OLOR DE AZAHAR EN SEVILLA, por Nicolás del Hierro, Poeta y escritor

LA CATEDRAL DE SEVILLA

En las tardes de abril, Sevilla huele a azahar por muchas de sus calles. Los naranjos ofrecen esa floral bienvenida que hacen del viajero una ilusión aromática mientras pasea por el barrio de Santa Cruz, se detiene en la plaza de Doña Elvira o se adentra en el Patio de los Naranjos, antes de realizar la visita a los Reales Alcázares.

El cruzar el Puente de San Telmo nos da paso a otro sentido, algo que nos permuta la condición sensitiva y nos alegra al haber viajado a este lugar del sur, donde España nos retrotrae a tiempos itálicos. (“Estos Fabio, ay dolor, que ves ahora / campos de soledad, mustios collados / fueron un tiempo Itálica famosa…”) Pero dejemos los versos que nos llegaron a la mente así como una hora más tarde de haber iniciado el paseo, y mientras contemplábamos las riquezas históricas de sus yacimientos en el Museo Arqueológico.

Ahora acabamos de cruzar el puente de San Telmo y la vista se nos va, en la lejanía, haciala Torredel Oro yla Giralda. Máscercano el Palacio de San Telmo, la antigua Escuela de Navegantes, aunque el rodar del microbús donde viajamos docena y media de escritores, fotógrafos y cámaras se detendrá, como estaba previsto, y nos hará bajar frente ala Catedral, donde, por seguir el establecido itinerario, no entraremos. Sí pasamos a Los Reales Alcázares, deteniéndonos, principalmente, en el Palacio de don Pedro el Cruel (o el Justiciero). Antes, amorosamente, nos habrá perforado las fosas nasales ese olor a azahar que emana de los árboles que pueblan el Patio de los Naranjos, mientras el guía oficial, con su palabra, estará conduciendo nuestra atención hasta el tiempo del siglo X., hasta el rey/poeta , Almutamid, quien cantaba el amor y el progreso de su época soñando en el futuro.

PATIO DE LAS DONCELLAS. REALES ALCÁCERES

Pasamos al palacio de Don Pedro el Cruel, suntuoso, sobrio y sombrío, cargado con las huellas ornamentales del árabe anterior, que uno no sabe por qué los reyes y poderosos de aquellos primeros años de la expansión del cristianismo en España, tenían que seguir la huella arquitectónica y el afiligranado del árabe, cuando habían guerreado, lo habían perseguido y derrotado unos años antes. Nadie pudo quitar su influyente sello estético en el Patio de las Doncellas; sus cerámicas, su arabesco y estuco, su lujo en el decorado. Habitaciones que fueron dormitorio, salones de reunión, la suntuosidad, sus frisos y sus techos; incluso en el Patio de las Muñecas, semejante al harem del árabe cuando Don Pedro oficialmente poseyera estas instalaciones. Desde estos recuadros, mirar hacia arriba supone un lujo para el disfrute del ojo, como lo supone en todo el Palacio, de profusión barroca, marmóreas columnas, hermosas celosías y el amplio muestrario de ornamental esteticismo.

JARDINES REAL ALCAZAR

Hemos entrado con la caricia del azahar como aroma olfática, y con ella salimos de nuevo a los jardines. En el Gran Jardín dividido por su grutesca galería, que separa al nuevo del viejo pensil, encontramos desde el agapanto florido y la armoniosa palmera hasta el mirto señorial, agigantando su ordenara jardinería.

Ya afuera, en el popular barrio, por estrechas calles a modo de laberinto, en la Judería, se nos habla del rey que protegiera esta raza, de la convivencia de las tres culturas y de cómo luego todo se dispersaría, hasta llegar a lo que fueron ayer y somos hoy a lo largo de la historia. Esta historia, difícilmente condensada en un paseo, donde el guía centró su interés sobre el hermoso habitáculo que fuera de don Pedro el Cruel, nombre que ahora nos repite, en el centro mismo de la Plaza de Doña Elvira, por ser ésta hija del administrador general de aquél, quien destacando sus dotes personales le concediera la distinción del nombre, plaza, como se sabe, plena de naranjos que expelen un exultante olor de azahar, del que venimos disfrutando. Algo que se repite en la Plaza de Santa Cruz y que luego cambia de aroma en los Jardines de Murillo, donde se agiganta una diversidad arbórea, entre los que destacaríamos centenarios ficus de surrealistas formas y estéreas raíces, como polifemos vigías de estos verdes pulmones que hacen más fácil y humana la respiración en Sevilla.

JARDINES EN LA TRANQUILA PLAZA DE DOÑA ELVIRA