ARQUEOLOGÍA: POR TIERRAS DE UCLÉS Y SEGÓBRIGA, por Dionisio Urbina, Doctor en Arqueología

Monasterio de Uclés

Muy cerca de la N-III, apenas a 1hora de Madrid, proponemos unas visitas de de un día o de fin de semana. Podemos comenzar por Uclés y sus alrededores. El monasterio de Uclés es de sobra conocido. Los edificios que le dan el apelativo del “Escorial de La Mancha” se levantaron durante todo el siglo XVI y parte del XVII, en muchos casos utilizando las piedras de la vecina ciudad romana de Segóbriga, pero la historia del lugar es mucho más dilatada.

Patio del Monasterio de Uclés

Cerca de Uclés, por el vecino pueblo de Huelves (árabe Wabda) pasaba una calzada romana que desde Segóbriga enlazaba con la ciudad romana de Ercávica (Cañaveruelas, junto al pantano de Buendía), atravesando el interesante pueblo de Huete (Opta en tiempos romanos). En Huelves quedan restos de un fuente romana, así como de un puente junto a la ermita de Riánsares, cerca de Tarancón, por donde la calzada atravesaba ese río. En los alrededores de Uclés se descubrieron algunos restos romanos, uno de los cuales corresponde a un epígrafe que hace alusión al dios Aironis, hallado en el pago de Fuenterredonda (pagus oculenses en la inscripción), situado entre Uclés y Rozalén. Allí puede verse aún una pequeña laguna con piso y bordes empedrados. El dios Airón de época romana es conocido en varias localidades de la Península Ibérica, siempre relacionado con pozos, fuentes o manantiales.

Fortaleza e Uclés

La fortaleza de Uclés es de origen musulmán, construida en lo alto del farrallón que ciñe el río Bedija, y alargando las defensas hacia poniente con una muralla y torres de más de 30m de alto. Desde la atalaya más alta (recientemente restaurada), se podía contemplar una ancha llanura, hasta las sierras de Lillo, Altomira y Almenara, en donde se alzaba otro castillo roquero. Dicen las crónicas que nunca pudo ser tomada por asalto, ni siquiera en aquella triste ocasión en que los cristianos la perdieron después de la batalla de “los siete condes”. Corría el mes de Mayo del año 1.108 cuando las fuerzas almorávides al mando de Tamin Ibn Yusuf cruzaron velozmente La Mancha y llegaron al galope hasta Uclés (Uklis), única forma de sorprender a los defensores de la fortaleza. Tomaron el pueblo y parte de la fortaleza, pero no la alcazaba. Informados los cristianos de Toledo de la llegada del ejército, partieron a su encuentro al mando de Alvar Fáñez, con el infante Sancho (único hijo varón de Alfonso VI) y siete condes. La batalla fue ganada por los musulmanes y allí cayó el joven hijo de Alfonso, muriendo poco después, se supone que en el castillo de Belinchón (Belchùn). Cuando los cristianos huidos llegaron a Toledo, se ponen en boca del monarca aquellas tristes palabras: “¡ay meu fillo! lume dos meos ollos, solaz de milla vellez, ¡ay meu heredero! Caballeros ¿hu me lo dejasteis?”.

Por medio del engaño, los musulmanes tomarán la alcazaba de Uclés y todas las plazas fuertes de la zona. La batalla de los siete condes tuvo lugar entre El Acebrón y Villarrubio, en un lugar que la toponimia ha conservado con el nombre de Sicuendes, junto al río Bedija.

En 1.025 se ubica en Uclés la muerte del califa Mohamed III, llegado allí huyendo de Córdoba donde era perseguido por los nobles en virtud de su gobierno despótico. En 1.157 pasará finalmente a manos cristianas, y en 1.174 a la Orden de Santiago, de la que acabaría siendo cabeza y sede de su Priorato. Descontento Alfonso VIII con el proceder de los caballeros de San Juan, entrega Ucles a la Orden deSantiago con ánimo de que lleven a cabo una ofensiva para reconquistar una vez más las tierras de La Mancha, y así, Pedro Fernández de Fuentencalada primer maestre de la Orden, en palabras del cronista López de Agurleta: recibió la Cruz de su espada, y sus trabajos, para trepar desde la corriente de las aguas a la cumbre. Trepó en fin, desde el Tajo a lo más alto, entre Aurelia (Oreja) y Alharilla y colocó allí el Estandarte de la Santa Cruz. Por ello los caballeros de Santiago fueron conocidos por un par de años como los “caballeros de Alrahilla”. Alharilla es hoy una ermita en un escarpe sobre el Tajo, en término de Fuentidueña, cerca de Uclés, en donde hubo un castillo del que apenas quedan trazas.

Circo de Segóbriga

Camino de Segóbriga desde Uclés, los amantes de los lugares poco transitados se pueden acercar al llamado “castillo palacio de Saelices”, casa fuerte o palacio fortificado del siglo XV, de planta cuadrada con seis torreones, en el que la ruina avanza progresivamente pero que aún se puede contemplar con ese encanto que da la maleza ocupando paulatinamente las obras de los humanos.

Teatro de Segóbriga

La ciudad romana de Segóbriga es una de esas pequeñas maravillas que salpican España sorprendiendo al viajero. Urbe modesta, tuvo la suerte de que tras una pequeña ocupación visigoda su solar fue abandonado en beneficio del cercano Saelices (San Felices), de modo que sus ruinas quedaron cubiertas tan sólo por el polvo de los siglos.

Desde el moderno centro de interpretación caminaremos despacio junto a los restos de tumbas visigodas, dejando a la derecha la explanada donde se está excavando el circo. Al llegar a la colina nos sorprenderán los edificios del anfiteatro a la derecha, pequeño pero excelentemente conservado y el teatro, a la izquierda con las gradas perfectamente conservadas. Ambos son edificios para unos 5.000 espectadores, construidos en el siglo I de nuestra Era e inaugurados con los Flavios, hacia los años 80, momento de mayor esplendor de la ciudad.

Estos dos edificios monumentales flanquean la puerta principal o entrada Norte, abierta en la muralla. Desde ella podemos caminar por Kardo Máximo hasta el foro centro neurálgico de la antigua ciudad, allí imaginarnos el bullicio de la gente paseando entre las tiendas que ofrecían todo tipo de mercancías. El foro estaba rodeado por un pórtico sujetado con columnas. En la parte Este del foro se levantaba la basílica, centro “bursátil” y “corte de justicia” de la ciudad. Hacia el Norte se halla la Curia, donde se ruñía el senado de la ciudad. No lejas están las pequeñas termas del teatro.

La VIII Legión Márcia, a pesar de ser originaria de la Galia Narbonense, tuvo que estar también en Segóbriga

En la misma época que el templo, y a su lado, hacia el Oeste, se construyeron las termas monumentales, a donde acudirían todos las ciudadanos a diario, ya se sabe que a distintos horarios los hombres y las mujeres. Aquel era el centro de reunión, donde se charlaba sobre todo tipo de asuntos, donde se cerraban negocios y se urdiría más de una conjura. Junto al templo se disponía un patio porticado que era la palestra o lugar para hacer ejercicio. De allí se pasaba al vestuario que disponía de una pequeña piscina, y entonces comenzaba el típico recorrido de unos baños romanos, es decir, la sala fría del frigidarium, la templada del tepidarium y la caliente del caldarium, contando además con un laconium o sauna seca que se encontraba bajo los restos de la actual ermita.

Los romanos en realidad apenas sabían nadar, en sus baños realizaban un recorrido pensado para la higiene personal, en el que la temperatura jugaba mayor papel que el agua, reducida a pequeñas piscinas de poco más de 1m de profundidad, o bañeras en las salas calientes. El objetivo era ir abriendo los poros de la piel para después rociarse con aceite pasar por todo el cuerpo una cuchilla curva o estrígilo, que eliminaba el aceite con la suciedad del cuerpo.

Desde este lugar podemos deambular sin rumbo sobre los muchos restos que aún faltan por excavar, y si tenemos tiempo y ganas, acercarnos a las canteras de donde se sacó la piedra para el teatro, a unos 500m de la ciudad, cruzando un puente sobre el río Gigüela. Allí se puede ver además el corte sobre la roca de una calzada y los restos de un santuario rupestre dedicado a Diana, la diosa de los bosques.

Entrada a la cueva de la Mora Encantada, Torrejoncillo del Rey-Cuenca-

Si aún disponemos de tiempo, podemos llegar al castillo de la Puebla de Almenara, verdadero vigía de la Mancha Alta conquense. El castillo conjuga la monumentalidad con el lirismo de la ruina y la perfección del cerro en donde se levanta. Por el camino desde Segóbriga, habremos de pasar por Casas de Luján, antigua casa de labranza del siglo XVI, perteneciente a la Orden de Santiago, hoy convertida en hospedería rural.

Castillo Puebla de Almenara