LA POLÉMICA DEL GRIAL CÁTARO, por Jaume Cluet

Santo Cálíz, Catedral de Valencia

            La leyenda del grial cátaro va íntimamente ligada al momento histórico de la rendición del castillo de Montsegur cuando cuatro fugitivos pudieron evadirse del cerco y asedio de las tropas del senescal francés llevándose consigo un precioso tesoro. Mucho se ha escrito respecto al tema del tesoro de Montsegur en cuanto si era un tesoro puramente material, o bien,  si se trataba de otra clase de objeto, quizás, de gran significado espiritual. Verdaderamente ninguna evidencia objetiva ha podido aclarar dicho percance.
                        En resumidas cuentas, a raíz de dicho evento  toma validez entre los investigadores ocultistas, hermetistas o esotéricos una fehaciente constatación de que los perfectos cátaros pudieron ser una comunidad espiritual encargada de la custodia del Grial. Por contra, los investigadores académicos, de forma mayoritaria, rechazan tajantemente dicho planteamiento en tanto que el Grial sólo es un mito, de modo que,  bajo ningún concepto la comunidad cátara estuvo vinculada a este tipo de leyendas medievales.
                        Las raíces de la leyenda del Grial  pierden su rastro más allá de los orígenes de la Historia, ramificándose en variopintas culturas y, por tanto, en un extenso abanico diversificado en múltiples dominios geográficos de nuestro planeta. Las tradiciones milenarias de muy variados ámbitos recogen la leyenda, como por ejemplo, el hindú, escita, iranio, griego, latino, germánico, irlandés, bretón, etc… (así lo explican muchos investigadores como,  por ejemplo, Jean-Claude Lozachmeur en su trabajo titulado Recherches sur les origines indo-européennes et esotériques de la légende du Graal, Poitiers 1987, Cahiers de Civilisation Medievale de l´Université de Poitiers).
Castillo de Montsegur
                        Como una extraordinaria eclosión, es en la Edad Media cuando surge con gran ímpetu la literatura caballeresca retomando y actualizando las leyendas del Ciclo del Grial, ya que en dicha época se empiezan a olvidar los profundos conocimientos metafísicos alcanzados en la antigüedad, así como a desaparecer infinidad de obras de arte clásicas y a quemarse valiosas bibliotecas  de autores latinos y griegos. El vandalismo y la lucha constante de todos contra todos no cejan por lo que se llega a producir una evidente involución y decadencia en el conjunto social y político de Europa. En esta época la literatura caballeresca tratará de preservar los pocos conocimientos salvables y será a través de las maravillosas y fantásticas aventuras de la Búsqueda del Grial que se mantendrán vivas, en clave mitológica y simbólica, las milenarias enseñanzas acerca de la lucha interna y el camino de la evolución.
                        La polémica del grial cátaro desatada entre sus defensores y detractores se ha intensificado en estos últimos años sin poder llegar a establecerse bases sólidas ya que el estudio de dicha materia requiere grandes dosis de colaboración entre ambas partes al abarcar un campo vastísimo multidisciplinar que puede ir desde la  historia de las religiones y creencias, historia medieval, mitología y simbología, astrología, geografía sagrada, ciencias naturales, etnografía, literatura medieval, etc…
San Juan de la Peña (Huesca)
                        Respecto al tan traído y discutido grial cátaro de las tierras pirenaicas de Montsegur, quizás sería conveniente fijarnos en otro enclave pirenaico, situado en el corazón del Pirineo de Huesca (Aragón) que cuenta con una misma leyenda, pero mucho más antigua y de claro arraigo en la memoria colectiva del Alto Aragón pirenaico. Nos estamos refiriendo al enclave griálico de San Juan de la Peña. En líneas generales cuenta la leyenda que el Santo Cáliz procedente de Oriente fue acogido por San Lorenzo, el patrón de la ciudad de Huesca (¡ya empezamos a encontrarnos con el dios protector celta, Lug, adaptado al cristianismo y con una simbología propia de hondas raíces griálicas!). Allí en la capital oscense, es decir, en el enclave sagrado de los antiguos oscos -una pregunta pendiente es qué tipo de posibles conexiones hay entre vascos y oscos- quedó guardado el Vaso griálico (otra extraña coincidencia en esta leyenda es que la ciudad de Huesca se halla situada a las puertas de la enigmática Sierra de Guara -calificada por el naturalista y antropólogo vasco-francés Claude Dedanletche como prototipo medioambiental del microcosmos pirenaico- y a la que no le falta su correspondiente protector cristianizado, San Urbez,  estrechamente relacionado  con los cultos agrícolas y pastoriles del campo de Jaca, dentro del área propia de influencia de San Juan de la Peña). Al producirse la invasión musulmana se inicia el éxodo del Santo Cáliz (en realidad el peligro sarraceno encubre la cruel realidad de la desaparición de la iglesia mozárabe de influencia hispano-visigoda que fue absorbida con el paso del tiempo por el culto oficial y ortodoxo de la iglesia romana). La santa reliquia va a pasar por Yesa, San Pedro de Siresa, San Adrián de Sasabe, catedral de Jaca (la primera catedral del románico hispánico levantado bajo el auspicio del rey aragonés, Ramiro I) hasta llegar al monasterio de San Juan de la Peña (otros relatos se hacen eco de un posible traslado de la reliquia de San Juan de la Peña hacia el mismísimo Montsegur)  donde permanecería hasta el siglo XV en que el rey catalano-aragonés Martí I trasladaría el Santo Cáliz, primero, a Zaragoza y, posteriormente, a la Capilla Real de Barcelona (aquí se enlaza la leyenda con la historia ya que así consta en documentos fechados de aquella época encontrados en el Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona). Finalmente sería otro rey, Alfonso V el Magnánimo, quien lo depositaría en custodia en la catedral de Valencia, donde, todavía hoy, allí se halla guardado.
Alfonso V, el Magnanimo

                        Evidentemente, el Santo Cáliz de Valencia no deja de ser, precisamente, eso mismo: un cáliz (una apreciadísima obra de orfebrería de influencia bizantina con un gran contenido legendario y religioso). Pero lo que sí es, todavía más cierto, es que el gran contenido simbólico y espiritual de este relato legendario permanece auténticamente vivo y en plenitud de esencia en el ámbito geográfico de la comarca del campo de Jaca (punto de entrada, en suelo hispánico, junto al Roncesvalles navarro de esta inmensa ruta iniciática, cristiana, celta e íbera que se llama Camino de Santiago). En la religiosidad popular del campo de Jaca (Ruta del Serrablo), lo cristiano y lo pagano han estado siempre estrechamente ligados. Por tanto, la Iglesia ha sido consciente de la potencia del culto a la Naturaleza de forma que ha utilizado y canalizado estas creencias ancestrales a través de los santos locales. Sólo mencionaremos que los impresionantes y destacables accidentes orográficos, básicamente, el Viejo monasterio de San Juan de la Peña con su recogido  enclave que se halla incrustado dentro de una gran mole conglomerada, el rígido e impávido macizo de Oroel, el enclave histórico de Jaca (la vieja IACCA, puerta del Camino de SANT-IAGO: IACCO – HIACO – BACO, el dios-rey arquetipo de la inmortalidad a través de su propia pasión, muerte y resurrección, según relata el conocido historiador de religiones, J.G.Frazer, en su obra La Rama Dorada), el Santuario del congosto de Santa Elena junto al río Gállego,  el piedemonte del Puerto de Santa Orosia (patrona de la ciudad de Jaca) y el recóndito emplazamiento de San Urbez en el incomparable marco de la Sierra de Guara configuran el ámbito vivo de este excelso relato legendario.
Castillo de Puivert

                       Como final, a un tema interminable, hay que expresar que al abordar la cuestión del Grial habría que tomar ejemplo del sincretismo mitológico, histórico y religioso de Glastonbury (Inglaterra) donde la leyenda cuenta que José de Arimatea recogió en Oriente la sangre derramada por Cristo en un Cáliz sagrado hasta depositarla, después de un larguísimo viaje, en aquel místico emplazamiento de Occidente y que resulta ser, asimismo, la sede donde se halla enterrado el legendario Rey Arturo. Admirable es que en este enclave sagrado de Glastonbury se den cita la mitología celta de los ancestrales pueblos bretones, con la historia de las sucesivas protecciones de los antiguos reyes ingleses (sajones y normandos) y el fervor religioso de anglicanos, ortodoxos y católicos al aceptar que dicho sacro lugar representa ser el primer emplazamiento espiritual de sus respectivos cultos en las islas.
Catedral de Valencia
Tal vez, en Montsegur sea también necesario realizar un esfuerzo de sincretismo y tolerancia donde puedan converger múltiples y versátiles vías cognitivas hacia ese esplendoroso acontecimiento que fue la existencia de una viviente iglesia cristiana llamada de los Buenos Hombres y de las Buenas Mujeres, sin olvidar su deplorable y cruenta exterminación, en un marco impactante y ancestral del Pirineo del Sur de Francia en el que destacaremos Montreal-de-Sos y el conjunto de sus grutas rupestres y dólmenes, el territorio del Sabarthez y también sus múltiples spoulgas (cuevas), la cadena axial  del Tabe, el omnipresente enclave de Montsegur, El señorial Bugarach como guardián de los enigmáticos emplazamientos de Rennes-le Château y Rennes-les Bains para finalizar en las últimas estribaciones de las Corbières, resaltando, como no, Queribús.
Cuevas de Monteral
                        A modo de conclusión, queremos llevar al lector a reflexionar sobre un par de párrafos contenidos en un destacable manual de Antropología y Naturalismo: Guía de los Pirineos,(Geología-Ecología-Biología) Claude Dendaletche, Ediciones Omega, 1982, Barcelona (traducida de la versión original francesa de la Editorial Delachaux-Niestlé, Neuchâtel, Guide du Naturaliste dans les Pyrennes occidentales):     
“No sabemos demasiado de lo esencial. La observación de los paisajes, las plantas, los animales y el hombre de la montaña plantea una infinidad de cuestiones a las que no sabemos responder. La meditación científica puede paralizar y dificultar la escritura; pero, también es a la vez fuente de esperanza y de acción”
“Este libro es un compañero, no un maestro tiránico, una ayuda, no un libro de recetas. Deseo que el que lo utilice conserve al máximo el espíritu crítico con respecto a lo que lea. El gran libro verdadero es el de la naturaleza y el verdadero autor es el que la sabe observar. Lea la bibliografía pero, sobre todo, ¡camine! No escuche a los falsos sabios que hacen creer que todo está conocido. La aventura existe todavía para el naturalista pirenaico y el descubrimiento está a su alcance. Y que cada uno escriba su libro sobre los Pirineos, un libro que no se escribirá…”

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