JOSELITO,”EL GALLO”, EL TORERO EN ROMANCE, por José María Gómez Gómez

AQUEL DIECISEIS DE MAYO
 Aquel dieciséis de mayo
de mil novecientos veinte,
aquellos clarines últimos
hoy resuenan en mi mente.
El coso de Talavera
enmudeció de repente.
La sombra de Bailaor
era un presagio de muerte.
Tras unos lances de estilo
llegó el instante solemne.
De improviso, una embestida
prendió al diestro por el vientre.
Se estremeció Talavera
desde la muralla al puente.
Los toros de sus escudos
mugieron con voz doliente.
-¿Qué ha pasado en Talavera?,
se preguntaba la gente.
-Que se ha acabado el toreo…
Que Joselito se muere…
En una fría camilla
colocaron al valiente.
Ignacio Sánchez Mejías
estuvo  su lado siempre.
El que no tembló ante nada
ni tuvo miedo a la muerte
murió temblando del frío
de la hemorragia y la fiebre.
La noche se fue llenando
de tormentas imponentes.
Por las ventanas entraban
relámpagos como sierpes.
Cuando le llegó la hora,
alguien oyó débilmente
musitar una oración:
“Virgen del Prado, acogedme…”
Así murió Joselito.
Así murió aquel valiente,
aquel dieciséis de mayo
de mil novecientos veinte.  


         
 BAILAOR

¿Cómo fue? ¿Cómo fuiste en la vacada,
hijo de Bailaora y Canastillo,
crecido entre la jara y el tomillo,
ensayando en el viento la cornada?
Por el paisaje atroz de Mejorada,
por el Prado del Arca y El Membrillo,
¿quién apuró en tu frente el cruel cuchillo
cuyo filo empujó la muerte airada?
¿Te sentiste instrumento de los hados?
¿Supiste acaso que eras el maldito
ejecutor de la suprema suerte?
¿Qué sintieron tus ojos asombrados
al ver la lividez de Joselito
cuando tu cuerno audaz le dio la muerte?



Joselito “el Gallo”

¿Cómo decir al mundo cómo fuiste
cuando a esta humana y deleznable arcilla,
candor celeste, inmaterial semilla,
por senderos de gloria tú viniste?
El tiempo aciago en mármoles te inviste
el Sabio, el Papa Rey, la Maravilla,
esplendor de la feria de Sevilla,
dominador de todo cuanto embiste.
Parecías un astro rutilante,
la idea elemental y verdadera,
acaso un dios en traje de torero.
Pero al irte dejaste el rastro errante
de un borbotón de sangre en Talavera
y una espuerta de cal en el albero.

Ignacio Sánchez Mejias y Joselito
Bailaor, el Toro que hirió de muerte a Joselito
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