LA POESÍA DE ISIDORO A. GÓMEZ MONTENEGRO

Reverberación

Ruidos y lumbreras rumorosas

indexados raigambres de hombres.

Hombres y mujeres de lagares extraviados,

amores en tardes de destierro.

Lejanas melodías a media voz…

Hablaba de afanes, amores, desamores

-mujeres de cuerpos antiguos-

tierras lóbregas,

 cruzan umbrales, tiempo, vida.

Rumor de voces troca lejanía del desierto.

Otear de horizontes entre rendijas de niebla,

pupilas entre-miran no descansan;

desconocen la vastedad

y reverberación del infinito.

Universo de estrellas, espacio abierto

inventa el camino.

Ojo semi-cerrado observa

melancólica soledad del mundo-

hora de esperanza y amaneceres…amanecerá.

Se erguirá hombre y mujer

en cima de trozos de astillas.

Sueños en la montaña se alzan a mediodía.

Yace ruina de huesos y músculos,

ancianos y niños en el rigor de

tiempos posteriores.

Hora de sueños, los amigos se marchan.

Después de dormir juntas las parejas perciben:

figuras derrumbadas en horas de arrebato.

Cuando alcanza la leche materna

para todos  cum y panis –pan para “idem”

nos reunimos para decirnos adiós

sin molestarnos.

Se forma el arco iris en la bóveda celeste.

Transita la muerte repetidas veces.

A diario nos volveremos inmortales

¿Nos lo merecemos?

Recuerdos deshilados

Columbro memoria deshilada

en duermevelas de aguas

mi calavera estropicio.

Decrépitas imágenes

forman parte del recuerdo…

de lo que fuimos.

Soy decadente anciano,

anticipada sombra de adormidera

árbol de muchos días

impulsa al tiempo.

Los huesos ríen

regresan a la tierra.

Soñamos a la mitad del día

distancia inexistente separada.

Soledad inhóspita en tiempo de vigilia.

Hontanar  llevó rumbo

en residuos de memoria.

Recónditos caminos

gente que ya no existe… se diluye.

Te diluyes y despides

en horas de sosiego.

Aguas llevan cómplices de pasos.

Mimetizan árboles desnudos

flores caídas de polen  en mi boca.

Mano abierta pidiendo piel… memoria.

Desnuda mujer toca mis huesos,

acerca su entrepierna,

rozo su pubis.

Muestra ojos coruscantes,

es aquélla joven gentil

de antes que hirieran mi costado

  las lanza del tiempo

La que acunó mi cuerpo en la arena

en el principio de vagarosas

hecatombes y crepúsculos.

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Ruidos y lumbreras rumorosas

indexados raigambres de hombres.

Hombres y mujeres de lagares extraviados,

amores en tardes de destierro.

Lejanas melodías a media voz…

Hablaba de afanes, amores, desamores

-mujeres de cuerpos antiguos-

tierras lóbregas,

 cruzan umbrales, tiempo, vida.

Rumor de voces troca lejanía del desierto.

Otear de horizontes entre rendijas de niebla,

pupilas entre-miran no descansan;

desconocen la vastedad

y reverberación del infinito.

Universo de estrellas, espacio abierto

inventa el camino.

Ojo semi-cerrado observa

melancólica soledad del mundo-

hora de esperanza y amaneceres…amanecerá.

Se erguirá hombre y mujer

en cima de trozos de astillas.

Sueños en la montaña se alzan a mediodía.

Yace ruina de huesos y músculos,

ancianos y niños en el rigor de

tiempos posteriores.

Hora de sueños, los amigos se marchan.

Después de dormir juntas las parejas perciben:

figuras derrumbadas en horas de arrebato.

Cuando alcanza la leche materna

para todos  cum y panis –pan para “idem”

nos reunimos para decirnos adiós

sin molestarnos.

Se forma el arco iris en la bóveda celeste.

Transita la muerte repetidas veces.

A diario nos volveremos inmortales

¿Nos lo merecemos?

Recuerdos deshilados

Columbro memoria deshilada

en duermevelas de aguas

mi calavera estropicio.

Decrépitas imágenes

forman parte del recuerdo…

de lo que fuimos.

Soy decadente anciano,

anticipada sombra de adormidera

árbol de muchos días

impulsa al tiempo.

Los huesos ríen

regresan a la tierra.

Soñamos a la mitad del día

distancia inexistente separada.

Soledad inhóspita en tiempo de vigilia.

Hontanar  llevó rumbo

en residuos de memoria.

Recónditos caminos

gente que ya no existe… se diluye.

Te diluyes y despides

en horas de sosiego.

Aguas llevan cómplices de pasos.

Mimetizan árboles desnudos

flores caídas de polen  en mi boca.

Mano abierta pidiendo piel… memoria.

Desnuda mujer toca mis huesos,

acerca su entrepierna,

rozo su pubis.

Muestra ojos coruscantes,

es aquélla joven gentil

de antes que hirieran mi costado

  las lanza del tiempo

La que acunó mi cuerpo en la arena

en el principio de vagarosas

hecatombes y crepúsculos.

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