Revista La Alcazaba

Fernando Jose Sanchez Larroda

UN HEREJE ESPAÑOL EN EL TRONO DE SAN PEDRO: EL PAPA LUNA, por Fernando José Sánchez Larroda

Escrito por Fernando Jose Sanchez Larroda. En Personajes

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Publicado el 27 mayo, 2013 hay 3 Comentarios

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Esta figura histórica es una de las más grandes e incomprendidas de la Baja Edad Media española.  Pedro Martínez de Luna fue querido y odiado a partes iguales. Independiente e indomable, su extraordinaria longevidad (morirá a los 95 años), le permitirá ser testigo y protagonista del devenir europeo en una época muy convulsa, primero como heredero de una noble dinastía y después como teólogo, cardenal y Pontífice. Y, finalmente, Antipapa y hereje.

II.- EL PAPA LUNA EN SU MARCO HISTÓRICO (siglos XIV-XV.

 

A.- EL PAPEL DE LA IGLESIA.

  En un tiempo repleto de equivocaciones, la Iglesia también las cometerá. Así tenemos:

El Cisma de Occidente (1378-1417). Originado con el  cautiverio del Papado en Aviñón, propiciado por Felipe IV de Francia. Éste, en 1305,  imponiendo la razón de Estado, colocó en el Solio Pontificio a Clemente V, arzobispo de Bordeaux, quien se hizo proclamar en Lyon e instaló su corte en territorio galo. La política pro francesa de sus sucesores crearía en Europa un gran recelo hacia el Pontífice. Este hecho llevaría al declive religioso y al “Cisma”, en el que Antipapa será protagonista absoluto. La absurda situación creada, sumada a la aparición de nuevas ideas muy influyentes, hizo que la religiosidad continental cambiase drásticamente de rumbo.

El fin de la Orden del Temple. El rey francés Felipe V, acuciado por las deudas ocasionadas por el rescate de su abuelo Luis IX durante la séptima cruzada, urdió una terrible estratagema para hacerse con las riquezas de los templarios. Presionó al títere que había colocado en el trono de San Pedro y le obligó a que acusaran a los monjes-guerreros de sacrilegio, herejía, sodomía e idolatría (1305). El último Gran Maestre de la orden, Jacques de Molay, acabó ajusticiado en la hoguera junto con varios compañeros.

La guerra de los Cien Años

3.- La participación de la Iglesia en la  “Guerra de los Cien Años”. En este conflicto, en el territorio controlado por los franceses, el clero se someterá a los intereses políticos. Por una parte, religiosos a las órdenes de la “Doncella de Orleans”, Santa Juana de Arco (1412-1431), lucharán para reunificar el país. Por otra, un tribunal de eclesiásticos la acusará de un sinfín de delitos, la excomulgará y la mandará a la hoguera.

La unión de la alta política con la jerarquía eclesiástica.  La última estaba más aferrada al poder que a la labor espiritual. Mientras tanto,  los  párrocos de las aldeas y los frailes mendicantes, mal formados y alimentados, pasaban las mismas calamidades que sus feligreses, a los que ayudaban  espiritual y materialmente. El pueblo llano, profundamente creyente, exigía  una mayor enseñanza religiosa y un abandono del envilecimiento del clero, manipulado por la nobleza. A esta llamada contra la inmoralidad, la vida disoluta y materialista de los altos prelados sólo responderán figuras excepcionales como Petrarca, Santa Brígida, Pedro de Luna o el dominico valenciano San Vicente Ferrer, jurista, teólogo y evangelizador de Europa.

B.- LAS CATÁSTROFES NATURALES.

 

Este despiadado marco histórico se caracterizó por grandes desastres naturales. Cabe destacar  la “Pequeña Edad de Hielo” que entre 1315 y 1317 asoló los campos y trajo consigo una crisis de subsistencias y hambrunas. Otra catástrofe, como la “Peste Negra”, que entre 1348 y 1355, exterminó  la tercera parte de los habitantes de Europa,  guardó una estrecha relación con las insalubres condiciones de vida de la época.

C.- LOS CONFLICTOS.

 

A finales del siglo XIV, Europa se encontraba entre el nacimiento de nuevas naciones y el feudalismo. Es una sociedad medieval en transición, que busca abrazar un mundo distinto al vivido durante mil años. Por ello, cualquier entramado político, indefectiblemente, acababa en guerra. Así, la muerte del último rey de Francia de la dinastía capeta, trajo un conflicto continental. Mientras en Francia entronizaban a un Valois, Felipe VI monarca, Eduardo III de Inglaterra se declaraba único heredero, comenzando la “Guerra de los Cien Años”. Al mismo tiempo, en la Península Ibérica, Castilla se hundía en una guerra civil entre Pedro I el”Cruel” y su hermanastro Enrique de Trastámara. Ambos serán apoyados por ingleses y franceses, internacionalizándose la lucha. Muestra de esta extensión de la guerra será el apoyo de la Corona de Aragón al pretendiente castellano, naciendo así la “Guerra de los dos Pedros” (1356-1369) A la par, la Europa balcánica, sufrirá los envites otomanos, mientras que el Imperio Bizantino se resiste a desaparecer.

A principios del siglo XV, habrá cierto resurgir, tanto en lo demográfico como en otros aspectos. En España, en la Corona de Aragón, morirá Martín I el “Humano”, sin descendencia, creándose un problema dinástico que finalizará con el “Compromiso de Caspe”, asunto en el que el Papa Luna tendrá mucho que decir.

II.- SU LINAJE.

Sus antepasados se encuentran en la aristocrática Casa de Luna, de regio origen  navarro-aragonés. Enlazada con la monarquía y la Iglesia. Fue una de las doce estirpes nobiliarias más influyentes de Aragón. Se distinguieron en el servicio a su rey. Les encontramos a su lado entre los siglos XI y XV. Con el tiempo, surgieron tres ramas principales: los Ferrench de Luna, los Martínez de Luna y los López de Luna.

Además de Benedicto XIII, dentro de los Luna encontramos personajes tan importantes como prelados,  funcionarios, reinas (María de Luna, esposa de Martín I de Aragón) y aspirantes al trono (Fadrique de Aragón y Luna). Destaca Álvaro de Luna, condestable de Castilla, valido de Juan II de Castilla. El monarca, influido por los enemigos del noble, le acusó de sedición y le ajustició (Valladolid, 1453). En 1657, se le exoneró de toda culpa. El cambio de dinastía en la Corona de Aragón en el (s. XV) marcó su declive.

III.- BIOGRAFÍA.

 

Castillo del Papa Luna

A.- NACIMIENTO, PROGENITORES, FAMILIA.

Nació en la pequeña localidad aragonesa de Illueca (Zaragoza, comarca del río Aranda,  abril 1328). Era el segundo hijo de Juan Martínez de Luna y de María Pérez de Gotor, señores feudales de Illueca, Gotor y Mariana. Su progenitor ostentaba la baronía de Luna, era conde de Morata y señor de la comarca. Su madre era también de linaje navarro- aragonés,  Su abuelo materno, Miguel Pérez de Gotor, fue hombre de confianza del rey aragonés Jaime II y su bisabuelo Blasco de Gotor, perteneció al séquito real de Jaime I el “Conquistador”.

 

B.- JUVENTUD: AL SERVICIO DE ENRIQUE DE TRASTÁMARA.

 Pedro destacó en los  estudios de Gramática, Filosofía y Derecho y se esperaba que, como segundón, se ordenase sacerdote Mientras, su hermano mayor Juan se dedicaba a la guerra. Su primera juventud la pasó en las prestigiosas escuelas de Tarazona y Zaragoza. A los 39 años le encontramos en Nájera (1367), al lado del pretendiente a la Corona de Castilla y aliado de Pedro IV de Aragón, Enrique  de Trastámara, de quien fue su fiel amigo.

El menudo y obstinado aragonés le salvará la vida al conde tras el desastre de Nájera ofreciéndole refugio en Illueca. El lugar era idóneo, rodeado por grandes sierras y bien comunicado. Allí Pedro decidió llevar al pretendiente a la corte de Aviñón, en la Provenza. Lejos de los castellanos y de Pedro IV el “Ceremonioso”, quien para obtener una paz duradera con sus enemigos les hubiera entregado sin miramientos.

C.-MONTPELLIER: CATEDRÁTICO EN DERECHO CANÓNICO.

 

1.- Estudios de Derecho.

Cruzaron los Pirineos inmediatamente. Escarmentado, retomó sus estudios. Lo hizo en la Universidad de Montpellier, perteneciente a la Corona de Aragón. Allí se licenció y doctoró en Derecho Civil y Canónico y ganó la cátedra de Prima en Cánones. Según Ricardo del Arco, pronto adquirió fama de gran intelectual y defensor de la Iglesia, a pesar de no ser sacerdote.

2.- Las nuevas ideas de los siglos XIV-XV: el protohumanismo.

 

En esta época  surgieron  gran cantidad de ideas basadas en la ciencia y en la reflexión religiosa luego consideradas herejías. Postulados que trastornaron la teología occidental. Por otra parte el Papado se estaba desmoronando. Asimismo, se generalizó el descrédito de un clero corrupto. La ciencia se tornó ambigua a la par que triunfaba una concepción civil el ser humano y de la autoridad. Mientras tanto, Dante ponía en boga una unión de la poesía, el éxtasis, el amor y Dios.

Casa del Papa Luna en Daroca

Cuando se quiso volver a la ortodoxia, los círculos eruditos, se habían radicalizado y Europa buscaba  nuevas prácticas religiosas. Es la época del renacer de viejas ideas, acomodadas a los intereses políticos y sociales. Europa se debatirá entre el progreso científico preconizado por Guillermo de Ockham, que había hecho retroceder al Tomismo, eje rector de las viejas escuelas; o permanecer inmutable. El Ockhamismo triunfa, pero sobre bases débiles, que conducían a una reforma baldía. El pueblo deseaba una razón de vivir. De ahí que dos concepciones  filosóficas se enfrentasen. Unos optan por el pragmatismo que llevará al Renacimiento. Otros, por la penitencia y el misticismo. El Humanismo no fructifica debido a que el ambiente no será propicio. Habrá que esperar al siglo XV.

3.- Pedro de Luna y las nuevas teorías.

 

Ante los nuevos vientos que traen Petrarca y Bocaccio y el redescubrimiento de Séneca, el taciturno Pedro  reaccionará con realismo. De carácter práctico, profundizó en materias tan dispares como las matemáticas, la contabilidad, la geometría, las ciencias naturales, la física y la mecánica. Se convirtió en un autodidacta, un humanista independiente que valora y extrae lo más importante de las nuevas teorías.  Cómodo en su libertad y poseedor de una vasta formación, se erige en valedor del ideario eclesiástico. La defensa a ultranza del Papado será su principal objetivo. Pensará que la pérdida de su esencia es el trasfondo del cambio de pensamiento. No cederá nunca ante la supremacía del Estado sobre la Iglesia. Luchará con la indiferencia religiosa y la depravación de los altos cargos eclesiásticos, bases de la debacle del cristianismo occidental.

D.- DE VUELTA A LA CORONA DE ARAGÓN.

1.- Por tierras hispanas. Sicilia.

Tras casi un año  en Montpellier, vuelve a la Corona de Aragón. Con gran discreción,  pasará de ciudad en ciudad (Vic,  Tarragona, Huesca, Mallorca, Tarazona, Zaragoza) y de cargo en cargo, gracias a su amistad con Enrique de Trastámara. En 1369, en Valencia es nombrado candidato al arzobispado local. Con 41 años, Gregorio XI le nombra titular de la diócesis de Palermo. Allí desarrollará una ingente actividad.

E- CARDENAL.

1.- El escenario político en Aviñón en la segunda mitad del siglo XIV.

En el siglo XIV,  la Iglesia, se enfrentaba a varios problemas: a- el Sacro Colegio  Cardenalicio estaba controlado por Francia; b- financiaba todas sus guerras; c- el Papa debido a ello, era desdeñado por el pueblo como ejemplo de espiritualidad universal; d- el empuje nacionalista: el monopolio francés de cargos  disgustaba a los religiosos europeos, quienes preconizaron una mayor independencia de las iglesias propias  frente a Aviñón; con el tiempo se pasará del ataque al Solio Pontificio a la misma Iglesia como institución única.

2.- En la corte de Gregorio XI, séptimo y último pontífice de Aviñón.

El Pontífice premiará a Pedro de Luna por su  fidelidad, con el cardenalato (20  diciembre 1375). Será su hombre de confianza. Sus funciones fueron: a- controlar los asuntos más importantes de la Iglesia, como la preparación de la vuelta de la corte papal a Roma; b- afrontar la oposición italiana y francesa; c- velar por  la ortodoxia; d- vigilar las consecuencias religiosas derivadas de la situación política; e- luchar contra el nacionalismo eclesiástico; f- erradicar la corrupción y desorganización del clero. Se mostrará sutil, competente y  minucioso, manteniéndose al margen de las luchas internas. Esta actitud la mantendrá con el primer Papa del Cisma, Clemente VII.

Marchará a Roma con el Colegio Cardenalicio. Encontraron al Lacio agitado por disturbios partidistas, El Pontífice, viendo el peligro, se planteó regresar. Sin embargo Pedro de Luna tratará de salvar la empresa que les había sacado de Aviñón. Tras semanas de gran violencia, el Papa fallece (1378). Antes había ordenado a los purpurados que, de inmediato, eligiesen a su sucesor, libres de toda presión. Todo ello,  sabiendo que  la Iglesia podía colapsarse por el enfrentamiento entre un pueblo que quería un Pontífice italiano y el peso específico de los franceses dentro del cardenalato, partidarios de volver a tierras galas.

3.- Cónclave, motín  y cisma.

El cónclave, preparado por  el enjuto  aragonés, se inauguró el 7 de abril de 1378. Todo estaba en contra: a- los cardenales intrigaban; b- los intelectuales y nobles locales conspiraban y manipulaban a la chusma; c- el pueblo, muy alborotado, exigía un Pontífice italiano. Al final, se asaltó la mansión donde se celebraba la asamblea, tomando como rehén al Sacro Colegio para forzar la nominación bajo amenaza de muerte.

Con aplomo, en medio del caos, Pedro de Luna tratará de aislar la reunión. Intencionadamente, se extendió el rumor del envío de tropas francesas para socorrer a los prelados. Esto, unido a la difusión de la falsa designación como nuevo Papa del cardenal francés Juan de Barre, trajo el desastre. Mientras se masacraba a sus sirvientes, parte de los eclesiásticos, huyeron  al Castillo de Sant’Angelo para salvar la vida. Entretanto, el aragonés, con la promesa de otra votación, frenó a los insurrectos. Los 12 cardenales, en tres días, eligieron al italiano Bartolomeo de Prignano. El 18 de abril de 1378 se le  entronizó, adoptando el nombre de Urbano VI.

El talante colérico y despótico del nuevo Papa, impidió volver a la normalidad. Urbano se dedicó a otorgar cargos y rentas a los italianos. Mientras, atacacaba a los cardenales franceses. Éstos abandonaron Roma. Ante la posibilidad de una vuelta a Aviñón, el anciano Pontífice les amenazó con la destitución. De la mano del cardenal galo Pedro de Arlés nació una facción opositora a Roma. El 26 de julio de 1378 la mayoría de los electores  se reunía en la población de Anagni. Ante el grave problema los estados europeos se posicionaron: Francia y Nápoles apoyaron a los desafectos; Inglaterra, al Papa; el Imperio buscó la reconciliación.

Se buscaba una salida pacífica que pasaba por la abdicación del Papa. Frente al diálogo las amenazas seguían. Al final, el Sacro colegio  redactó un acta donde se afirmaba que la última se había desarrollado bajo amenazas de muerte. Una embajada papal retenida fue la encargada de comunicárselo  a Urbano VI.  El 9 de agosto de 1378 los 13 cardenales rebeldes declararon en un documento lo siguiente: a- la nominación de Urbano VI era nula por haberse celebrado sin libertad; b-  la Santa Sede seguía vacante; c- debía celebrarse un nuevo cónclave; d- el Pontífice era ilegítimo. El 20 de septiembre de 1378, en Fondi (Nápoles), Roberto de Ginebra fue elegido Papa con el nombre de Clemente VII. Nacía el Cisma de Occidente.

Anillo del Papa Luna

4.- Europa ante la división religiosa.

Con el Cisma, cada nación se posicionará según sus intereses. Aparecieron dos facciones que apoyaban a uno u otro Pontífice, por cuestiones ajenas a la Iglesia. El Imperio, a pesar de buscar el diálogo defendía los Estados Pontificios por temas económicos. Los príncipes alemanes se planteaban una posible guerra para acceder al Mediterráneo. Francia, enfrentada con Inglaterra, defenderá al nuevo Papa como fuente financiera.

Castilla y Aragón eran neutrales. Su actitud podía ser decisiva. Los castellanos estaban en pugna con Inglaterra por su apoyo a Portugal. Por ello, su rey había estrechado lazos con Francia, con lo que su apoyo a Clemente VII era muy probable. Los lusos se mantuvieron al margen. En la otra corona española, el taimado Pedro IV el “Ceremonioso” centraba sus  objetivos  en Sicilia y el control del Mediterráneo, cuestión que no era del agrado de Roma. El hecho que su hija, la infanta Leonor, hubiese desposado con Juan I de Castilla le condicionaba a él.

5.- Legado de Clemente VII en la Península Ibérica.

Para Aviñón, España era la clave. Por ello se orquestó una gran ofensiva diplomática cuyo eje era Pedro de Luna. Varios factores le convirtieron en legado pontificio: a- sus  amistades en Aragón;  b- su gran influencia en la corte castellana; c- ser testigo de excepción del cónclave que eligió a Urbano VI; d- ser un entusiasta defensor de la legitimidad del nuevo Papa. Su cometido era casi imposible: Castilla y Aragón debían obedecer al Pontífice y ayudar a Francia. Además, debía persuadir a Navarra y Portugal.

En la Corona de Aragón estuvo entre abril y agosto de 1378. El principal obstáculo era el rey. Sus exigencias eran: a- conseguir Nápoles y Sicilia; b- llenar las arcas reales, vacías tras el conflicto de Cerdeña; c- condonación de las rentas papales que había decomisado por lo que fue   excomulgado. Su subordinación a Francia, que quería controlar el Rosellón, Mallorca, Sicilia y Nápoles, no la contemplaba. El encuentro en Barcelona fracasó a pesar de las argumentaciones de Pedro de Luna y de sus ayudantes,  los valencianos Francisco Climent, secretario suyo  y el dominico Vicente Ferrer, su confesor personal. También se malogró a pesar del apoyo de la reina, Sibila de Fociá y de la esposa del heredero al trono, Violante, nieta del rey de Francia.

El siguiente paso fue Castilla, asolada por la secesión de Portugal y las injerencias anglosajonas. Allí reinaba Juan  I, gran amigo suyo, a cuyo padre, Enrique, el aragonés le había salvado la vida.  A pesar de la presencia del legado de Roma, Francisco de Pavía, el testimonio de Pedro sobre las circunstancias insólitas de la elección de Urbano VI,  fue decisivo. El 19 de mayo de 1381, en Salamanca,  una asamblea de expertos votó a favor del Papa galo. El resultado debía ser rentabilizado en Portugal. Allí fracasó. El país, convulsionado por la independencia, era ajeno a los problemas religiosos.

De nuevo en Aragón, se reorganizó. El “Ceremonioso”, enfermo, estaba enemistado con la nobleza por los privilegios de la “Unión”. Por otra parte el ejemplo de Castilla había calado entre la aristocracia. Mientras, Climent, canónigo en Barcelona desde 1379, seguía trabajando. Vicente Ferrer, al que Pedro IV había prohibido predicar en el Reino de Valencia, escribió al  monarca para convencerle. El resultado fue estéril. A su muerte (7 enero 1387), el sucesor, Juan I (1387-95), accedió. El 4 de febrero de 1387 la Corona de Aragón prestó juramento a Aviñón. De allí marchó a Pamplona, donde  triunfó debido a que el rey era yerno del de Castilla y por la influencia del obispo de Pamplona, Martín de Salva, colaborador del aragonés.

Castilla, Aragón, Navarra, Francia, Brabante, Irlanda, Escocia Foix y Armagnac obedecían a Clemente. Todo gracias al genio diplomático del aragonés y de sus ayudantes valencianos. Europa quedaba en paz por un tiempo.

Escudo pontificial del Papa Luna

E.- PONTÍFICE.

1.- Muerte de Clemente VII y nuevo cónclave.

A los 52 años, Muere Clemente por una apoplejía (16 septiembre 1394). Con su desaparición los partidarios de la abdicación de los dos Papas, iban a luchar de nuevo. A menos que Aviñón eligiese Pontífice. En Roma, a la muerte de Urbano IX fue entronizado Bonifacio IX (1389-1404), nada proclive a la reconciliación. En Aviñón, su Sacro Colegio estaba dominado por los franceses. Éstos, esperando una decisión de su rey, se dedicaba a ralentizar pendientes de las decisiones de su rey, la elección, bajo la excusa de buscar la unidad.

Francia no quería que se empezase el cónclave hasta que llegase una embajada suya. El Estudio General de París abogó por una decisión amparada por la Corona francesa. Ésta seguía acuciada por el conflicto con Inglaterra y  preocupada por la pujanza de los reinos ibéricos. Aragón pidió a Pedro de Luna que acabase con el Cisma. Ninguna de las cartas conciliadoras llegó a tiempo. El aragonés actuaría según su  conciencia.  Dispuso que la elección se realizase antes de  llegar cualquier delegación extranjera. No quería que el cónclave fuese nulo y se considerase al de Roma único Pontífice de Occidente. El 26 de septiembre de 1394 comenzó la reunión. Justo antes de su inicio llegó un mensaje de Carlos VI de Francia para un cardenal italiano, partidario suyo. Sin embargo, gracias a la oposición de nuestro protagonista, no se leyó la carta, alejando toda presión externa.

Las discusiones fueron muy duras. El partido galo, fiel a su rey,  se enfrentó al aragonés. Su desaire a Francia, su defensa  del Derecho Canónico y el hecho de ser aragonés pesaban mucho. Intentaron todo tipo de estratagemas para frenar las votaciones y esperar una decisión de París. Pedro se opuso. Sabía que estas maniobras fortalecerían a Roma y harían caer a la asamblea prisionera de Francia. Sus convicciones, la dura defensa de la independencia de la Iglesia frente al poder temporal y su sobriedad no pasaron desapercibidos. Tal vez por ello, el 28 de septiembre, casi por unanimidad, fue elegido nuevo Pontífice. Cohibido por sus 66 años, renunció, en principio. Ante el rotundo acuerdo de  los cardenales claudicó. En su proclamación adoptó el nombre de Benedicto XIII. El 3 de octubre es ordenado sacerdote y obispo y el 11, coronado. Este hecho marcó profundamente la política europea en el s. XIV.

2.- Proclamación, guerra, huída y periplo por Europa.

Los 28 años de su pontificado, serán un calvario para Pedro de Luna. Francia le será siempre hostil debido a dos hechos: a- su total  independencia e inflexibilidad ante el poder temporal; b- su condición de vasallo de Aragón, rival de los galos desde el reinado de Pedro III el “Grande”. La nación más importante de Europa tendrá como objetivo prioritario su renuncia para  colocar un sustituto títere. Para ello tomaron diferentes medidas. Unas, fueron diplomáticas y otras menos sutiles: a- convencer a Europa que la mejor solución para la Iglesia era la unidad y ésta pasaba por la cesión del aragonés; b- despojarle de su Sacro Colegio, c- retirar los fondos y ayudas destinados a mantener la corte papal en Aviñón (1398); d- desprestigiarle; y declararle la guerra. A pesar de esta actitud, el duque de Orleans, hermano del monarca francés, se convirtió en el mejor defensor del Papa, hasta su asesinato.

Pedro, enterado de la intención de arrebatarle sus cardenales, supo que éstos  (menos el de Pamplona), para no perder sus prebendas, se venderían a Francia y le acusarían de impostor. El terco Benedicto XIII, sólo tuvo una respuesta: jamás admitiría las órdenes del rey de Francia Ante tal afirmación sufrió todo tipo de insultos. Es en estos momentos cuando decide que será Pontífice hasta su muerte. Para ello y ante una eventual intervención militar francesa, reforzó el bastión de Aviñón y firmó una alianza secreta con el duque de Orleans.

El rey de Francia buscó la alianza con el emperador y un acercamiento con Inglaterra.  La Sorbona, declaró Anticristo a ambos Pontífices. Europa se indignó. Sin embargo, tanto Francia como el Imperio, sólo velaban por sus propios intereses. La obediencia a uno u otro Papa y la moral eran  accesorios. Los reinos ibéricos se alinearán con el aragonés. Por circunstancias, Castilla se desmarcó. Aragón apoyó al Papa. El rey, Martín I el “Humano”, casado con una pariente del Papa, la reina María López de Luna, era amigo suyo.  Quería su apoyo para controlar Nápoles, Sicilia y Cerdeña. Benedicto XIII necesitaba de su rey amparo para defender la idea de la convención, buscar un acuerdo común dentro de la propia Iglesia. El 31 de mayo de 1397 se firmó una alianza. Rubricada con la donación de una pingüe cantidad de dinero para llenar el exhausto tesoro real.

En junio de 1397  Castilla, Francia e Inglaterra le exigieron  la renuncia. Benedicto XIII dilató la respuesta. Tras un mes, hartos, los delegados marcharon a Roma con el mismo objetivo. En una jugada maestra, Pedro de Luna envió un mensaje para convencer a Bonifacio que ninguno de los Papas debía ceder frente a Francia y el Imperio. El Cisma sólo concernía a la Iglesia, no a los reyes. La respuesta fue positiva. Aceptaba la solución de la convención  fuera de toda injerencia terrenal.

 El 1 de septiembre de 1398 Francia le negó su obediencia, le reprobó y le declaró la guerra. Todo empieza el 4 de septiembre. El pueblo fue exterminado, siendo el propio Pontífice, a sus 70 años, herido. Mientras, Martín I se mantenía al margen. Pero en esta ocasión exigió explicaciones al rey de Francia, quien no se dio por enterado. A partir de aquí, el monarca impulsará acciones diplomáticas para ayudar al anciano. La Iglesia de la Corona de Aragón, por su parte, fletará con su dinero una escuadra de 26 naves para auxiliarle. Sin embargo no pudieron llegar.

 Tras cinco años de asedio, el Papa huyó de Aviñón (11 mayo 1403), acompañado por una pequeña comitiva y un contingente militar aragonés. La maniobra le llevó a Castellrenard, donde  se hospedó en un bastión de su amigo Luis de Anjou, quien logró que su sobrino el rey de Francia le jurara fidelidad. Castilla y Aragón le ayudaron. De allí marcha a Marsella y  Niza. Quiere viajar a Roma para convencer a Bonifacio para acabar con el Cisma y liberar a la Iglesia del control de Francia. Mientras, en la ciudad eterna, la familia de Bonifacio IX obstaculizaba a los mensajeros de Pedro de Luna. El 1 de octubre 1404 fallece el Papa romano. Inmediatamente se encarcela a sus enviados acusados de asesinato. La violencia vuelve, obligando a un rápido cónclave. Se elige al italiano Inocencio VII (17 octubre 1404). Hombre de paz, podía llegar a un acuerdo con Aviñón. A Francia le preocupaba que fuese presa fácil para Benedicto XIII  En el ánimo de París estaba sus intereses italianos.

Nápoles, aliado de Aragón, atacó el Vaticano. El Papa romano huyó, quedando la Santa Sede vacante. Ante tal hecho. Benedicto XIII embarcó en Marsella (7 mayo 1405). Atracó en  Génova. Al arribar trabajó frenéticamente para que Europa supiese que la unidad era posible. La peste  le frenó. Mientras, moría Inocencio VII. París reacciona rápidamente: a- quería la alianza con Nápoles, alejándole de Aragón; b-había que neutralizar al aragonés, que podía obstaculizar los intereses galos en Italia; c- amañó el nuevo cónclave. El nuevo Papa,  Gregorio XII (11 diciembre 1406) también quería llegar a la convención, la solución de Pedro de Luna, que no aceptaba Francia. Sus presiones fructificaron y los dos Papas jamás se vieron.  Para colmo de males, su gran valedor, el duque de Orleans, fue asesinado por orden del duque de Borgoña, Juan “Sin Miedo”. Para Adro Xavier, la posesión francesa de las rentas eclesiásticas para sostener el conflicto de los Cien Años y una guerra civil, fue la razón última por la que no se reconoció la legitimidad del aragonés. Éste, hastiado, llegaba a Perpiñán (24 julio 1408), al amparo de Martín I el “Humano”. Sin renunciar al Pontificado

F.- ANTIPAPA Y HEREJE.

1.- El complot de Pisa.

En la primavera de 1408, el  nepotismo de Gregorio XII, hizo sublevar a sus cardenales. Francia mandó iniciar conversaciones a sus prelados   con los romanos. El objetivo: acabar con el Cisma, al margen de los Pontífices. Se reuniría un Concilio general, que siguiendo una

 vieja teoría teológica, tenía mayor autoridad que el Papado. Se iniciaría el 25 de marzo de 1408 en Pisa. Se obligaría a renunciar a los Papas, obviando el hecho de que uno de los dos era el legítimo. El siguiente paso sería la elección de un nuevo Santo Padre.

Los dos Papas acusaron de vulnerar los Cánones a los rebeldes. Reafirmaron que la autoridad pontificia sólo venía por la línea de sucesión de San Pedro y reunieron sendos concilios.  Benedicto en Perpiñán y Gregorio, en Aquilea. Por Aviñón se posicionaron Castilla, Aragón, Navarra y Escocia (cuya universidad de St. Andrew de Glasgow fue objeto de especial protección por el Antipapa). Por Roma, Hungría, Escandinavia, Venecia, Nápoles y parte de los territorios germanos. Por Pisa, Francia, Inglaterra, Portugal, Polonia y la mayoría de los principados alemanes. Allí, culminó el hundimiento de la Iglesia con la elección de un tercer Papa: Alejandro V, italiano,  coronado el 7 de julio de 1409 y muerto prematuramente.  Su sucesor, elegido el 17 de mayo de 1410, recibió el nombre de Juan XXIII. Éste, inició una cruzada contra Aviñón, aún en manos aragonesas. Sin sede pontificia, Europa le daba la espalda.

El Compromiso de Caspe, pintura de Fortún y Sofi

2.- El Compromiso de Caspe.

Sólo le eran fieles la Corona de Aragón, Escocia, Foix y Armagnac. En el verano de 1409, la peste le hizo abandonar Perpiñán, llegando al monasterio de San Pedro de Roda. Allí se le comunicó la muerte del heredero a la Corona, Martín el “Joven”. Había  otro sucesor, un bastardo, al que la ley aragonesa no reconocía. A instancias de las Cortes, el rey volvió a casarse. Por influencia de Benedicto XIII, desposó a Margarita de Prades, dama de la reina difunta y partidaria suya (17 septiembre 1409).

La peste acabará con el rey (mayo 1410).  Con él desaparecía la dinastía y podía estallar la guerra civil si se elegía mal al nuevo monarca. El Papa sabía que del resultado dependía su Pontificado. Los pretendientes al trono eran dos. Uno era el conde de Urgell, Jaime II, bisnieto de Alfonso IV, casado con Isabel, hija de Pedro IV el “Ceremonioso”. El segundo era Fernando de Antequera, infante de Castilla, nieto de Pedro IV e hijo de Leonor, hermana de Martín I. Cataluña eligió a Jaime y  Aragón  a Fernando. El Reino de Valencia no tenía favorito. Benedicto XIII eligió al de Antequera,  quien, de llegar al trono, le podría devolver la obediencia castellana.

 Cataluña convocó a su Parlamento (septiembre 1410). Aragón también lo hizo (1febrero  1411). Valencia debido a enfrentamientos internos, no tenía  representantes, a pesar del intenso trabajo de Benedicto XIII por convencerles. Mientras, los partidarios de Jaime de Urgell, se amotinaron. Esto, unido a las noticias de posibles pactos con los granadinos, por parte de los sediciosos, impulsó el acuerdo.

Entre el 15 y el 16 de febrero de 1412, con el patronazgo de Benedicto XIII, se nombraron tres compromisarios por cada territorio de la Corona. Entre los elegidos, personajes de enorme prestigio,  cabe destacar a Domingo Ram, obispo de Huesca, Pedro Zagarriga, obispo de Tarragona y los hermanos  Bonifacio y Vicente Ferrer. Se reunieron en la localidad de Caspe (Zaragoza), propiedad de la Orden de San Juan de Jerusalén. Se firmo un documento (“Concordia de Alcañiz”), por la que se buscaría una salida pactada. Se eligió a Fernando de Antequera (25 junio 1412), Mientras éste juraba los fueros de la Corona, Jaime de Urgell le declaró la guerra. El conde vencido, fue juzgado y encerrado  de por vida en el castillo de Játiva (Valencia), donde falleció (1439). El 5 de agosto de 1412 el monarca fue proclamado. En Zaragoza rindió homenaje a Benedicto XIII, su  protector, legitimándole como Pontífice. Éste, le invistió con el cetro de Aragón, Sicilia Cerdeña y Córcega. Para Adro Xabier, el “Compromiso” fue el gran legado político del Papa Luna.

3.- La “Asamblea de Tortosa”.

Tras Caspe, el Papa quería asentar su prestigio. Pensó en la conversión de los judíos con el diálogo. En Tortosa, reunió a teólogos judíos y cristianos para acercar posturas. El encuentro (“Asamblea de Tortosa”, 7 febrero1413- noviembre 1414), consiguió la conversión de 7000 miembros de ilustres familias hebreas de toda la Corona. Con ello, se resolvía temporalmente el problema sefardita. Por estas fechas el rey empezaba a inmiscuirse en su labor. Pensando que éste se decantaría por Constanza, comenzó  a preparar su exilio de Peñíscola.

Peñíscola (Castellón)

4.-El Concilio de Constanza y La  Liga Militar del Dragón.

Segismundo, emperador y rey de Hungría,  jefe terrenal de la cristiandad, veía que la Iglesia se hundía. Por ello creó un nuevo Concilio con varios objetivos: a-legitimar el poder de los reyes sobre sus súbditos, menoscabado por Huss; b- acabar con las tres obediencias y elegir nuevo Pontífice. Como lugar del encuentro se eligió la ciudad de  Constanza, (Alemania).  El 5 de noviembre de 1414 comenzaron las sesiones. Los propósitos se cumplieron a medias. Juan XXIII y Gregorio XII renunciaron. El rebelde Benedicto XIII fue declarado hereje y Antipapa.  El apóstata bohemio Jan Huss fue quemado, junto a quinientos seguidores (1415), lo mismo que el predicador Jerónimo de Praga (1416). El 11 de noviembre de 1417 se eligió Papa a Otón Colona, quien adoptó el nombre de Martín V, quien acabará con el Cisma (1429).

Detrás  del Concilio estaba la “Liga Militar del Dragón”, encabezada por el emperador. Su origen se remontaba a la derrota húngara de Nicópolis (1396). Por entonces, el Papa Bonifacio IX dictó una bula de “cruzada” contra los turcos. Sin embargo, Benedicto XIII no lo hizo, ganándose el odio de los magiares. Desprestigiado Segismundo por la derrota, sus nobles intentaron destronarle (1401). Tras la victoria de Dobor (1408), acabó cruelmente con la sedición y fundó la Orden Militar (12 diciembre 1408). Era una institución guerrera cristiana cuyos objetivos eran: la lucha contra los infieles, la herejía, el Cisma y sus autores y proteger a la monarquía. Muy influente, arraigó en Alemania, Inglaterra, Italia, Europa oriental y la Corona de Aragón con el cambio de dinastía. Su símbolo  era un dragón con la cola enrollada en el cuello.

La Orden determinó el destino de Pedro de Luna. Sus hermanos dirigieron el Concilio. Uno, el noble italiano Pipo de Ozora, embajador imperial en las cortes papales de Pisa y Roma, encarceló a Juan XXIII, hizo renunciar  Bonifacio IX y juzgó a Jan Huss. En el caso de Benedicto XIII, en las negociaciones entabladas para lograr su abdicación, encontramos a Fernando I de Aragón y su hijo (futuro Alfonso V el “Magnánimo”), integrantes activos de la “Liga” (Morella, julio 1415). Las embajadas usarán la diplomacia, las artimañas y la intimidación. En vano. El Papa jamás cederá. Y ello a pesar del abandono de San Vicente Ferrer.

G.- Epílogo en Peñíscola.

Traicionado por todos, marchó a Peñíscola (Castellón, 1 diciembre 1415). Antigua fortaleza templaria, le fue donada por la Orden de Montesa. Allí vivirá  sus últimos ocho años con cuatro cardenales, su sobrino Rodrigo y tropas aragonesas. En el palacio, Fernando I le exigirá que  reconozca su ilegitimidad. La respuesta será rotunda: si él no era el verdadero Papa, sus actos eran nulos, incluso la elección de la nueva dinastía de Aragón. La reacción fue la “Capitulación de Narbona” (6 febrero 1416), texto en el que se negaba la validez de su Pontificado, se instaba a no obedecerle y se le amenazaba con la guerra. Muerto Fernando I, su hijo Alfonso, seguirá con la misma actitud, a pesar del apoyo de Castilla al Antipapa. Actitud, que al final, abandonará.

El anciano vivirá  entre su particular lucha y el estudio en su gran biblioteca. Sufrió un atentado a manos de esbirros imperiales al que sobrevivirá. Fallecerá a los 95 años, sin haber renunciado  (23 mayo 1423). Fue enterrado en Peñíscola y luego a Illueca. Siguiendo a Xavier Meliá, es posible que el odio del emperador  obligase a sus fieles a ocultar su cuerpo en lugar anónimo para evitar ser profanado por la Orden del Dragón. Es de recordar la perversa actitud de Segismundo, quien en Constanza, desenterró, juzgó y quemó al teólogo John Wycliffe, padre espiritual de los husitas, fallecido en 1384. La obediencia a Pedro le sobrevivió, encarnada en el cardenal Gil Sánchez Muñoz, que adopto el nombre de Clemente VIII. Éste abdicó a favor de Martín V (Sant Mateu, Maestrazgo de Castellón, 26  julio 1429). Con ello, el Cisma concluyó,

 

BIBLIOGRAFÍA.

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ANÓNIMO: Dr. Howard Anderson en Pope Benedicta XIII. THE SCOTSMAN.  Artículo periodístico sobre la protección dispensada por el Papa Luna a la Universidad de St. Andrew de Glasgow. Edimburgo 1897.

ANÓNIMO: The head of Pope Bendict XIII. THE EVENING DISPATCH. Nota periodística sobre la presentación del cráneo del Papa Luna en la Universidad de St. Andrew de Glasgow, por el Dr. Roward Anderson. Edimburgo. 1897.

ARCO Y GARAY, RICARDO DEL: La Historia Eclesiástica de la Ciudad e Zaragoza del Maestro Diego de Espés. BOLETÍN REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. T. 72. Cuaderno VI. Junio 1918. Informes. Madrid, 1918. pp. 503-522.

ESTEBAN MATEO, LEÓN.: “Cultura y prehumanismo en la curia pontificia del Papa Luna. UNIVERSITAT DE VALENCIA. Valencia, 2002

MELIÀ I BOMBOÍ, VICENT: El Papa Luna: el hombre que miró fijamente a los ojos del Dragón. ANTINEA. Castellón, 2012.

RAPP, FRANCIS_ La Iglesia y la vida religiosa en Occidente a fines de la Edad media. COL. NUEVA CLIO. LABOR S. A. Barcelona, 1973.

VALDEÓN, JULIO; SALRACH, JOSÉ MARÍA; ZABALO, JAVIER.: Feudalismo y consolidación de los pueblos hispánicos. Vol. 4. Historia de España. Dirigida por Tuñón de Lara, Manuel. LABOR. Barcelona, 1980.

XAVIER, ADRO: El Papa de Peñíscola. Un siglo de Europa. PETRONIO, S. A. Barcelona, 1975.

ZURITA, JERÓNIMO: Anales de Aragón. ED. CANELLAS LÓPEZ, ÁNGEL. ED. ELEC.  JOSÉ JAVIER ISO, JAVIER (COORD.), YAGÜE, MARÍA ISABE., RIVERO, PILAR. INSTITUCIÓN «FERNANDO EL CATÓLICO» (EXCMA. DIP.ZARAGOZA). n.: 2.473 Libros VIII-XI.


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3 Comentarios

3 Comentarios on UN HEREJE ESPAÑOL EN EL TRONO DE SAN PEDRO: EL PAPA LUNA, por Fernando José Sánchez Larroda. Quieres dejar el tuyo ??

  1. Buenos días Fernando J. Sanchez, mi nombre es Vicent Melià. Comentarte en primer lugar que tu artículo sobre el Papa Luna me parece interesante y muy bien estructurado, por ello te felicito.
    Simplemente comentarte que me citas con una errata, mi nombre es Vicent Melià y no Xavier Melià. Aparte de ese detalle, te agradezco mucho que divulgues mis últimas investigaciones sobre el indomable Papa Luna.

    Un abrazo…

  2. La fotografia ultima No es Benedicto XIII, el de la Obediencia de Avigñon, sino que es el de la Obediencia a Roma, dos siglos despues, de terminado este espinoso episodio
    Me ha gustado mucho
    tambien le remarco que una cosa es ser terco y otra tenaz, Benedicto XIII, fue un hombre tenaz que no se arrugó ante ninguna dificultad, mas bien le hizo siempre frente
    Un saludo
  3. Me ha gustado mucho que divulgues sobre el indomable Papa Luna.
    Me gustaría dar te las gracias en nombre de nuestra familia a toda la información que compartido. Estamos todos indomables sin embargo y tranquiliza que saber donde viene de la noble virtud de la fidelidad a la justicia.
    Soy abogada e tambien tenaz.
    Gracias. Un saludo.

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