PERÚ MÁGICO Y MISTERIOSO, por Manuel Méndez Guerrero, escritor y viajero

“El Paraíso existe. Búsquelo en la Ruta Nor-Oriental”. El sugerente slogan publicitario de un folleto turístico, rebosante de vida, color y aventura, hizo vibrar nuestros espíritus viajeros. Cargados de cámaras y demás utensilios de viaje, recorrimos miles de kilómetros en su busca. Fue un hermoso pretexto para viajar a Perú, país mágico y misterioso.

El río Marañón

 

“CHACHAPOYAS, REINOS DE HISTORIA”

Después de un relajante baño nocturno en la piscina -aguas termales- del magnífico hotel Laguna Seca en la ciudad de Cajamarca (2720 msnm y a 862 Km. de Lima, capital del Perú), cargamos, con prisas, nuestros bártulos en el 4 x 4. No queríamos perdernos  el espectáculo más hermoso que se puede apreciar en las cúspides andinas: el amanecer. En unos instantes mágicos, la oscuridad se repliega, y el horizonte encendido de rojizos matices, recibe al poderoso rey, que, solemnemente, inicia su peregrinar hacia el cielo. Nos estremecemos ante el espectacular milagro de la naturaleza. También nosotros, como los antiguos pobladores de estas tierras, rendimos culto al sol… al dios de la vida. Emocionados y en silencio, emprendemos rumbo a Chachapoyas.

 

Duras carreteras 

Iniciamos el viaje en medio de un mundo misterioso, donde la naturaleza impone respeto. La caprichosa y variada geografía de los Andes, y sus carreteras -con algunos tramos sin asfaltar y estrechos-, nos obliga a que nos desplacemos con lentitud, pero merece la pena, los paisajes son espectaculares. Atravesamos deslumbrantes valles, enormes quebradas, hermosos riachuelos de aguas cristalinas, y pequeños pueblos coloniales. En uno de estos pueblos de tradición española, Celendín (a 2625 msnm), hacemos una breve parada para comprar, en la colorida feria dominical de La Alameda, varios Jipi Japa, bonitos sombreros de paja Toquilla realizados por artesanas celendinas. Aprovechamos la ocasión, para trabar amistad con los lugareños, que nos invitan cordialmente a unos buenos tragos de aguardiente (de caña de azúcar).

 

Al fin, a nuestros pies, en las profundidades, divisamos a la “Serpiente de Oro”: el Río Marañón. Afluente del Amazonas, y de 1800 Km. de longitud, se ofrece ante nuestra vista, portentoso y desafiante. Un par de horas, de lento descenso, nos llevan hasta una de sus orillas. Después de un gratificante chapuzón en sus aguas, coloreadas de ocre, decidimos cruzarlo. En medio del puente, nos informan que atravesamos una frontera natural entre dos departamentos o provincias; al final del mismo, se encuentra el pueblo de Balsas (en el margen derecha del Río Marañón y en el departamento de Amazonas), donde nos detenemos para un corto, pero merecido descanso. Hemos ascendido hasta los 3500 y descendido en pocas horas hasta los 700 metros sobre el nivel del mar, y los mosquitos nos hacen sentir las grandes diferencias entre las alturas y estas tierras cálidas, exuberantes en flora y …¡fauna!. Después de una frugal merienda a base de plátanos, chirimoyas, limas y naranjas de delicioso dulzor, continuamos nuestro recorrido.

 

Momia Chachapoya

Ascendemos lentamente, dejando atrás al torrentoso Marañón y al calor. Siguiendo nuestro periplo, nos adentramos en los antiguos territorios de los Chachapoyas, un pueblo que encabezó una confederación de pequeños reinos dispersos en los Andes orientales del norte, y que alcanzó su mayor apogeo alrededor del año 1000 d.C. Con los últimos resplandores del atardecer, llegamos al pueblo de Leymebamba en la margen izquierda del río Utcubamba. Nos entusiasma la posibilidad de conocer un notable descubrimiento arqueológico: las momias (mallqui en quechua) de la Laguna de los Cóndores. Las momias, fueron encontradas en chulpas o edificaciones, construidas por los Chachapoyas hace mil años en un abrigo natural -enclavado en un hermoso y típico paraje natural amazónico-, con vistas hacia el lago y a un antiguo poblado. Felizmente, y gracias a la buena gestión de un sacerdote español -afincado en labor pastoral en estas exóticas tierras-, y a la generosa disposición de la antropóloga Sonia Guillén, directora del Centro Mallqui, pudimos contemplar, extasiados, las más de 200 momias -humanas y de animales- y otros valiosos materiales arqueológicos -quipus, mates, tallas en madera y cerámica.- que se guardan celosamente en un local habilitado especialmente -en un proyecto de emergencia- para el inventariado, catalogación y conservación de los mismos.

 

Con el impactante recuerdo de las momias, pernoctamos, a orillas del río, en la idílica Estancia El Chillo (ante la posible visita de algunos espíritus, dejé encendida una vela… ¡nunca se sabe!). Al alba, como de costumbre, emprendimos viaje a la ciudad de Chachapoyas. A la “Ciudad de los balcones”, la encontramos sobre la cima de una colina, rodeada de bosques de eucaliptos e imponentes montañas. “Chacha”, como la nombran cariñosamente sus habitantes, es la capital del departamento de Amazonas y está situada sobre la vertiente oriental de los Andes del norte (a 2334 msnm, y a 1225 Km. de Lima). Goza de un clima templado, típico de las zonas de transición entre las alturas andinas y ceja de selva, con una temperatura promedio anual de los 22° C y abundantes lluvias (de diciembre a Marzo). La antigua ciudad de Chachapoyas, originalmente llamada San Juan de la Frontera, la fundó Alonso de Alvarado, conquistador del Amazonas, el 15 de septiembre de 1538. Sus casonas coloniales, sus callejuelas empedradas, estrechas y empinadas, y su amplia Plaza de Armas dan testimonio de su pasado colonial.

 

En los alrededores de “Chacha”, hay que destacar uno de los monumentos más grandiosos del Perú prehispánico: Kuélap (a 74 Km.). Descubierta en el año 1843, se ubica en el distrito de Tingo, en el valle del río Utcubamba (afluente del Marañón); sobre una espectacular cresta rocosa -cerro de La Barreta- a 3080 msnm. En el ascenso hacia la ciudadela fortificada (desde “Chacha” se tarda 4 horas de viaje), observamos con deleite, pueblitos con chozas de paja y campesinos trabajando en sus fértiles tierras. Bordeando los cerros entre hermosas falderías cubiertas de tupidos bosques, nos cruzamos con osados comerciantes, que con sus recuas de caballos y mulos cargados de la más variada mercancía viajan (serpenteando con gran destreza los caminos de herradura) de pueblo en pueblo ofertando sus productos.

Fortaleza kuélap

Si imponentes son sus paisajes, más aún, si cabe, es Kuélap. La construcción de la fortaleza (de forma elíptica alargada y orientada de norte a sur) debió ejecutarse entre los años 800 y 1300 d.C. (Túpac Yupanqui, hermano de Pachacutec, invadió y conquistó a la nación Chachapoya en la segunda mitad del siglo XV incorporándola al imperio Inca del Tahuantinsuyo), y consta de dos grandes plataformas sobre las cuales se levantaban recintos de carácter residencial y ceremonial (unas 400 construcciones de planta circular con cornisas de lajas, de altísimos techos cónicos cubiertos de paja y frisos geométricos de lajas decorando las caras exteriores de las paredes). Sus enormes murallas defensivas construidas con bloques de caliza, alcanzan una altura de 25 metros y una longitud de 600 metros. La ciudadela dispone de tres entradas, que fueron construidas a modo de enormes corredores amurallados.

 

El sol se recuesta sobre el horizonte y nos recuerda, muy a pesar nuestro, que es la hora de regresar. Anochece rápidamente, y el cielo se cubre de una alfombra de brillantes estrellas. Indago en el firmamento en busca de algún acontecimiento espectacular, como aquél que ocurrió en 1910. Desde esta mágica atalaya de Kuélap, se pudo admirar al cometa Halley. ¡Que gozada!

 

Sarcófagos de Karajía

Otra de las excursiones extraordinarias, es a los Sarcófagos de Karajía o Purunmachos (a 48 Km. y a 2760 msnm). Los antiguos chachapoyas, deseando eternizar la memoria de sus muertos ilustres, les construyeron sarcófagos, y los colocaron en lugares enclavados en parajes espectaculares (después de momificados los cuerpos, eran introducidos en su interior en posición fetal). Los sarcófagos coniformes antropomorfos, de una altura de 2 a 2.30 m., fueron hechos con barro o arcilla mezclada con paja, y caña (lo que les daba consistencia y durabilidad), y decorados con dibujos geométricos. Les agregaron falsas

plato típico con el roedor Cuy

cabezas o máscaras funerarias, para que, eternamente y desde las alturas, como sus dioses tutelares, pudieran contemplar, el hermoso entorno natural en el que vivieron y ejercieron su poder. Los sarcófagos, fueron depositados en cuevas muy altas o plataformas artificiales, destruyendo a continuación las vías de acceso para evitar las profanaciones. Después de pasar varias horas, fotografiando en un silencio sepulcral -nunca mejor dicho- y con asombro las seis esculturas, regresamos al caserío de Trita. Como despedida, nuestro anfitrión y compañero de viaje, don Leonardo Rojas, alcalde de Chachapoyas, nos brinda un deliciosa comida típica: inchik uchu (piqueo de yuca sancochada con salsa de maní, ají y culantro), cazuela (sopa “levantamuertos”, de gallina, res y cordero), y picante de cuy (cuy -pequeño roedor- frito en abundante manteca de cerdo, papa amarilla y achiote).

Siguiendo nuestro plan de viaje, y por caminos de espectacular belleza, ponemos rumbo a Tarapoto. En la localidad de Pomacochas (2150 msnm), nuestros cuerpos duramente trajinados, de continuas excursiones, se toman un merecido descanso en el estupendo hotel Puerto Pumas a orillas de la laguna Pomacocha, la más hermosa de la región. Esa noche, contemplamos un espectáculo soberbio, una inmensa luna llena, resplandeciente, reflejada sobre la brillante superficie del lago.

 

Animales y plantas del Perú

 

TARAPOTO, “TIERRA DE PALMERAS Y CATARATAS”

Siguiendo el curso del río Mayo, y en compañía de un calor sofocante, llegamos a  Tarapoto. La “Tierra de palmeras y cataratas”, se encuentra en el departamento de San Martín, al pie de la cordillera Azul, y en la confluencia de los ríos Cumbaza y Shilcayo, cuyas aguas desembocan en el cercano río Mayo (333 msnm y a 1480 Km. de Lima). Fue fundada el día 20 de agosto de 1782, por el Obispo de Trujillo, Baltazar Martínez de Compañón, y su nombre se lo debe a las palmeras tarapoto (Iriartea ventricosa) abundantes en esta región (situada entre la selva alta y el llano amazónico).

Cataratas de Ahuashiyacu

Las orquídeas y los helechos arborescentes, las palmeras, los lagos, los riachuelos y las cataratas de aguas cristalinas, conforman, todos ellos, escenarios de excepcional armonía y belleza…¡nos encontramos en el paraíso selvático! Pero, nuevas y agradables sensaciones surgen cuando conocemos las Cataratas de Ahuashiyacu y su leyenda (“agua que ríe”, a 14 Km.). Cuentan que el cacique de la zona tenía una hija hermosa y juguetona. Celoso de los muchos pretendientes de su hija, acudió al brujo mayor para que le ayudara a solucionar su problema. Pero, el brujo le jugó una mala pasada, ya que convirtió a la doncella en agua para que no fuera desposada por ningún mortal y solamente sirviera para saciar la sed de los caminantes.

 

Después de un maravilloso paseo en canoa en la Laguna del Sauce (a 45 Km.) conocida como Laguna Azul, nos trasladamos al hotel Puerto Palmeras, donde, a la sombra de estupendas palmeras, degustamos típicos manjares de esta región: Lamisto (sopa de yuca con deliciosos trozos de pez paiche -algunos ejemplares pueden llegar a pesar 200 kilos y a medir 3 metros-), Chunchulijuane (masa de yuca con culantro y menudencia de gallina, envuelta en hojas de bijao) y Chontajuane (masa de chonta -palma- con pez paiche, envuelta en hojas de bijao ¡Toda una experiencia de sabores y de plena satisfacción de los sentidos! No podía finalizar mi periplo por esta región, sin visitar a los Lamas (Santa Cruz de los Motilones de Lamas, a 21 Km. y a 800 msnm), un pueblo orgulloso de su pasado guerrero, y que mantiene vivas sus ricas costumbres ancestrales. Fue fundada por Martín de la Riva y Herrera, el día 10 de octubre de 1656, sobre una inmensa colina de tierras rojas. Para los lamistas, la ciudad está dividida en tres barrios situados a diversas alturas.

Pueblo Lama, Perú

En el barrio bajo, llamado Waico, vive la mayoría de la población indígena, y visten, como sus ancestros, trajes de vivos colores semejantes a los usados en ciudades andinas (las mujeres lamistas, muy coquetas, suelen llevar en la cabeza como adorno principal, cintas de colores). En los barrios superiores, están situados los comercios y viven los mestizos. La mayoría de sus habitantes hablan un singular dialecto, mezcla del quechua con lenguas selváticas, y se dedican a la agricultura: maíz, algodón, frejol, frutales y otros productos propios de la selva. Las maravillosas cualidades de los lamistas, alegres y jaraneros, avalaron la designación de Lamas como la Capital Folklórica de la Alta Amazonia. La cordialidad lamista, no tardó en manifestarse, nuestro anfitrión en estas tierras cálidas y mágicas, Carlos A. González, nos invita a degustar el famoso plato inchicapi (maíz, maní y gallina), y a chicha sarasua (deliciosa bebida hecha a base de yuca y maíz). Nuestra visita a la comunidad, finaliza en la cooperativa Artesanal de Lamas. Salimos cargados de recuerdos: coloridos tucanes (tallados en madera), hermosos collares, y cerámicas (decoradas con sencillos y atractivos diseños).

 

Tenía razón el folleto “El paraíso existe”.