Armas

 

Fotos Carlos Morcillo y Luis Manuel Moll

 

 

 

 

 




CONSUEGRA (Toledo) Asentamiento carpetano, ciudad romana y castillo medieval. Por Dionisio Urbina, Doctor en arqueología.

Vista del cerro del Tío Calderico

El cerro a cuyos pies se extiende la actual ciudad de Consuegra se levanta como un barco en la llanura manchega, señoreado por el castillo y con los molinos de viento a modo de velamen.

Este cerro ya estuvo ocupado por un poblado carpetano en la Edad del Hierro, algunos de cuyos restos se pueden ver en el museo local situado en el edifico de Los Corredores. En alguna ocasión hemos considerado que en este lugar debería situarse la ciudad carpetana de Aebura que se cita en los textos romanos de la conquista de la zona, y no se puede identificar, como se ha venido haciendo tradicionalmente, conla Liborao Lebura del Anónimo de Rávena, que a su vez se identificaba con Talavera de la Reina. En primer lugar en Talavera de la Reina no existe ocupación prerromana, el posterior nombre romano de Consuegra: Consabura parece contener al antiguo carpetano, y finalmente el emplazamiento del cerro Calderico es más acorde con el relato de los acontecimientos que narra el historiador romano Tito Livio.

Escultura romana

La ubicación de Consuegra se ajusta más a con la jurisdicción del gobernador de la Citerior, Q. Fulvio encargado de las operaciones militares en Aebura, ya que ese mismo año (194 a. de C.) el gobernador de la provincia Ulterior, estaba en Lusitania (Livio, XL. 34). El Relato de Livio dice entre otras cosas: Cómo había oído que los Celtíberos estaban armando a los jóvenes él reclutó también como auxiliares cuantos hombres pudo de los aliados, pero en ningún caso igualó el número de sus enemigos. Al comienzo de la primavera condujo el ejército a Carpetania y fijó su campamento cerca de la ciudad de Aebura, instalando en ella un pequeño destacamento. Pocos días después, los Celtíberos acampaban al pie de una colina 2 millas más alláLa llanura era completamente plana y a propósito para la lucha. (Livio, XL, 30). Cerca de esta población existen colinas y llanos perfectamente asimilables a los que cita el texto de Livio.

Conquistada la ciudad, los romanos debieron establecer en ella un centro de operaciones, pues el relato de Livio dice: Habiendo transportado los heridos a la ciudad de Aebura, condujo las legiones a través de Carpetania hacia Contrebia. Casi dos siglos más tarde se levanta al pie del Cerro, junto al río Amarguillo, la ciudad romana de Consabura, citada en varios textos antiguos y en itinerarios de caminos que nos informan de por aquí pasaba una calzada que unía la ciudad de Toledo con las más importantes vías del sur peninsular. Lamentablemente no se han realizado excavaciones sistemáticas en este enclave, al igual que no se ha hecho en el cerro. Esperemos que la crisis pase pronto o permita en algún momento futuro estudiar con más detalle la interesante secuencia histórica de este lugar. Mientras tanto, podemos pasear entre sus calles, intentando descubrir vestigios de ese pasado como la estatua de togado o las columnas que se podían en el patio de la Casa de la Tercia, convertida en restaurante.

Estela medieval

Unos kms aguas arriba del río se pueden ver los restos de la presa romana y el acueducto de Alcantarilla, un ejemplo que nos ilustra sobre la sabia costumbre romana de tomar el agua para beber del cauce alto de los ríos, arroyos o manantiales, mientras que el caudal de los ríos se utilizaba como cloaca.

Como ocurre en tantos otros lugares de estas tierras del centro peninsular, de los que ya hemos hablado o hablaremos en el futuro: Aceca, Oreja, Alharilla, el cerro fue ocupado posteriormente por los árabes, de los cuales se pueden ver de nuevo algunos objetos en el museo municipal.

Castillo de Consuegra

El castillo que vemos hoy es uno obra de la Orden de San Juan a la que perteneció el pueblo. Está formado por tres recintos defensivos y en su interior se conservan numerosos restos que han venido siendo restaurados en los últimos años. Existieron otras fortificaciones anteriores que sufrieron numerosas vicisitudes en tierra de frontera como esta. En una de estas batallas, a fines del siglo XI, Alfonso VI fue vencido por las tropas almorávides al mando de Yusuf, y entre los caídos cristianos se hallaba el hijo del Cid. A mediados de agosto se celebra en Consuegra una recreación histórica de esa batalla. Durante unos días el pueblo se convierte en una ciudad medieval.

En Octubre se celebra la fiesta de la rosa del azafrán y se puede ver en funcionar uno de los doce molinos que se levantan en la cresta del cerro, otro atractivo más de este pueblo con tan larga tradición histórica.

 

 

 

 

 




CASTILLO DE GUARDAMUR, Toledo

CASTILLO DE GUADAMUR, Toledo

Este Castillo (siglo XV) está situado en el cerro Natividad en el pueblo toledano de Guadamur. Fue cnstruido por el Conde de Fuensalido Pedro López de Ayala,nieto del Gran Canciller Mayor de Castilla y cronista real, sobre otro castillo anterior de origen musulmán.En él vivieron Felipe el Hermoso y Juana la Loca además del Cardenal Cisneros, El Emperador Carlos I de España y V de Alemania. La princesa Éboli, estuvo encerrada en el mismo por orden del rey Felipe II.  En la guerra de la independencia, los franceses, como siempre, lo incendiaron después de haberlo expoliado y utilizado como cuartel  1887, fue restaurado por el Conde de Asalto. Benito Pérez Galdós lo meciona en la obra “Ángel Gerra” II parte.

Teniendo piedras antiguas

bajo sus entrañas,

Fuensalida lo elevo

lleno de gallardía.

Su historia se refleja

por sus quemadas piedras,

cubiertas de llantos y penas

nos llegó hasta

nuestros días.

 

 




CASTILLO DE ALMANSA, Albacete

CASTILLO DE ALMANSA

El Castillo de Almansa (siglo XII), está situado en la localidad albaceteña que lleva su mismo nombre y sobre el llamado Cerro del Águila siendo uno de los castillos más bellos de España. Está construido sobre una fortaleza almohade anterior. El infante don Juan Manuel efectuó modificaciones sobre el original.

Jaime I conquistó sus murallas y tras la firma del Tratado de Almizrra  firmado el 26 de marzo de 1244   entre el rey aragonés y el castellano Alfonso X, pasó a manos del reino de Castilla. Juan Pacheco, e Marqués de Villena, es quien le da el estado actual.

En 1707 el castillo fue partícipe , durante la Guerra de Sucesión, de la batalla de Almansa, entre las tropas del archiduque Carlos y las de Felipe V.  En ella, fueron derrotados y capturados nueve mil soldados austriacos. Venció el ejército franco-español, encabezado por el duque de Berwick. A partir de esta batalla, se inclinó la guerra a favor del asentamiento de Felipe V y la dinastía de los Borbones en el Trono de España.

INTERIOR DEL CASTILLO. Se pude observar que está asentado sobre la roca del Cerro del Águila

En 1919 el alcalde de Almansa denunció el estado ruinoso del castillo y solicitó permiso para su demolición, pero gracias a los informes realizados por la Real Academia de la Historia y la Real academia de Bellas Artes de San Fernando, en contra de la petición del Ayuntamiento, no sólo se salvó, sino que además, por Real Orden de febrero de 1921 fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional.

Su forma es rectangular y se divide en dos recintos a distintas alturas alturas. En la parte más elevada, hay una muralla rematada en almenas y, en la parte más baja, hay torreones. En la zona de mayor altura del recinto, se localiza la torre del homenaje que es de grandes dimensiones y que se encuentra rematada en almenas.

Muy bien conservado y se puede visitar
Para saber más sobre este castillo: http://es.wikipedia.org/wiki/Castillo_de_Almansa




CASTILLO DE BELMONTE, Cuenca

 

CASTILLO DE BELMONTE

El castillo de Belmonte (siglo VX), está inmerso en la provincia de Cuenca. Tiene una gran riqueza en artesonados mudejares. Está en muy buen estado.
Para saber más sobre este castillo:  http://www.jdiezarnal.com/castillodebelmonte.html




CASTILLO FORTALEZA DE LOS CABALLEROS, Guadalajara

CASTILLO DE MOLINA DE ARAGÓN

El Castillo fortaleza de los Caballeros, llamado también castillo de Molina de Aragón (siglo X), está situado sobre un cerro de la villa de Molina de Aragón, provincia de Guadalajara.Dando la bienvenida majestuosamente desde la lejanía, ha permanecido a lo largo de los siglos muy entero y ha sido protagonista de múltiples batallas, tanto en la Edad Media como en la Guerra de la Independencia, de guerras carlistas, sirviendo además de sede a un castro celtíbero fortificado para la defensa, y cercano al beneficio de las aguas del río Gallo.Su estado es de ruina consolidada, se puede visitar.Para saber más sobre este castillo: http://www.aache.com/castillos/guadalajara_molina.htm