UN QUIJOTE RARO PARA LOS AMANTES DEL CERVANTISMO

UN QUIJOTE RARO PARA LOS AMANTES DEL CERVANTISMO 




Decía Cervantes en los prólogos del Quijote: Lector carísimo, sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como Hijo del Entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo…; no he podido yo contravenir a la orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra a su semejante…

Con esta introducción pretendo darte una pequeña explicación del trabajo que con gran tesón y mucho cariño he realizado. Decirte también, que sin proponérmelo y siendo muy niño, me vino la idea de esta grata experiencia, con la cual y ya de adulto, comencé esta andadura; y con ella, he conseguido que me aportara un enriquecimiento y también un gran disfrute. En definitiva, he quedado enormemente satisfecho a pesar de haberme resultado tarea ardua y laboriosa.

En Marzo de 1991 y tras algo más de diez años de labor, vi culminada la obra, en el cual había puesto todo mi empeño e ilusión, y fue el componer manuscrita la Inmortal obra de Miguel de Cervantes: El Ingenioso Hidalgo y Caballero Don Quijote de la Mancha. Este ejemplar, un tanto singular, se trata de una copia en castellano, pero en ‘Criptonumerografía’ (en números arábigos, mediante un abecedario numérico), con estilógrafo y tinta china; consta de 2.500 páginas, tamaño folio; con 135 dibujos originales, como viñetas capitulares, hechos expresamente para este ejemplar; encuadernada en 4 tomos, con tapas de piel y orlas en oro.

Cuidé la obra como madre que cuida de su hijo, respetando hasta la última coma del texto, para no desdibujar la idea que puso Cervantes en ella. Y con esta realización traté de cumplir mi deseo, la de hacer el mismo recorrido con la pluma que hizo su Autor, e introducirme en ella como testigo mudo; y tras ésto, conseguí componer un Don Quijote que se saliera del contexto del resto de las obras publicadas o manuscritas hasta el momento. Incluí en los principios de cada parte, las Tasas, Testimonios, Aprobaciones, Privilegios, etc. El seguimiento de la obra lo realicé con cuatro publicaciones distintas, para asegurarme que no faltaba nada de su texto original y así tener garantizada su completa composición; además ajusté la entrada de capítulos según las ediciones de 1605 y 1615. La labor de ejecución fue de 122 meses ininterrumpidos, con algo más de 20.000 horas de trabajo.

Me encuentro gratificado al haber añadido a esta gran colección de obras publicadas este ejemplar; que junto a las ochocientas setenta obras en nuestra lengua castellana; trescientas noventa en francés; trescientas treinta en inglés; y doscientas veinticinco en alemán; más cantidades de una a veinte, que suman dos mil cuatrocientas en otros idiomas o dialectos, que desde Letonia a Sudáfrica y desde Islandia hasta Japón, China y países de distintos dialectos orientales, llegan a sumar cuatro mil trescientas ediciones, de nuestra obra más universal.


Al tratarse de una obra manuscrita has de tener en cuenta, amigo lector, que la escritura que se va realizando ha de parecer que esta impresa, de lo contrario desmerecería la labor y perdería todo su encanto; también han de parecerse los números, lo cual es harto difícil, teniendo en cuenta que, de la primera línea de texto al final, pasan unos años y los humanos no somos máquinas; con lo cual, curioso lector, aquí te descubro la parte más importante de la realización de este ejemplar. Posiblemente a ti, lo más complicado te ha de parecer el tiempo que he empleado para realizarla, sin embargo, créeme, por mi experiencia, que lo más dificultoso es lo que te acabo de reseñar. Otra de las cosas importantes es la limpieza de la obra, la cual, tanto en textos como en presentación a la vista, ha de estar limpia de erratas, y sin un ápice de manchas en sus páginas, lo cual tampoco resulta tarea nada sencilla.

No existe a números nada más que este ejemplar, ni se ha publicado ninguna reproducción de él. Actualmente esta obra está expuesta en La Casa Natal de Cervantes, en Alcalá de Henares, junto a otros muchos ejemplares, que hacen las delicias de los amantes del autor del Quijote

Imagen de presentación: PIROGRABADO, de Jurgen Hans




ANA VILLAFRANCA O ANA FRANCA Y MIGUEL DE CERVANTES, PADRES DE ISABEL DE SAAVEDRA, por Antonio Castillo-Ojugas. Académico Correspondiente Real Academia Nacional de Medicina.

ANA VILLAFRANCA O ANA FRANCA Y MIGUEL DE CERVANTESPADRES DE  ISABEL DE SAAVEDRA

Prof. Dr. Antonio Castillo-Ojugas, Presidente de Honor de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas.

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Dejemos correr la venturosa vida de Miguel de Cervantes y la retomamos en octubre de 1580 cuando  llega a Denia redimido de Argel por el Trinitario Fray Juan Gil. El día 27 ya está en  Madrid y se aposenta en casa de su hermana Leonor en la calle de la Magdalena. Su otra hermana, Magdalena  vivía en calle Leganitos son su madre doña Leonor Cortina pero trabajaban juntas en la pudiéramos llamar “sastreria” donde hacían las camisas mas primorosas de toda la Corte con los encajes, bandas y puñetas mas elegantes para los caballeros  principales del Reino.

Mentidero de San Felipe
Mentidero de San Felipe

Miguel es escritor  y quiere hacerse valer. En ese Barrio Madrileño hay dos puntos de encuentro para los literatos Uno son las Gradas de San Felipe, a la entrada de la Calle Mayor y otro, el más popular , el “Mentidero de Representantes” o “Lonja de mercaderes” en calle León , junto a la del Prado, donde se reunían escritores, artistas, cantantes, bailarinas, gente de teatro, siempre con la esperanza de encontrar un papel o representación teatral. En las proximidades había tabernas en las que el vino, el buen humor y el deseo de felicidad lograban   veladas inolvidables muchas veces ilustradas por las atractivas mujeres de la “mancebía” de calle de Francos. Allí bullía una preciosa chiquilla de poco más de quince años, graciosa, dicharachera y atractiva que quería ser artista. Se llamaba Ana Franca o si quieren , Ana Villafranca de Rojas.

Casa sobre la que se alzó el Mentidero de Representante
Casa sobre la que se alzó el Mentidero de Representante

Cervantes hizo amistad enseguida con la joven que ya tenía diez y siete años y acaba de casarse con un hombre de mas cuarenta años, asturiano, Alonso Rodríguez, conocido y vecino de la familia. Pero ¿quiénes eran los Villafranca o Franca, que vivían en Madrid?. Pues bien, en 1560 se casan en la Parroquia de San Ginés, Juan  Villafranca y Luisa de Rojas, es en 1561 cuando Felipe II  traslada la Corte española de Toledo a Madrid y en 1563 tienen su primera hija, Ana, nacida en la calle de Tabernillas, que desemboca en la  Plaza de la Cebada y luego viven en calle Toledo. Tiene más hijos y quedan  Luisa (1571), Juan (1575) que se hace Monje Mercedario e Isabel, de escasa vida (1580-1582)

                   Pero,  ¿en qué trabajaba, qué oficio tenía Juan de Villafranca? Pues era “suplicacionero”, palabra que está en el Diccionario de la Real Academia, como artesanal o vendedor de suplicaciones o barquillos. Eran las suplicaciones, obleas ligeramente unidas como formando un librito y sujetas por una más gruesa, como una barca. Las  obleas más tostadas y  enrolladas  eran los barquillos. Era un oficio de poco provecho y mas tarde, en 1586 los prohibieron comerciarlos en las calles. Por eso la  calle Toledo era un buen punto, ya que era  el camino de entrada a Madrid de Andalucía y los pueblos de alrededor. Además, vecina era la Mancebía de la Arganzuela, con festejos y algarabía popular

         Cuando Ana tuvo doce años la pusieron a servir en casa de unos familiares,  Martín de Múgica,  Alguacil de Casa y Corte y Damiana de Alfaro. Al morir la señora en 1580, despiden a Ana dejándola por su buen comportamiento, cien ducados. Con ese dinero,  la casan con Alonso Rodríguez, trabajador en varias materias como ser tratante de ganados en el vecino Rastro, arriero y transportista de vinos dela región que llevaba a amigos con tabernas y  por todo ello, pasaba mucho tiempo fuera de casa hasta que en 1582 pone una taberna en la calle Tudescos donde se reúnen amistades de Ana, literatos y artistas en un ambiente muy distraído y jocoso

         Miguel de Cervantes busca amistades y protección para lo cual se va a Portugal en marzo de 1581 pues su amigo de la Escuela de López de Hoyos era Mateo Vázquez, secretario de Felipe II que el año anterior se hizo Rey de Portugal. Era hijo de Infanta, la Emperatriz doña Isabel y tío del Rey don Sebastián, muerto en Alcazalquivir. Fácil logro pues llevaba detrás al Duque de Alba y diez mil soldados, y por delante, la flota que  mandaba el Marqués de Santa Cruz. Mucho mas grave fue el viaje. Declarándose una gran epidemia en Badajoz, enfermando el Rey y falleciendo su cuarta  esposa y Sobrina doña Ana de Austria

firma mateo vazquez
firma mateo vazquez

Mateo Vázquez  encargó a Cervantes una absurda expedición. Iría a Orán, luego recorrería el norte de Africa para valorar la potencia del Rey de Marruecos y visitar las plazas de soberanía portuguesa, por ejemplo, Ceuta. Cervantes hizo un detallado informe y regresó a España en mayo de 1582 viviendo en Madrid, detrás de la  Iglesia de San Nicolás, junto a la  Plaza de Antón Martín. Va enseguida a la taberna de Ana en la calle de Tudescos. El establecimiento está siempre muy animado y don Miguel acude con frecuencia y llena de versos y frases amables a la tabernera, amistad que se ve afianzando y  cada vez mas íntima debido además a la ausencia del  marido por  sus frecuentes viajes.

taberna siglo de oro-Luis Ricardo Falero – La Fiesta en la taberna (1880)
taberna siglo de oro-Luis Ricardo Falero – La Fiesta en la taberna (1880)

Como la mayoría de las tabernas de la época, tenía un despacho de bebidas donde servían vinos a la parroquia y a  los clientes que por allí estaban de pie, mas al fondo una pequeña sala con varias mesas, un sótano donde almacenaban el material y  a veces, al fondo, un pequeño cuarto. Era allí donde Ana y  Miguel celebraban sus encuentros amorosos. El escritor Luengo en su obra “Catalina de Esquivias” refiere que Cervantes se reunió con su librero Blas  de Robles en la taberna , ya en tratos para editar La Galatea y que entre trago y trago le pagó miltrescientos treinta y seis reales y así entre copa  y copa llegó a estar en estado catastrófico. La tabernera,

Portada iglesia de san Luis adosada a la iglesia del Carmen
Portada iglesia de san Luis adosada a la iglesia del Carmen

su querida amiga Ana, no le permitió salir a la calle y llevándole a  un cuarto trastero, le cubrió con mantas y poco a poco, con mil abrazos y zalemas, alcanzaron la gloria terrenal que después, con frecuencia repetirían de modo que ella quedó embarazada y el 9 de abril de 1584 fue bautizada una niña d nombre Isabel en la Parroquia de Santiuste (San Justo y Pastor, hoy Iglesia de san Miguel, en calle Sacramento) por haber nacido en la calle Toledo, hija de Ana Villafranca y Alonso Rodríguez. Poco después, ya con la taberna de Tudescos, fueron a vivir en la Red der San Luis y su parroquia fue la de San Martín. El matrimonio tuvo otra hija, Ana, en 1586, bautizada en la vecina iglesia de San Luis (quemada en 1931 por los amigos del órden y la cultura, cuya portada se conserva en la parte posterior de la iglesia del Carmen).

Esquivias, Toledo
Esquivias, Toledo

  Temeroso estaba Cervantes ante las posibles violencias reacciones del tabernero si se enteraba de la sonada infidelidad de su esposa y en agosto de 1584 aprovechó la invitación de doña Luisa Montoya, viuda de don Esteban de Garibay, su gran amigo, marcha a Esquivias, pueblo toledano, no lejos de Illescas con el fin de ayudarle a preparar un voluminoso libro de versos que a su muerte quedó sin concluir. Cervantes tenía 37 años y doña Luisa le presentó a las personas mas conocidas del pueblo y pronto Miguel se enamoró,  o mejor, al revés, la joven dd 19 años, Cataliza Salazar y Palacios correspondió a las buenas maneras, a los versos amatorios y en menos de tres meses, el cura del pueblo, tío de Catalina, les casó el 12 de diciembre de 1584, fijando allí su residencia.

Busto de Catalina de Salazar
Busto de Catalina de Salazar

  ¿Conocía la familia Salazar la paternidad de Cervantes? ¿Sabían algo de sus andanzas en Madrid? Nada sabemos en concreto. Tal vez parte del dinero que obtuvo por sus trabajos en Andalucía fuera enviado a Ana Franca para su hija Isabel.No lo aclara, pero lo sugiere, el Dr. Emilio Maganto que recientemente ha publicado un libro de 370  páginas sobre Isabel de Saavedra, lo más importante que se ha escrito sobre ella.

         Después de dos años en Esquivias, encargan a Miguel ser Comisario de Abastos en  1586 y luego, recaudador de Impuestos en  1594. Dura labor. Enfrentamientos son los Ayuntamientos, Cabildos y Clero. Prisones y cárcel. Dineros que van a la Corona, a los intermediarios y pocos a él. Separación de la familia. No se sabe si doña Catalina estuvo con él  si el  manco fue a Esquivias en ese tiempo. Todo hasta fin de siglo en que en 1600 ya está con su mujer en Madrid.

         Isabel de Sasavedra

         Pero  antes han ocurrido algunas cosas. En 1588 muere Alonso Rodriguez, enterrado en San Martín (Era la Caja de Ahorros de Madrid , bueno, no sé lo que es ahora). Siguió Ana Villafranca con la taberna hasta que murió diez años después y el 9 de agosto de 1599 el Alcalde de Casa y Corte  y bajo procuradoría, entrega la niña Ana a su abuela Luisa de Rojas y a la quinceañera Isabel a Magdalena Cervantes. Es ahora cuando don Miguel recuerda a la muchacha, la reconoce como hija suya y le da el apellido de Saavedra..

         Esta tutoría  o adopción comprometía a Magdalena a dar durante dos años, coser, organizar y administrar una casa y abonarle, en concepto de salario, veinte ducados anuales. Naturalmente, la enseñó costura y confección de camisas como Magdalena hacía con su hermana Andrea y una hija de ésta, Costanza.

      Diapositiva5  En 1601 ocurre un hecho clamoroso en la Historia de España. El Duque de Lerma, valido del Rey Felipe III, hace que la Corte deje Madrid y pase a Valladolid. Allí pasó la burocracia, la aristocracia y la realeza, pasando a ser una ciudad superpoblada mientras que Madrid quedó sin gente principal y sin actividades oficiales. Las “Cervantas” como así las llamaban, marcharon en 1602 a la reciente capital, instalándose en una casa, hoy restaurada, cerca del Hospital de Afuera, famoso por sus tratamientos de la sífilis con vapores de mercurio y plantas americanas. Vivían en el primer piso, izquierda, en el bajo una taberna y en el segundo izquierda, María Montoya, la que llevó a Cervantes a Esquivias. Este y su mujer,  Catalina pasaron temporadas en Valladolid, pero  en junio de 1605 solo acudió Miguel pues fue el año en que se imprimió El Quijote (por cierto, siete ediciones en ese año, dos en Madrid, tres en Lisboa y dos en Valencia).

Casa de Cervantes-Cocina-Valladolid
Casa de Cervantes-Cocina-Valladolid

Además de  “Las Cervantas” fueron a Valladolid  otras “mujeres que viven en sus casas admitiendo visitas de caballeros y otras personas, de  día y de noche” y una multitud de busconas y de oficios viles. Además de trabajar  en la confección de camisas, Andrea, Magdalena, Costanza e Isabel recibían frecuentes visitas de distinguidos caballeros y por ello, ocurrió un terrible hecho.  Uno de los amigos que frecuentaba la casa fue apuñalado y llevado al piso vecino, murió el 21 de junio de 1605. Era don Gaspar de Ezpeleta, figurón de la Corte, amigo del Marqués de Falces, Jefe de la Guardia de Felipe III  y persona conocida de la Justicia. Se le  encontraron dos anillos que pertenecían a la mujer del  Procurador de Valladolid. Dijeron que fueron robados. No es cierto, la dama se los entregó en forma amistosa y por ser vos quien sois se dijo que fueron sustraídos. Cervantes estuvo una noche en la cárcel e Isabel fue interrogada muy duramente durante todo un día.

Carta-de-pago-y-recibo-de-dote-inédita-de-Alonso-Rodríguez-a-su-mujer-Ana-de-Villafranca.-I.-Madrid-11-de-Agosto-de-158
Carta-de-pago-y-recibo-de-dote-inédita-de-Alonso-Rodríguez-a-su-mujer-Ana-de-Villafranca.-I.-Madrid-11-de-Agosto-de-158

  Enseguida regresaron a Madrid e Isabel no volvió con Magdalena. Quedó viviendo en el barrio de San Luis. Isabel hizo lo que su madre. Ana Franca se enamoró de Miguel de Cervantes y tuvieron a la niña. Isabel conoció en Valladolid a un señor mayor e importante, don Juan de Urbina, Secretario de los Duques de Saboya, y a poco, quedó embarazada. Urbina la entregó una casa en la Red de San Luis, frente a la  calle Jardines donde él  vivía y la hizo casar con don  Dieo Sanz  del Aguila en agosto de1606, en la Iglesia de San Luis siendo padrino su padre don Miguel de Cervantes.

                   Nació la niña,  llamada Isabel Sanz del Aguila Saavedra,

pero su supuesto padre falleció en febrero de 1608 quedando  Isabel viuda y de nuevo Urbina le proporciona marido, don Luis Molina con una apreciable dote de diez mil ducados, que nunca pagarán y se casan el 6 de septiembre del mismo año 1608. Molina es un intrigante y comprometido personaje ya que dos añosa después, en 1610 muere  la niña Isabel y Juan de Urbina reclama la devolución  la casa de la calle Montera en la Red de  san Luis. Pleitos y disgustos  que continuarán  con los herederos

         Tampoco eran buenas las relaciones con Cervantes. No sabemos si Isabel estuvo en  la casa de Calle Leon esquina a Francos donde murió don Miguel. Allí estaba su mujer Catalina Salazar y su sobrina Constanza que habitaba en calle Amor de Dios. Fueron sin embargo muchas  mas atenciones de  Molina a la familia de su mujer. Su tía doña Luisa Villafranca era viuda de un cirujano que marchó a Guatemala. Recibió una herencia de  ocho mil quinientos reales que Molina invirtió en el banco de Fucar, al cinco por ciento y también consiguió dinero de un pretendiente de Constanza que marchó a Lima.

iglesia de San Martin-dibujo de Juan de Villanueva
iglesia de San Martin-dibujo de Juan de Villanueva

En 1631 el matrimonio sufrió una rara enfermedad que les obligó a estar en su casa muchos días, atendidos por el Dr. Tamayo e Isabel también acudió a una curandera, Maria Bautista que fue después interrogada por la Inquisición. La gravedad del caso hace que en diciembre de aquel año haga testamento Luis de Molina que fallece en enero del 32. Su mujer vivirá veinte años mas.

         Isabel de Saavedra (que muchas veces anteponía Cervantes) vivía tranquilamente vendiendo y comprando joyas, siendo hábil prestamista y adquiriendo casas. Maganto cree que los distintos domicilios en que su nombre aparece, eran propiedad suya y cita la  casa de Red de San Luis, otra en Juan de Alarcón, una junto a la Iglesia de San Basilio, la cuarta en Calle Barrionuevo, otra en calle la Espada y finalmente muere el 23 de enero de 1652 en la calle de la Sartén  (Hoy Navas de Tolosa),

         Fallece a los 68 años. Es enterrada en  la iglesia de San Martín. Deja dinero para que digan doscientas misas. Allí están los cuerpos de su madre Ana  Villafranca, de su supuesto padre Alonso Rodríguez y de doña Leonor Cortinas, la madre de Cervantes.

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LA HISTORIA MADRE DE LA VERDAD SOBRE EL QUIJOTE, por Rafael Ruiloba

El sñor Quijano, llamado Don Quijote de la Mancha

Entre 1520 y 1648, época en la que se gestó y publicó la primera y segunda parte del Quijote, el centro dinámico de la historia en Europa es el desastre  producido por  las guerras religiosas; ya sea entre los enemigos de la fe o entre facciones contrarias, dentro del cristianismo. Durante ese periodo surge una tercera fuerza,  que busca unificar al cristianismo por medio de valores ecuménicos como la verdad, la dignidad, el amor, el honor, la justicia. Regidos por estos principios, intelectuales como Erasmo de Rótterdam y Giordano Bruno imaginaban una República Católica Ecuménica y Universal, que debía producir una renovación del cristianismo. Lo ecuménico se debe a que estos  valores básicos  deben ser usados para unificar el cristianismo.  Dicho sea de paso, estos  son los  valores que defiende el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha  en la novela de  Cervantes.

La principal acusación contra los católicos y los protestantes era que ninguno tenía la verdad.

                  El ensayista Inglés Miguel de Montaigne, dice que la arrogancia de ambos grupos era la nodriza de la opinión falsa. (citado por Paul Johnson en la Historia del Cristianismo op. cit p 435) Apegarse a la verdad y a la tolerancia eran  valores ecuménicos originarios del catolicismo como una forma del  cristianismo. “Nuestra religión ha sido creada para extirpar los vicios y de hecho los protege, los promueve y los incita”.  “Una religión no puede constreñir a otra, pues la religión debe ser acogida con libertad, no por la fuerza”, decía Tertuliano, uno de los padres de la Iglesia Católica.                   Paradójicamente,  la humanidad tuvo que esperar hasta la Revolución francesa para que este ideal católico fuese una realidad impuesta por los no creyentes.

Las luchas por estos valores la habían iniciado los comuneros, grupos de campesinos que protagonizaron en la Edad Media,  una insurrección en nombre del cristianismo verdadero; decían que los reyes habían tergiversado La Epístola de San Pablo a los Efesios cuando dice: Siervos, servid a vuestros amos, como a Cristo. Ellos aducían que tenían el original de esta carta, la cual decía no servir a los amos sino a Cristo. Esta sospecha de tergiversación de los evangelios obliga a los intelectuales a realizar sus propias traducciones para verificar si no existían versiones interesadas de los textos religiosos, como denunciaban los comuneros.  Erasmo de Rotterdam traduce del griego su propia versión del Nuevo Testamento y postula la tesis de que el hombre solo se salva por la verdad, tal como postula Cervantes en el Quijote. No obstante, traducir los textos religiosos fue  prohibido por el Concilio de Trento  ( en 1545 y el 1563), Concilio donde se crea la Inquisición, se prohíbe la publicación y tenencia de libros, sino están autorizados  por la iglesia;  se  crea además un índice de libros prohibidos, y se abrogan el derecho de interpretar los textos religiosos,  entre otras cosas, representadas en el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha de Cervantes.

               Veamos lo que dice el Concilio “  Decreta además, con el fin de contener los ingenios insolentes, que ninguno fiado en su propia sabiduría, se atreva a interpretar la misma sagrada Escritura en cosas pertenecientes a la fe, y a las costumbres que miran a la propagación de la doctrina cristiana, violentando la sagrada Escritura para apoyar sus dictámenes, contra el sentido que le ha dado y da la santa madre Iglesia, a la que privativamente toca determinar el verdadero sentido, e interpretación de las sagradas letras”

   En los 128 años de guerra religiosa, escribe Paul Johnson en la Historia del Cristianismo, solo podía tolerarse una sociedad unitaria y quienes no se ajustaban a la norma debían ser aterrorizados expulsados o muertos (p 412). En esta guerra la primera baja de los valores cristianos fue la verdad. La Inquisición se financiaba con las confesiones bajo tortura, las confiscaciones de bienes y la venta de cargos de espías, por lo que la indagación es sustituida por la tortura y la verdad,  por la confesión.   El Santo Oficio se adueñaba de las propiedades de los condenados y los inquisidores recibían un pago adicional por cada uno de los confesos, por eso la verdad estorbaba y era necesaria la tortura. Incluso el V Concilio de Letrán ( 1571)  les permitió acusar de herejes a los muertos, para expropiar la herencia de sus hijos. Tenemos entonces que en La España de Cervantes,  ni siquiera los muertos estaban a salvo. Por eso en la primera parte del ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha,  los personajes se salvan por la verdad,   la cual se encuentra al superar las apariencias contrarias. En el contexto de la realidad, la verdad había perdido valor, pero en la novela es el principio rector de la lectura.

La segunda baja de la guerra fue la libertad. Rodrigo Manrique en la época de Cervantes escribe que en España no puede producirse ninguna forma de cultura sin hacerse sospechoso de herejía, error o judaísmo.    En España de Cervantes hay algunos ejemplos polémicos, pero  sensibles que ilustran al lector sobre la pérdida de la libertad. En 1559 la Inquisición capturó a Bartolomé de Carranza, arzobispo de Toledo y lo mantuvo en las mazmorras hasta su muerte. Una delegación Papal que intercedió a su favor concluyó que los defensores de la libertad y la justicia consideran que es mejor que un inocente sea condenado a que la Inquisición sea avergonzada (Paul Johnson op cit. 415)

Por eso el Quijote le dice a Sancho, que la libertad es uno de los más preciados bienes que tiene el hombre y cuando en una noche oscura se topan con un muro, el Quijote exclama: “Tened cuidado Sancho que con la Iglesia hemos topado.” El segundo ejemplo relevante sobre la pérdida de la libertad es el que nos da el historiador Carlos Ratti, quien nos recuerda que Felipe II encarceló a su hijo Don Carlos de por vida porque quería tener un reino en Flandes. Para lograrlo lo declaran loco y lo encierran en las mazmorras hasta su muerte (Carlos Ratti, Felipe II Rey de España, Madrid 1927) En cambio Evaristo de San Miguel, en Historia de Felipe II Rey de España, Barcelona, 1868,  Asegura sin evidencias que el Príncipe Carlos fue asesinado,  pues hubo una asignación torcida al remedio que se le recetó. Es una lástima que sea demasiado tarde para verificar esta aseveración.

El tercer ejemplo sobre la pérdida de la libertad en España nos lo da Louis de Bertrand en su libro Felipe II, Madrid 1931. Según el autor El rey, para encubrir el asesinato de  Juan de Escobedo,  secretario personal de Don Juan de Austria, Hijo de Carlos V y hermanastro del Rey Felipe II, quien   alcanzó fama  por ser quien dirigió la coalición armada contra los Turcos en la batalla de Lepanto, por lo que fue nombrado por su hermanastro Felipe II,  gobernador de los Países Bajos con el objeto de ganar la guerra de Flandes.

Don Quijote, dibujo de Marco Devini

Durante esta etapa  Escobedo reunió pruebas de los negocios ilícitos y apoyo a los rebeldes flamencos  realizado por  Antonio  Pérez y Ana de Mendoza de la Cerda, princesa de Éboli; por lo que temiendo éste ser denunciado, ordenó su asesinato, de Escobedo el 31 de marzo de 1578.  Posteriormente se ha llegado a involucrar al propio rey,  en el asunto y se especula que para encubrir su participación se encarcela a Ana de Mendoza, para tenerla como rehén de tal manera  que Antonio  Pérez no involucrase al Rey en esta sórdida intriga.  Oreas fuentes  aseguran que  Doña Ana se vio involucrada y en 1579,  el rey la mandó encarcelar,   al igual que a Antonio Pérez, pero él escapó y ella  acabó sus días confinada en la villa de Pastrana perdiendo incluso la tutoría de sus hijos. De esta manera Felipe II encierra a Ana de Mendoza, dice Bertrand,  una de las mujeres más ricas de España, hasta el fin de sus días en el castillo de pastrana (p 20) bajo la sospecha de que lo hace ´para para encubrir sus propios crímenes. En este contexto histórico adquiere sentido el discurso de la edad dorada donde  El Ingenioso Hidalgo, don  Quijote dice: “En la edad dorada la justicia estaba en sus propios términos. Sin que osasen turbar ni ofender los del favor y los de los intereses que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje (de las sentencias arbitrarias) no se había sentado en el entendimiento del juez.

  La libertad y la justicia En la España de Cervantes también se perdieron porque el Estado necesitaba culpables para reclutar mano esclava para la fortificación de las obras del Rey. Por eso en la España de Cervantes la libertad no era un derecho,  sino un privilegio. Nunca fue tan crecida en España la necesidad de Galeotes, dice Fernando Cadalso en su estudio Instituciones jurídicas del Siglo XVI, pues pagaban  carcelaje  para incrementar las rentas del Estado. Estar preso no era un problema de la justicia,  sino una necesidad del poder.  Gregorio Marañón, en su libro Vida e Historia (Madrid – España, Espasa  Calpe 1955),  nos dice que en 1530 Carlos V decretó pena de galera para los criminales y que posteriormente   “se cazaba por los pueblos y los caminos a quienes no tenían trabajo y a los pobres gitanos para llevarlos a las galeras” (p 108.)

Los Galeotes de Don Quijote

Esto lo hace evidente Cervantes en el capítulo de los galeotes. Cuando el condenado a las galeras le dice al Quijote que su compañero va preso por canario, es decir por músico y cantor ¿Pues cómo? Replicó Don Quijote ¿Por músicos y cantores van también a las galeras? -Sí señor respondió el galeote que no hay peor cosa que cantar en el ansia. Antes he oído yo decir, dijo el Quijote, que quien canta sus males, espanta.  – Acá es al revés dijo el galeote- quien canta una vez, llora toda la vida. –No, lo entiendo- dijo don Quijote, mas,  uno de las guardas le dijo: Señor caballero cantar en el ansia se dice entre esta gente non sancta, confesar en el tormento. A este pecador le dieron tormento y confesó su delito que era ser cuatrero, que es ser ladrón de bestias y por haber confesado le condenaron por seis años a las galeras, amén  de los doscientos azotes que ya lleva en las espaldas y va siempre pensativo y triste porque los demás ladrones que allí quedan y aquí van le maltratan y aniquilan, y escarnecen y tienen en poco, porque confesó y no tuvo ánimos de decir nones. Porque dicen ellos que tantas letras tiene un no como un sí y que harta ventura tiene un delincuente,  que está en su lengua, su vida o su muerte y no en la de testigos y probanzas y para mí tengo que no van muy fuera del camino  y yo lo entiendo así  le respondió el Quijote.  

 

Cervantes ha dicho que don Quijote desvaría en lo tocante a los libros de caballerías, pero que en lo demás no se equivoca. Esta afirmación la podemos confirmar cuando el Quijote después de oír los motivos del cautiverio de los prisioneros concluye que es una gran injusticia su pena y por eso arremete contra los guardas y esto facilita la huida de los prisioneros. Este es el delito por el cual la Inquisición apresa a don Quijote y se lo llevan enjaulado a su casa.

Sucede entonces que la sinrazón del loco denuncia la injusticia como la locura del poder, en una época donde no hay justicia y la verdad ha sido sustituida por la confesión; la investigación de los hechos, por la tortura. De esta manera El Quijote defiende la verdad, la justicia y la libertad del humanismo cristiano, lo que en la vida real no solo es un acto de locura,  sino una tragedia social.    Tenemos entonces que todas las escenas del Quijote son parodia de la realidad, y esto lo debía descubrir el discreto entendimiento del lector.

     Otro de los valores que perdió el cristianismo en las guerras religiosas fue  virtud, baja producida por la ambigüedad moral. Por ejemplo, en la época de Cervantes,  según los Jesuitas el código moral podía quedar en suspenso cuando estaban en juego los intereses católicos. Esta es la moral del poder. Esto no era nuevo.  El padre Bartolomé de las Casas dice que  la “projimidad” les valió madre a los españoles durante la conquista, porque para ellos el indio no era el prójimo.  Un teólogo jesuita Herman Busembaum en su libro Medula tehología moralis en 1650 escribió quia cun finisest licitus etiam media sunt licita. El fin es el que hace lícito los medios. El teólogo Antonio Escobar Y Mendoza. En   Theologia moralis vigenti , impreso en Lyon en 1663 escribe   finis enim dat espicificationes actibus et ex bono vel malo fine boni vel mali redduntur   “ el fin es lo que hace a las acciones buenas o malas” que la pureza de la intención puede justificar actos contrarios al código moral y la ley humana. ( citados por Fernando Ortiz en el más destacado ensayo de la cultura hispanoamericana colonial Historia Cubana de una lucha contra el demonio, La Habana, Cuba, Editorial ciencias sociales 1975 )

 Lo singular es que estos libelos  morales fueron escritos en la época de Cervantes, por tanto es plausible considerar que la respuesta  de Cervantes en el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha,  a esta moral falsaria y oportunista, fuese la siguiente: «mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines», dice Don Quijote (III, 391, 2-3)  Paradójicamente esta tergiversación moral del Cristianismo del siglo XVI, sigue vigente,  en cuanto a las necesidades del poder.

                 La usaron los dictadores latinoamericanos, para asesinar en nombre de la libertad y el capitalismo; la usan los aparatos de seguridad del Estado, para espiar al ciudadano en nombre de la democracia;  las usó Mister  Busch en nombre de la guerra contra el terrorismo;  la usan las bandas criminales, en nombre de sus intereses  y los medios de comunicación, en nombre de la libertad de expresión.    

                Esta es la lógica fanática de la fe instituida por el Concilio de Trento: Si mi padre fuera hereje, yo juntaría leña para quemarlo, dijo el Papa Pablo IV. La locura de los teólogos, dice Erasmo de Róterdam, es aterrorizar a aquellos que no le son propicios.  De esta manera la sociedad española vivía una doble moral instituida por las necesidades políticas del poder, también existía  la Bula de la Santa Cruzada,  por medio de la cual el ciudadano podía  pagar por sus pecados; de esta manera, la iglesia vendía tranquilidad de conciencia. Incluso las mujeres, que tenían relaciones sexuales sin casarse, tenían que pagar un impuesto a la iglesia, para no ser consideradas prostitutas; en otras palabras, compraban la virtud. En realidad, solo la sospecha de que una mujer haya perdido el velo de su  honra, era óbice para que fuese condenada al exilio en las Indias. Uno de los personajes del Quijote huye de su pueblo porque se sospecha  que su hija perdió la virginidad,  en manos de un soldado oportunista que la abandonó. ¿Por qué huye el hombre?  Por temor a que fuese enviado a las galeras, porque su hija estaba bajo sospecha de no ser virgen.

   En aquella época intolerante, los portugueses enviaban a las mujeres nom santas  a  Angola a blanquear la población;  los ingleses,  las enviaban a Jamaica, a blanquear la población, y los españoles las enviaban a Panamá, a blanquear la población, lo cual fue sin lugar a dudas,  una tarea titánica, que no cumplieron a cabalidad.

Poe eso el velo de la honra es uno de los temas tratados en del Quijote de Cervantes.  Por eso la virtud es uno de los principios cristianos que defiende Cervantes en El Quijote y en las Novelas Ejemplares como La Española Inglesa o La Gitanilla.  Para el autor de El Quijote la fe estaba enajenada, y para restaurarla, imaginó a  un Quijote, solo y viejo, sin más auxilio que un escudero reacio y un jamelgo escuálido, que hace Caballero Andante y va por toda España deshaciendo entuertos, para defender los verdaderos valores de la fe  cristiana, entre defendiendo, la honra y la dignidad de las mujeres.   Por eso cuestiona a Sancho y lucha contra el cabrero, para defender la dignidad de las mujeres. Si observamos bien, todas las mujeres que aparecen en la primera y segunda parte de El Ingenioso Hidalgo don  Quijote de la mancha,  recuperan su dignidad.

 Cito un solo caso relevante: el de la hija de Doña Rodríguez. La cual fue embarazada y abandonada.  El Duque quiere ridiculizar al Quijote e inventa un duelo con el lacayo francés Tosilos, quien asume la personalidad del ofensor de la dama y  disfrazado  bajo una reluciente armadura convoca al andante a un duelo paródico para defender la honra de la mujer. La condición es que si pierde, el ofensor debe casarse, pero si gana, queda libre del compromiso.              En el fondo los malvados duques quieren  que el francés muela a palos al Don Quijote, y la honra de la dama quede mancillada,  pero en medio de la bufonada,  el francés descubre la belleza de la ofendida y decide no combatir para casarse con la mujer embarazada.  Convirtiendo la escena en una de las grandes victorias de don Quijote, quien defiende con éxito,  la dignidad de la mujer  como uno de los  valores ecuménicos del cristianismo, por los cuales luchaba la tercera fuerza, la cual  buscaba  la paz entre protestantes y católicos.

“La tercera fuerza del cristianismo, dice Paul Johnson en La Historia del Cristianismo, necesitaba un defensor real, la figura carismática y catalítica que desencadenaría personalmente el proceso promotor de la Edad de oro. (p 434). Pero esto no sucede en la historia real, porque Enrique de Borbón, Enrique IV de Francia y tercero de Navarra,   uno de los reyes que tenía la posibilidad de hacerlo, porque había decretado la reconciliación de las religiones con el edicto de Nantes,  fue asesinado por los Jesuitas. El 14 de mayo de 1610  el jesuita fanático  François Ravaillac  le propinó tres jesuíticas puñaladas, que lo enviaron al más allá de los jesuitas.   

El buen rey, bautizado como católico, educado como calvinista, se convirtió al catolicismo para acceder a la corona de Francia, porque París bien vale una misa.  Durante su reinado terminó con las guerras religiosas, prohibió la venganza y la retaliación religiosa, además se preocupó por el bienestar del pueblo. Por eso fue asesinado por los Jesuitas.  En contraste con la historia, Cervantes crea un defensor  de la edad de oro promulgada por el cristianismo ecuménico, con el Quijote, produciendo así la antítesis entre la novela y la historia.

 En el discurso de las armas y las letras el Quijote hace evidente el fracaso del ideal ante la historia: “me pesa de haber tomado este ejercicio de caballero andante en edad tan detestable como en esta en que ahora vivimos.”   Lo mismo sucede en la segunda parte cuando tres campesinas han decido vivir de acuerdo a la edad de oro, por lo que don Quijote sale a los caminos a defender el ideal, pero es aplastado por una piara de puercos y una manada de toros de lidia como imagen del poder de la realidad ante los ideales,  y como todos los capítulos de la segunda parte, son un proceso de recuperación de la razón, El Ingenioso Hidalgo  llega a la conclusión de que no fracasan los ideales, sino los medios con los que trató de imponerlos.

La aventura de los molinos de viento, el epítome de la locura de don Quijote en la primera parte, y el emblema más recordado de su obra, sobre todo por los que no han leído al Quijote, también se rige por el código de las apariencias contrarias.  En la España de Felipe II la producción agrícola fracasa y el Estado cae en una profunda crisis económica, la cual llevó al rey a declararse en bancarrota, y para enfrentar la crisis, se crea un sistema de molinos de vientos donde se almacenan, procesan y distribuyen cereales. El Quijote se topa con ellos y los ve como monstruos. Los molinos de viento eran el símbolo del mal en la Divina Comedia. Lucifer tiene alas como aspas de molinos de viento, tal como los percibe el Caballero Andante.

Los Molinos de Don Quijote. Litografía de Gustav Doré

Pero  ¿Qué sucedió en España con los molinos de viento para que el Quijote los viese como si fueran demonios? La respuesta es sencilla. Fueron el foco de infección de la peste que asoló España entre 1596 y 1602;   azotó con gran virulencia las zonas centrales de Castilla.

 Esta peste, según A. Thompson, en España en los tiempos  del Quijote (p 166), “supuso la crisis de mortalidad más intensa de la que se tiene constancia en España”,  pues terminó con la tercera parte de la población. Entonces la analogía de Cervantes en el Ingenioso Hidalgo tiene un fundamento en la realidad, como todo el texto del Quijote, porque los molinos de viento sí eran monstruos devoradores de hombres, tal como los veía el Quijote. Y es gran servicio a Dios quitar tan mala simiente sobre la faz de la tierra, le dice el Quijote a Sancho. La mala simiente de los molinos fue la que contagió a los españoles con la peste.

Por eso después del estropicio, el Quijote ve molinos de viento donde hay molinos de viento. Porque la experiencia revierte la imagen, espejo de su locura, los molinos de vientos son en realidad los monstruos que devoraron la tercera parte de la población española.   De esta manera Cervantes equipara la locura del Quijote con la locura de la sociedad, para criticar la mala decisión del rey de  usar  molinos de vientos para suplir la falta de cosecha, lo cual generó la peste.  ¿Quién es el loco  entonces?  Esta es otra de las formas de las apariencias contrarias, que debía reconocer el lector.   

Don Quijote y los borregos

Otro tema que se presenta como antítesis entre la novela y la historia, es el tema de la guerra. Don Quijote en la aventura de los rebaños confunde carneros con ejércitos y los describe con signos que identifican a los que beben en el olifero betis (los andaluces); los que beben del licor del tajo (los toledanos); los que gozan las aguas del divino Genil (los granadinos); los  que alegran los jerezanos campos (los de Jerez ); los manchegos coronados de ricas espigas (los de La Mancha); los de sangre goda (León Asturias y Santander); los que en Pisuerga se bañan (los vallisoletanos).

               Si buscamos la relación con la historia, veremos que eran las comunidades en las que reclutaban soldados del ejército español, como nos indica el historiador  José María de Mena (Así fue el Imperio Español. Plaza Janes Editores Madrid 1991)La tercera parte de los soldados proceden de Cataluña y Aragón, otra parte de Castilla, y otra de Andalucía y Extremadura (p.122).  De tal manera que Los borregos que ve el Quijote provienen de los lugares donde España reclutaba a sus soldados. Por lo que la analogía se vincula con la realidad.

Tenemos entonces, que cuando el Quijote ve ejércitos cuando hay rebaños, de acuerdo a la teoría del discreto entendimiento sobre las apariencias contrarias, realiza una clara alusión a los soldados españoles llevados como borregos a la guerra. Esta analogía también la utiliza Quevedo cuando los llama lanudos.  El historiador José María de Mena nos dice que en la guerra de Flandes, en una sola batalla, 20 mil soldados españoles fueron degollados como borregos.

No olvidemos que el hermano de Cervantes, Rodrigo,  muere en la batalla de las Dunas, en 1600, en la guerra de Flandes; cinco años después su hermano publica una novela donde el Oidor busca a un hermano que cree muerto en la guerra, pero lo encuentra en la venta como cautivo de la mujer que ama. El encuentro de los hermanos es una proyección del deseo de Cervantes de encontrar a su hermano perdido en la guerra. ¿Otra forma de las apariencias contrarias?  Por lo que el soldado de Lepanto escribe una novela donde don Quijote parodia a Felipe II quien se presentaba como el representante de las armas y de las letras.  John Elliott, en su ensayo La Monarquía Hispana en el reinado de Felipe II, dice que Felipe II se presentaba como un monarca cuyo estilo de gobierno suponía la perfecta unión de las armas y las letras (España en los tiempos del Quijote. p 51).

Otro factor que hace evidente la ironía de Cervantes es lo relacionado con los Duques.  En la historia real Felipe III le entrega el gobierno de España al Duque de Lerma; Felipe IV, al conde Duque de Olivares, mientras en la novela los duques le entregan el gobierno de la ínsula de Barataria a Sancho. Los valores de la historia están al revés. Los duques representan en la novela el poder de la corona como sucede en la realidad.  Gregorio Marañón en su Biografía del Conde Duque de Olivares, dice que el Conde le explicaba al rey Felipe IV los problemas sociales de España por medio de comedias y representaciones teatrales, tal como hicieron los duques en la novela para reiterar la insania del Quijote. ¿Estaba loco el rey? “La mesma comedia, con la que quiero, Sancho que estés bien, teniéndola en tu gracia y por el mismo consiguiente a los que las representan y a los que las componen porque todos son instrumentos para hacer un gran bien a la república,( …) pero Sancho le responde “Nunca los cetros y coronas  de los emperadores farsantes, respondió Sancho Panza fueron de oro puro, sino de oropel o de hoja de lata, así es verdad replicó Don Quijote “ ( II , 12 ) Resulta  que la verdad resultante del diálogo es que la comedia no es más que la patética realidad del poder.

De esta manera Cervantes equipara la comedia a la realidad para relacionar el texto con la historia; pero en la novela sucede al contrario de lo que hace el Conde Duque de Olivares, usar la comedia para ocultarle la realidad al monarca español. Cervantes recurre a la comedia para mostrarle la precariedad del poder al lector.

En el palacio de los duques se desprenden muchos aspectos de las apariencias contrarias en plan divertido. Don Quijote no se da cuenta de que las damas barbudas (IV, 8, 22-24), son en realidad hombres, que el caballo que se mueve tan suavemente que parece que no se mueva, no se mueve (IV, 39, 1-4; IV, 70, 5-7) Esto lo lleva al contraste básico de la secuencia más importante de la segunda parte, la aventura con los Duques, que a pesar de sus apariencias viven de engaños y préstamos.

Los Duques montan un escenario imaginario para burlarse del Quijote. Pero en realidad ellos se auto denigran porque no logran sus objetivos, porque Tosilos y Don Quijote no se contra matan a palos porque el francés, decide casarse con la mujer embarazada, para beneficio de doña Rodríguez y su hija, a quienes paradójicamente, el caballero andante, objeto de la burla,  les ha restituido el honor.  No obstante el texto nos remite a la realidad,  pero por medio del contraste, entre los que es y lo que debe ser con relación al poder.

Sancho en su Ínsula Bataria

Cervantes se burla de este ideal varias veces en el Quijote. Recordemos que cuando Sancho asume el gobierno de la Isla de Barataria lo hace vestido en parte de letrado y en parte de capitán. Esta imagen del escudero ejerciendo el poder contrastaba con la realidad, ya que en España había más de 100 mil esclavos domésticos, lacayos o pajes como Sancho (Bernard Vicente, op cit p 293).  Los galeotes y los trabajadores de las minas de Almaden y Guadalcanal . Pero también fue la forma en que  Felipe II asumió el poder, en España.

En el Quijote encontramos la historia de un niño llamado Andrés a quien Juan Haldudo, el rico habitante de Quintanar, esclaviza: “De qué obras es hijo pues me niega mi soldada y mi sudor y trabajo. El discurso de las armas y las letras del Quijote interpreta la relación entre las armas y las letras de forma distinta a Felipe II. Diferencia las armas de la guerra y postula que la única guerra justificada es la para defender la fe, no la guerra entre cristianos.  De tal manera que el Quijote no defiende las armas cuando no están al servicio de los valores ideales del cristianismo como lo fueron en Lepanto, tal como se desprende de la historia del cautivo, Ruy Pérez de Viedma, uno de los dobles de Cervantes en la novela. Por eso el Quijote defiende las armas y no la guerra. Esta distinción es importante porque España está sumida en una guerra religiosa desde 1520 hasta 1648.

El contraste entre la novela y la historia es evidente, cuando don Quijote le dice a Sancho en la aventura del Yelmo de Membrino, Nunca acostumbro yo a despojar a los que venzo, esto es lo contrario a lo que sucede en la guerra, pues los soldados españoles, dice el historiador José María de Mena, podían darse al saqueo de las ciudades para procurarse la paga. Al final el Oidor paga el yelmo al barbero y las botijas de vino al ventero. Este era uno de los argumentos de Felipe II usados para justificar la guerra.  En la novela es significativa la discusión de si el yelmo del barbero era de oro o de hierro, esta es una parodia a la búsqueda que realiza Felipe II contratando alquimistas para convertir el hierro en oro, para poder financiar la guerra el Flandes, nos dice Francisco Gómez Marín en su obra Felipe II y la Alquimia.  En cuanto al bálsamo de Fierabrás, se parodia al Duque de Lerma, quien  por medio de un decreto pretende llevar de la pobreza a la riqueza a todos los españoles. Lo mismo ocurre con la fiera batalla de don Quijote contra los cueros de vino. El Duque de Lerma en 1604 obliga a las Cortes instaladas en Valencia a subir el impuesto al vino. Se generan disturbios y los productores prefieren apuñalar los cueros de vino a pagar el impuesto.    

Otro contraste entre la novela y la historia surge cuando don Quijote le da consejos para gobernar a Sancho.  En realidad Cervantes está burlándose de los consejos escritos por los reyes y sus representantes para gobernar España. Carlos V le escribe a Felipe II un opúsculo de cómo se debe gobernar en tiempos de Paz y Felipe II le escribe a su hijo Felipe III un texto con recomendaciones para gobernar llamado Políticas de Dios y Gobierno de Cristo. Según el consejo del Quijote, a Sancho este le dice que debe temerle a Dios (Capítulo XLII). Pero en la realidad Felipe II llenó a España de espías, mazmorras y torturadores para que le temieran al Emperador. Según el Quijote debe someterse a los hombres a la justicia, según Felipe II someter a la justicia a los hombres era un problema del poder y no de la justicia. Haz gala Sancho de la humildad de tu linaje, le dice el Quijote; en cambio el Emperador le dice a su hijo Felipe III que debe reunir en una persona, la suya  la virtud y el mérito de los otros.

Don Quijote por su parte le pide a Sancho que tome como medio,  la virtud.  En las recomendaciones el rey dice a su hijo que la virtud se puede superar de muchas maneras (Saiz Rodríguez y otros Reivindicación Histórica del Siglo XVI, Madrid España 1928.p 171), (Julián Zarco Cuevas. Ideales y normas del Gobierno de Felipe II). Cuando Sancho recurre a una receta de sentencias y refranes para gobernar, está parodiando a Felipe II que gobernaba y hablaba por medio de sentencias y refranes (Saiz op cit p 175). Por eso el Quijote le dice a Sancho que sesenta mil satánases te lleven a ti y a tus refranes. Otro de los textos que parodia Cervantes, son las Instrucciones secretas del Duque de Alba para el Virrey de Nápoles.  El Quijote le dice a Sancho, si algún culpado cae en tu jurisdicción muéstrate piadoso y clemente, en cambio el Duque de Alba dice al virrey de Nápoles que se deben tener capellanes para ayudar al bien morir a los presos y condenados.

En síntesis, por medio de la ironía y la parodia, Cervantes en el Quijote usa la realidad como analogía de la ficción, como cuando se burla de los consejos usados para gobernar España. Tenemos así que el contraste entre la novela y la historia es uno de los mecanismos de la ironía de Cervantes, por eso nos recuerda que la historia es la madre de la verdad.  

Para continuar el contraste entre la novela y la historia, debemos recordar que Felipe III elimina las instituciones de la justicia mayor vitalicia, que no solo le permitían ser árbitro entre el rey y la nobleza, sino que funcionaba como amparo de todos los perseguidos y de los sedientos de justicia. Diego Hurtado de Mendoza, en su Guerra de Granada, escribió que El gobierno del Rey no es gobierno de justicia sino de tiranía y venganza (John H. Elliott, La Monarquía Hispana en el gobierno de Felipe II, recopilado en España en los tiempos del Quijote p 53).

Recordemos que el Quijote se vuelve caballero andante por falta de la justicia, mientras en la España real la justicia  queda en manos de bandoleros que roban al rico para dar al pobre, tal como sucede con Roque Guinar, un bandido catalán, quien es un personaje histórico que aparece en El Quijote; lo paradójico es que para  cuando Cervantes publica  la segunda parte de El Quijote, el bandolero hacía cuatro años que había conseguido una amnistía y se había hecho capitán de infantería en el reino de Nápoles, porque en España la inmunidad judicial era el mejor aliciente para el alistamiento, dice AA Thompson en su ensayo  La guerra y el soldado (España en los tiempos del Quijote p194).  Podemos añadir que el personaje histórico también está sometido a la ley del cambio por las apariencias contrarias; por lo que este personaje es un bandido justiciero, pero también es un capitán defensor de España. Por eso Cervantes  lo pone en su novela y de esta manera inserta la ficción en la realidad.

Don Quijote cabalga. Ilustración de Gustav Doré.

Por otra parte, la ruta del caballero andante, que busca restaurar la justicia, pasa por los lugares donde funcionaron las instituciones de la justicia regional, abolidas por el absolutismo. Carlos Fuentes nos recuerda que en la España de Cervantes se rompe la tradición pluralista de Alfonso VI de Castilla que se proclamó emperador de las tres religiones; se expulsan a los moros y judíos de España. Se eliminan los fueros y privilegios que gozaban las comunas regionales, usados como arma social para atraer a los españoles, que vivían en territorios controlados por los moros. Lo cierto es que desde el punto de vista social, en España empezaron a surgir islas políticas, producto de las sublevaciones populares que declaraban sus territorios libres del poder de la corona, en particular en el país vasco y Castilla. También surgen islas políticas en los repartimientos económicos que hacen los nobles. Por eso es significativo que Sancho, un rústico, sí puede gobernar una ínsula bajo la protección de unos Duques, porque este juego de la ficción era posible en la realidad, y de hecho se realizaba cuando los nobles, después de comprar el vasallaje de los pobladores de una región, encargaban a alguno de sus testaferros para administrar el condado, cobrar impuestos en los municipios o administrar la esclavitud y vender los cargos públicos. Lo mismo hacia el Rey, encomendaba a un testaferro para gobernar a su nombre. Otra forma de ínsula política era dada por los territorios que se declaraban independientes del poder de la corona.

En la España de Cervantes había 18 duques, 38 marqueses y 43 condes (Bernard Vicent La sociedad española en la época del Quijote op cit p 290), los cuales ejercían autoridad sobre los vasallos y obtenían ganancias económicas. Por eso el Duque le decía a Sancho que no hay ningún género de oficio de estos que no se granjee con alguna suerte de cohecho.    Lo cierto es que las instrucciones del Quijote sobre la justicia, son mejores que la leyes del poder.  Entre los cargos que se vendían estaban el de Hidalgo y el de Conde, por eso Sancho arguye que para ser Conde le basta ser cristiano, a lo que el Quijote le replica y aún te sobra, y cuando no lo fueras porque siendo yo el rey te puedo dar nobleza sin que la compres, ni me sirvas de nada (Capítulo 21 de la I Parte).  Por ende, otorgar el gobierno de la ínsula de Barataria era una parodia del reparto del poder que realizaba la nobleza en España, lo que implica una crítica a la incapacidad de los reyes de gobernar por sí mismos, porque los preceptos que el Quijote la de a Sancho para Gobernar, son mejores que los que da Carlos V a Felipe II y mejores  que los que les da Felipe II a su hijo Felipe III.

La parodia de la historia nos indica que Cervantes cuestiona la razón del poder por medio de la sinrazón del Quijote; de esta forma se defienden los ideales democráticos en una época donde el absolutismo elimina las instituciones de justicia regional. La Inquisición censura libros, quema gente, despoja propiedades y autoriza cómo pensar y vivir. En una época, como dice Carlos Fuentes en su obra Cervantes o La crítica de la lectura, donde los valores democráticos, son sustituidos por el poder centralista, que sacrifica la justicia al orden; la virtud, al éxito; el diálogo es sustituido por el monólogo del poder. Es una época donde se sustituyen los procesos judiciales por la tortura y la verdad, por la confesión. Lo cual es diferente a los juicios guiados por la justicia que realiza Sancho en El Quijote. La moral y la virtud son sustituidos por la conveniencia; los valores del cristianismo, por las normas del Concilio de Trento. En esta época,  cuando en España ya no quedan judíos,  ni protestantes para perseguir,  el rey declara que la brujería es el azote de la raza humana, lo cual desató la represión de las mujeres.  El contraste se da en la novela porque el Quijote realiza una defensa a la dignidad de las mujeres desde el principio hasta el final.

No olvidemos que solo en Toledo fueron torturados el 32 % de los acusados, entre ellos ancianas de 90 años y niñas de 13. Al sustituir la investigación por la tortura, se pierde la verdad como árbitro social; se somete la dignidad a la supervivencia; se sustituyen los confesos, por los culpables. Por esta razón Cervantes recurre al doble sentido; al disimulo y a la ironía para poner en contraste el ideal del caballero de la fe con la realidad de España.  Podemos representar esta época de locura con la expresión que usó Luis Vives: Vivimos tiempos muy difíciles en los cuales no puede uno hablar, ni callar sin peligro.

En otras palabras, las fuerzas democráticas de España están como el Quijote al ser derribado en su última batalla por el caballero de la Blanca Luna. Vencido sois caballero y aún muerto, sino confías las condiciones de vuestro desafío. El andante molido y aturdido, sin alzarse la visera como si hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma dijo: Dulcinea del Toboso, es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra.  Y no es que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta caballero la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra. Esta respuesta es parecida a la respuesta que le da el moro al cristiano en la Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa (1561). Su respuesta también es parecida a la respuesta que le da el joven Bariato a los romanos, el último sobreviviente en la Numancia de Cervantes. Ellos le ofrecen libertad y riquezas, pero él prefiere suicidarse debido a la pérdida de su honor. Recordemos que Séneca decía que el suicidio era el último recurso de la dignidad.

Podemos decir que en la súplica del Quijote hay una verdad social: equipara al pueblo con la nobleza; también, una verdad humana ¿Acaso el amor no le da sentido a la vida? Verdad que ha tratado de demostrar en la primera parte del Quijote.  Y una verdad trágica: la precariedad de toda voluntad del poder. Restaurar estos valores perdidos es lo que anima al caballero de la triste figura, cuya utopía máxima era la de transformar la vida, cuando la sociedad se refugia en la utopía mínima, que es sobrevivir.

Los personajes de Don Quijote son los antihéroes derrotados por la historia; son los hombres y mujeres que protagonizaron la insurrección de los comuneros, los que desean restaurar el cristianismo fragmentado por el fanatismo de la guerra religiosa. Ellos dialogan en la novela en busca de la verdad; tratan de restaurar su honor; anhelan la virtud y la justicia a lo largo de la ruta del andante, que es la ruta donde se encontraban las instituciones de justicia de la España medieval, clausurada por el absolutismo. Pero el valor estético del Quijote no se queda en la crítica de la historia, madre de la verdad, porque la aventura quijotesca implica también la restauración de la dignidad de los personajes como principio vital de la novela. En esta recuperación de la dignidad, es que se configura el valor estético de la novela de Cervantes.                 Por eso el Quijote es algo más que una novela que narra las aventuras de un caballero desquiciado que anda por España como caballero, enajenado por los libros de caballerías, El Quijote es la historia de un pueblo en busca de su dignidad.

  De esta manera El Quijote es la crítica de la sociedad por medio de la lectura, es una forma de recuperar la dignidad por medio de la risa, la parodia y el doble sentido. La novela de Cervantes es una forma de contra historia. Michel Foucault nos recuerda en su obra Defender la sociedad, que desde La Edad Media hasta el siglo XVII hay dos cambios en el discurso de la historia. En Roma el discurso de la historia es para defender la soberanía, el cual evoluciona en defensa del poder.

                  En la España de Cervantes, en el discurso del poder  el enemigo es el hombre de otra fe: el turco, el judío o el mahometano. En este contexto la literatura de caballerías y la comedia de entretenimiento,  lo que hacían era ser rituales del poder. El Quijote cambia eso, la literatura ya no es parte de los rituales del poder, es su ruptura en favor de la condición humana.   ¿Quién es el enemigo de clase ahora?,  se pregunta Foucault, y responde que  el enfermo, el desviado o el loco, responde (p. 82).  Por casualidad,  eso fue lo que postuló Erasmo de Rotterdam, uno de los promotores de la tercera fuerza del cristianismo, cuando describió este cambio en el discurso de la historia en el Elogio de la Locura. Por eso Cervantes en El Quijote no solo cuestiona el discurso de la historia, sino que nos describe los valores de la condición humana en el nuevo ciclo de la historia que se inicia. El enemigo no es el otro, sino la falta de los valores humanos en la sociedad.                




RUTA DE LOS CABALLEROS, Por Nicolás del Hierro

Sancho y Quijote, dibujo de Doré
Sancho y Quijote, dibujo de Doré

Para situarnos en la ruta de este nombre habremos de retrotraer nuestro pensamiento al final de la Edad Media, tiempo en que La Mancha, sobre todo algunos pueblos de la provincia de Ciudad Real vivieron el gran esplendor de la época a través de las órdenes religiosas y militares, principalmente las de Calatrava y Santiago. Pero no vamos, no voy a abordar la historia, porque no es esto lo mío, aunque, por razones obvias tenga, tengamos que apoyarnos en ella, no sólo por cuanto los caballeros influyen, influyeron en su origen, sino también por las diversas acepciones que el Diccionario de la Real Academia Española nos da para su entendimiento.

Protagonistas principales para su denominación actual como Ruta, fueron,

Puerta de Toledo, Ciudad Real
Puerta de Toledo, Ciudad Real

pues, los Caballeros de las Órdenes Militares. Aquellas batallas, aquellas edificaciones, construcciones, reconstrucciones  y ruinas, aquellas intrigas medievales, a veces unos contra otros, otros entre sí o los propios enfrentamientos entre nobleza y corona, pusieron sabor caballeresco en tierras Manchegas, singularmente en campos de Calatrava y Montiel, al tiempo que marcaron y dieron paso al Renacimiento como transformación social y estética.

Villanueva de los Infantes, Ciudad Real
Villanueva de los Infantes, Ciudad Real

Diez o doce pueblos, con Ciudad Real como capital al frente, van a ser los incluidos en esta Ruta. Vamos a partir desde Ciudad Real hasta Villanueva de los Infantes, pero nada impide realizarla al contrario. Ciudad Real/Capital, en los últimos veinte o veinte cinco años ha experimentado su gran transformación, transformación que veremos con el simple hecho de pasear sus calles y palpar su ambiente, comprobar su cambio edificativo, y, sobre todo contemplando su extensión, su vida y su progreso. Pero también están los latidos que el arte y la piedra nos legaron a través de los siglos. Ahí están su Puerta de  Toledo, hoy remozada y renovada, la iglesia de San Pedro, la de Santiago, la Catedral, los edificios civiles que parten del citado

Casa del Caballero del Verde Gabán, Villanueva de los Infantes, Ciudad Real
Casa del Caballero del Verde Gabán, Villanueva de los Infantes, Ciudad Real

Renacimiento y que compiten, en estética distinta, con los construidos en el siglo XX, tal es su Ayuntamiento y la transformada plaza. Convendría que nos desplazáramos unos ocho kilómetros y nos llegáramos hasta Alarcos, el cerro de la trágica batalla, ver su santuario y su yacimiento, uno de los enclaves arqueológicos más importantes de la provincia, con restos de la Edad del Hierro. Volviendo, si hemos salido de ella, a la capital, ya puestos en la Ruta, Carrión de Calatrava, mostrará al visitante las ruinas del viejo castillo de Calatrava,  origen y primera sede de esta Orden.

Soportales de la Plaza Mayor de San Carlos del Valle, Ciudad Real
Soportales de la Plaza Mayor de San Carlos del Valle, Ciudad Real

Luego, Almagro. Almagro ha de ser la visita reposada. Aquí otra vez la historia de la Orden de Calatrava, pero también lo visible, lo palpable en el conjunto de su Plaza Mayor, destacando su Corral de Comedias, la artesanía que late bajo los corridos soportales. Hay que pasear por sus calles, por su Barrio Noble, encalado y de artística rejería, noble en escudos; ver el Palacio de los Fugger, San Agustín, El Parador, el Convento de los Dominicos… En Granátula, pueblo recoleto y lleno de encanto, merece la pena visitar el Santuario de Nuestra señora de Otero, al tiempo que recordamos a su hijo más ilustre, el General Espartero. Muy cerca uno del otro, Calzada de Calatrava y Aldea del Rey,  nos ofrecerán la visón de Salvatierra y el Sacro Convento-Castillo de Calatrava la Nueva, para continuar hasta El Viso del Marqués, donde don Álvaro de Bazán construyera el llamado Palacio del Marqués de Santa Cruz y guardara su recuerdos de navegante, convirtiéndose después en Archivo y Museo Naval.

Plaza de Toros de Santa Cruz de Mudela, Ciudad Real. Cnsiderada como la más antigua de España
Plaza de Toros de Santa Cruz de Mudela, Ciudad Real. Cnsiderada como la más antigua de España

Ya en la radial IV, en término de Santa Cruz de Mudela, admiraremos el santuario de Las Virtudes y la plaza de toros cuadrada más antigua de España, 1645. Frontera entre los campos de Montiel y Calatrava, Valdepeñas, sin olvidar la Ruta de los Caballeros que nos lleva hasta su iglesia de la Asunción y el Convento de los Padres Trinitarios, podríamos considerarla como la modernidad que crece desde el pasado impulsada la riqueza natural de sus vides y el relanzamiento artístico desde su extraordinario Museo Local, la Fundación Gregorio Prieto y la actividad literaria y poética de la Bodega A7, el Trascacho y los Amigos de Juan Alcaide.

Castillo de Carrión de Calatrava, Ciudad Real
Castillo de Carrión de Calatrava, Ciudad Real

San Carlos del Valle, pequeño y acogedor, nos ofrece una de las plazas más bellas de la provincia, acaso la que más, en la que uno siente el latir de la historia a través de aquél Rey/Alcalde, como se llamó a Carlos III desde Madrid, y admira la belleza de una arquitectura que ennoblece las colonizaciones de su tiempo reinante.

Plaza Mayor de Almagro, Ciudad Real
Plaza Mayor de Almagro, Ciudad Real

Como Almagro en el Campo de Calatrava, otra joya de la arquitectura y de la historia caballeresca es Villanueva de los Infantes, en el Campo de Montiel, donde las Órdenes Militares (Calatrava y Santiago, respectivamente) jugaron un papel principal. Pero, como decíamos al principio, nuestro camino está en lo que vemos, en lo que palpamos, aunque gran parte de esto nos lo hayan legado los siglos. Hermosa es su Plaza Mayor, donde se alza el Ayuntamiento y la iglesia de San Andrés, primer enterramiento de Quevedo, y duda hoy de dónde están sus huesos; pero hay que destacar también y entre otros, el Palacio de los Baillo, el Hospital de Santiago, el convento de Santo Domingo, la iglesia de las Dominicas de la Encarnación, la Casa del Arco y la cervantina Casa del Caballero del Verde Gabán.

El camino es amplio y largo, tan recto como requieren las extensas llanuras de La Mancha, las inmensas planicies que hacen grande y libre su horizonte, tan grande y tan libre que no pocas veces obligan al viajero, más aún al caminante, a que se haga visera con la mano para evitar el sol que resplandece en la meseta y le hace recordar a aquellos primitivos arrieros que, ocupando el asiento delantero de su vieja tartana, recorrían caminos sin pararse a pensar en el poder arquitectónico que la historia dejara en sus pueblos y ciudades.

 

revista 50




¿QUIÉN ERA ALONSO FERNANDEZ DE AVELLANEDA? por Rafael Ruiloba

El Quijote

No se sabe a Ciencia cierta, pero Martin de Riquer  sostiene que  fue  Gines de Pasmanonte, un personaje que aparece en el Quijote,  capítulo 22 de la primera parte,  y que en la vida real fue un soldado español del mismo nombre Gines de Pasamonte,  cautivo, como Cervantes  en Argel.  También  participó en la batalla Lepanto (1571), Navarino (1572) y Túnez (1573), donde fue capturado por los turcos en 1574. Su liberación se produjo en 1592,  18 años después.    La primera parte de sus memorias se concentra en narrar las penalidades sufridas durante aquel larguísimo cautiverio y  sus  fracasados intentos de fuga.  En una versión «electrónica» de la Biblioteca de Autores Españoles (BAE) en el tomo Autobiografías de soldados (Tomo XC; 1956; pags. 5 a 73).  Aparece una versión del manuscrito de la autobiografía de Gines de Pasamonte,  que se conserva en la Biblioteca Nacional de Nápoles, los compiladores sostienen  que se obtuvo a partir del texto que (ya con título) publicó Foulché-Delbosc en 1922 en la Revue Hispanique (LV; pags.311 a 446) y que reproducía la grafía del manuscrito.

 Si buscamos coincidencias entre este texto y el Quijote Apócrifo de Avellaneda veremos que el estilo, el tipo de frases, y el intercalado de refranes es semejante;   ambos autores son misóginos, odian a las mujeres, según Pasamonte su mujer lo atosiga, le pone veneno y vidrio molido en la comida, lo mismo dice de una mujer mora, a quien recuerda con odio por  su largo cautiverio en Argel, la cual lo envenena con sesos de gato y otras bellaquerías,  puestas en la comida;  por lo que escapa de ella   y es acogido por un hombre casado. Este hombre obliga a su mujer a que haga “lo que sea necesario”  para que el soldado Pasamonte se sienta a gusto, y no se fuera de su casa, pues viven de la renta que paga, esta propuesta se hace bajo amenaza pues, si no cumple,  la mata.  En efecto Pasamonte confiesa el drama al sacerdote y de todas formas se va de la casa, por lo que  la mujer es apuñalada por el marido como castigo por su falta de empeño e lograr que elk inquilkino se quedase; pero la  mujer   herida escapa y según Pasamonte, los médicos     que la curan le dicen que cuando le cosían la herida,  de ella salieron unos gusanos enormes, con esto Pasamonte, insinúa que la mujer era diabólica.  Avellaneda por su parte, en su Quijote  relata una escena del mismo tenor, pero en la novela, el marido  asesina al soldado, por supuestamente,  aprovecharse de la esposa de quien lo acoge. Este hombre lo persigue y lo  atraviesa con una lanza.

En la novela de Avellaneda esta versión de su propia vida la encontramos en “La historia de un rico desesperado”  Don Quijote y Sancho se encuentran a un estudiante rico llamado Japelin, quien cansado de la vida disipada decide tomar los hábitos, pero por seguir el consejo del Quijote, se casa tiene un hijo, es entonces que recibe a un  soldado, de apellido Bracamonte en su casa, quien se aprovecha de su mujer. Este los persigue y lo asesina, luego regresa a su casa y asesina a su hijo.  De esta manera Avellaneda tergiversa el ideal de Cervantes de acrecentar la dignidad del personaje, pues Avellaneda lo denigra  con el asesinato.  Lo importante para la tesis de este ensayo es destacar  que hay un paralelismo significativo entre la vida de Pasamonte y la Novela de Avellaneda, por lo que es plausible aceptar la tesis de Martin de Riquer de que este fue el autor del Quijote apócrifo.

  No obstante, la tesis de Riquer tiene sus debilidades,  pues Pasamonte, no era un literato, hay en su novela una parodia de tres capítulos del Buscón  de Quevedo, de acuerdo a la tesis presentada por Marcela Ochoa Pernoz, quien los  identifica como el capítulo, XXII,   XXV  y el XXXVII  del Quijote Apócrifo. Lo importante aquí es destacar que Avellaneda, postula una teoría de la literatura,  donde defiende a Lope de Vega, y su visión del mundo es   acorde con las necesidades de la inquisición, por lo que es probable que Pasamonte recibiera ayuda de un corrector interesado. La tesis de Riquer  también tiene sus fortalezas, las cuales provienen del mismo Cervantes quien  asegura en cuatro  ocasiones que Avellaneda era aragonés  como Ginés de Pasamonte. (II, 59; 471).12  (II, 59; 472) (II, 61; 477). Y en el capítulo 70 uno de  (II, 70; 496–97).

 Lo que si queda claro es que el autor del prólogo desata un virulento ataque personal contra Cervantes. También pudo ocurrir  que  Lope de Vega haya hecho el prólogo o corregido el texto de Pasamonte, pero esto ya son conjeturas. Lo que sí es un enigma es  saber cómo Pasamonte puede parodiar  al  Buscón de Quevedo, si este libro no había sido publicado todavía.

Lo importante aquí  es que Avellaneda  elabora su historia para oponerse a la noción de la literatura que hay en el Quijote de Cervantes. Por eso la obra de Avellaneda es diferente a su vez de otras continuaciones del Quijote  como Las nuevas aventuras de Don Quijote de la Mancha De Alain Rene Lassage o la  Historia del admirable don Quijote de la Mancha del  escritor francés, Robert Challe, escritas en la época de Cervantes.   La intención de la obra de Avellaneda es la de oponer otra visión de la literatura, tergiversando  los valores del ingenioso hidalgo  de Cervantes.

Tenemos entonces que Cervantes, no solo cuestiona a las novelas de caballerías,  sino a todos los géneros literarios de su época, por no establecer una relación entre la conciencia del lector y la realidad. En El Quijote Cervantes reutiliza todos los géneros literarios de su época para ponerlos en relación con el contraste entre el texto y la historia; la verdad oculta tras las apariencias contrarias, lo  que permite a los personajes recuperar su  dignidad. Por eso decimos que El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, es en sí mismo, una literatura.

Por eso una de las lecciones de Cervantes es que la función de la literatura,  ya no es ofrecernos la imagen ideal de la realidad como una doble moral del mundo, como ocurre en las novelas de caballerías, sino la visión crítica del hombre y de su tiempo; por eso el Quijote es una novela enciclopédica, que parodia a todos los géneros literarios vigentes en su época para proponer un nuevo modelo de literatura.

 ¿Por qué era necesaria la crítica del discreto entendimiento?

 Uno debe preguntarse cómo se podía criticar el orden social si hay 30 mil inspectores del Santo Oficio dispuestos a preguntarte ¿Te corto o te quemo?  La única forma era que su texto aludiera a la verdad de forma indirecta, por medio del discreto entendimiento.  Según el Manual del Inquisidor, de Nicolau Eimeric, no hay que temer que el acusado muera por efecto de la tortura, pues la finalidad del proceso y condena no era salvar el alma del acusado, sino procurar el bien público y aterrorizar al pueblo (p 151),  de tal manera que la única crítica posible era la crítica que producía la lectura de una novela cifrada, que le exigía al lector, el discreto entendimiento para comprender las contradicciones de su sociedad en la parodia,  la sátira,  la ironía y el doble sentido oculto en las aventuras del Ingenioso Hidalgo don  Quijote de la Mancha.

 El ideal estético del discreto entendimiento era  descubrir la verdad, este ideal  también lo asume Góngora, pero él no recurrió a la ironía cervantina, sino a la oscuridad conceptual “Como el fin del entendimiento es hacer presa en verdades”, dice Góngora, esta se logra “obligando a la especulación por la obscuridad.” De tal manera que el discreto entendimiento se debe ahora a la interpretación del lector, de esta manera Góngora subvierte la referencialidad del lenguaje como acto del poder para convertirlo en acto  de la imaginación.   Góngora, al igual que Cervantes, cree que el entendimiento debe hacer presa en verdades.

Estos criterios no solo estaban en el Viaje al Parnaso, como vimos anteriormente, sino en varias obras anteriores al Quijote. La crítica que Cervantes hace a los escritores de su tiempo se basa en la falta de ingenio para producir el entendimiento de la realidad,  a través de sus obras literarias.    En El licenciado Vidriera Cervantes critica a los poetas que desean agradar al poder o a los que tienen una retórica gastada y superficial llena de lugares comunes,  sin producir conciencia de la realidad. En La ilustre fregona cuestiona a los quienes  dirigen sus críticas contra el pueblo o se burlan de él “trovador de judas que pulgas te coman los ojos”. En el Quijote Cervantes escribe que el escritor no debe tratar de truhanes e ignorantes al vulgo, ni criticarlos en términos personales, porque la poesía no está en las manos, sino en el entendimiento. Esto lo decía contra los que se burlaban de los pies, las narices o la calvicie de las personas y se olvidaban de criticar las transgresiones del poder o las limitaciones de la condición humana.  Por eso Quevedo en el Chitón de tarabillas, lo acusa de tirar la piedra y esconder la mano, no solo porque era manco, sino por la crítica producida por la verdad que surge del doble sentido y la ironía de sus obras.

Diremos entonces que Cervantes le pide a su lector que lea la novela guiado por los tres valores del discreto entendimiento, a los que alude de forma reiterada en sus obras y en diversos contextos del Quijote,  mientras avanza la lectura. El primero es la relación entre la novela y la historia; el segundo es la búsqueda de la verdad en medio de las apariencias contrarias; y el tercero  es la defensa de la dignidad como principal valor de la condición humana. Analicemos el Quijote a partir de estas tres perspectivas.

 

LA ALCAZABA 40



LA POÉTICA DEL DISCRETO ENTENDIMIENTO Y LA INTERPRETACIÓN LITERARIA, por Rafael Ruiloba Caparroso, poeta, catedrático y crítico de literatura

Miguel de Cervantes Saavedra, en el prólogo de la primera parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote, de la mancha dice que su libro es hijo del discreto entendimiento. La tradición sobre el tema la encontramos en El Convivio, de Dante, quien lo presenta como una cualidad del lector, que tiene que comprender las diferencias producidas por las apariencias contrarias, para acrecentar su conciencia por medio del entendimiento. El tema de la discreción como cualidad del entendimiento también aparece en El Cortesano, de Baltasar de Castiglione, publicado en 1528 y traducido al español en 1534 por Boscán. Según Castiglione, la discreción tiene cuatro sentidos: el de la oportunidad, el de la moderación, el de la discriminación y el de la inteligencia. Son estas las cualidades que le pide Cervantes a su lector para comprender su estética de las apariencias contrarias ¿Por qué?

Humberto Eco sostiene que el texto literario renacentista y barroco, recurría a normas retóricas denominadas sub alicua ratione (Umberto Eco, Los límites de la Interpretación. P 74). Significaba que existía otra cosa o asunto debajo de lo evidente o racional. Esto es precisamente lo que dice Cervantes en una obra adjunta al Viaje del Parnaso, texto en prosa fechado el 22 de julio de 1614 en la que el autor entabla un diálogo con un supuesto lector Pancracio Roncevalles, en la que propone una nueva función del lector, quien debe ver despacio lo que pasa aprisa y se disimula o no se entiende (Citado por Georgina Dopico Black España en los tiempos del Quijote. P 37). Por eso en el prólogo del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha  le exigía el discreto entendimiento al lector para comprender como dice Umberto Eco, lo que estaba debajo de la razón.  Por eso Cervantes en los dos tomos del Quijote, se refiere al ingenioso hidalgo o al ingenioso caballero. Lo que implicaba la necesidad de un ingenioso lector.

 Este aspecto no pasó desapercibido por la tradición critica de la obra,  Víctor Hugo, el célebre novelista francés, decía que a Cervantes hay que leerlo entre líneas porque tiene su aparte. Por lo que el lector del Quijote tiene que asistir a un teatro de la de-construcción en una novela que contrapone el texto con la realidad por medio de procedimientos retóricos como la sátira, la parodia y la ironía, las cuales existen en la medida en que debemos considerar los hechos narrados  desde el punto de vista de la verdad.

 Cervantes escribe que su objetivo es “la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir”.   Si el primer aspecto de la verdad es el contraste entre la novela y la historia, un aspecto importante de la teoría literaria del renacimiento, el segundo es el contraste entre las apariencias contrarias, como dice Dante. El tercero es acrecentar la dignidad de la persona; todo esto, sometido a las normas del humor como le recomienda el lector en el prólogo de la primera parte del Quijote.  Procurad que leyendo vuestra historia el melancólico se mueva a risa; el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla. Humor, dice Bernard Shaw, es una de las formas más complejas del trabajo intelectual, pero la ironía procede de una analogía con la realidad y su poder es la verdad. El filósofo francés Jean Baudrillard, nos recuerda que la ironía es la única forma espiritual del mundo moderno, que ha aniquilado a todas las demás. Lo que quiero destacar con estos criterios de autoridad es que todos los procedimientos de la ironía parten de la realidad y solo tiene fuerza en la medida en que se basen en a verdad, por eso decimos que la ironía procede de una analogía con la realidad. 

El discreto entendimiento como juego de la decontrucción del texto aparece en  el poema que Urganda, la maga protectora del Amadis de Gaula, le dedica a Don Quijote, hay un juego irónico de interpretaciones donde el lector tiene que completar el sentido del texto.  En el soneto que el escudero del Amadis de Gaula le dedica a Sancho, alude con ironía al doble sentido. Salve otra vez Oh Sancho que solo tú nuestro español Ovidio con buscorana te hace reverencia. La buscorana es un engaño en el cual se simula besar una mano, pero en realidad se da un golpe con ella. ¿Dónde está la simulación y dónde está el golpe en el Quijote? Esto es lo que tiene que descubrir  el lector por medio del discreto entendimiento ¿Por qué Quevedo dice que Cervantes tira la piedra y esconde la mano? ¿Acaso porque era manco?  ¿Por qué el lector modelo del Quijote dice que Cervantes bajo su manto al rey mata?  Don  Quijote al inicio de la segunda parte dice que su historia tendrá necesidad de comento para entenderla. Quizás la respuesta    la podemos encontrar en un poema escrito contra Cervantes.

Aplaudió España la obra            

no advirtiendo inadvertidos      
que era del honor de España    
su autor verdugo y cuchillo.

Tenemos entonces que El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la mancha de Cervantes se leyó como una obra crítica que iba más allá del entretenimiento, una obra que tenía su aparte, su doble sentido. Entonces debemos preguntarnos, cuáles son los procedimientos que utiliza Cervantes  para lograr sus objetivos. Algunos postulan la tesis de que Cervantes era un ingenio Lego, por tanto todo era producto de la casualidad;   sin embargo quienes pensamos que se tratan de algo más complicado  debemos partir de las intenciones manifiestas del texto.

Amadis de Gaula

Cervantes dice que su novela cuestiona los libros de caballerías. ¿Qué son los libros de caballerías? Según Irving Leonard (Los libros del Conquistador F.C.E México 1949, p 43) eran novelas de entretenimiento que representaban los valores ideológicos del poder. Valor individual ante los grandes obstáculos; aceptación estoica de las desventuras, exaltado sentido del honor y la dignidad personal, un concepto caballeresco del amor, el cual representaba los valores del carácter español forjado durante al largo batallar contra el extranjero infiel, el invasor de la península.                 Veamos un ejemplo de cómo se expresa esta crítica a los libros de Caballería en el texto del Ingenioso Hidalgo.   En la primera parte, el canónigo y el ventero se disputan sobre dos tipos de libros; por una parte el ventero defiende a la novela Don Cirongilio de Tracia, de Bernardo de Vargas, publicada en Sevilla en 1545, y el otro es Felixmarte de Hircania, de Melchor Ortega.                 En contraste con La Historia del Gran capitán Gonzalo Hernández de Córdoba y la vida del soldado Diego García de Paredes, uno los defiende porque son entretenidos y el otro los condena porque no dicen la verdad.

El contraste está entre la ficción y la realidad. Estas son las apariencias contrarias y aquí cobra sentido lo que dice al lector modelo en el prólogo del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha  que la novela de Cervantes es un libro entretenido, pero además dice la verdad. Debido a la ideología estética del Discreto entendimiento, Cervantes equilibra las apariencias contrarias; une los libros de caballerías con la historia por medio de la locura de Don Quijote.  Su novela entretiene y a la vez produce conciencia de la realidad.  Por eso para lograr el entendimiento del lector, Cervantes  estructura al Quijote,  de tal manera que en la medida que avanza la lectura de la obra, esta se auto explica.

La misma crítica a los libros de caballerías que hacen los personajes del Quijote,   la realiza Juan Sánchez Valdés de la Plata en su libro Crónica e historia general del hombre, publicada en Madrid en 1598 en la que dice:              “Viendo yo benignísimo lector que los mancebos y doncellas y aun los   varones ya en edad y estado gastan su tiempo en leer libros de vanidades enarboladas y blasones de caballerías de Amadises y Esplandianes con todos los de su bando de los cuales no sacan otro provecho, ni otra doctrina sino en hacer hábito en sus pensamientos y mentiras” (Citado por Francisco María Turbino en El Quijote y la estafeta de Urganda, Imprenta El Periódico. Sevilla 1862. p 190).

  La crítica de los personajes de la novela a los libros de caballería, también está en la realidad, de tal manera que Cervantes lo que propone es  una nueva concepción de la literatura.   Paradójicamente, Lope de Vega, en el prólogo de su comedia El desconfiado, defiende los libros de caballerías. Tenemos entonces que en la época de Cervantes hay dos concepciones sobre la función de la literatura en la sociedad: la de entretener, función encabezada por los libros de caballerías y las comedias de Lope de Vega; y la de entretener y criticar para  producir conciencia de la realidad, función que Cervantes le atribuye al Ingenioso Hidalgo Quijote, ( El lector debe recordar que Cervantes antepone al Quijote el apelativo de Ingenioso. Porqué.)   No obstante  entretener y criticar  también es la función de la novela picaresca.

Por lo que sostenemos que la finalidad del ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha,  no era solo el cuestionamiento de las susodichas  novelas de caballerías, sino criticar la concepción de la literatura que se desprende de ellas, pues  en la Novela de   Cervantes,  no solo cuestiona los libros de caballerías, sino que lo hace con la literatura en general porque no produce conciencia de la realidad; primero empieza con  los romances, tal como lo ha demostrado Menéndez Pidal, quien indica que los primeros capítulos del Quijote están inspirados por el Entremés de los romances. Allí se cuenta la historia de Bartolo quien enloquece por leer romances y se embarca en una serie de aventuras cómicas, pero su locura, como nos dice Georgina Dopico Black, es diferente: “este se quita y pone identidades como si fuesen disfraces mientras Alonso Quijano inventa a Don Quijote para transformarse en él.”

Cervantes también cuestiona las autobiografías del culpable, obligadas a ser redactadas por la Inquisición,(El Publicatio Sui de San Agustín) cuando inserta en la novela su vida como prisionero en Argel o cuando cuestiona al aragonés Jerónimo de Pasamonte, un escritor amigo de Lope de Vega. Debemos recordar que Cervantes fue obligado por la Inquisición a escribir una de estas memorias o confesiones, sobre lo que hizo en Argel, como nos dice Manuel Turbino (Sevilla 1862). Este documento fue encontrado en los archivos de Indias.  Según noticias de José de Armas que leemos en su libro El Quijote y su época (Madrid 1915), Mateo de Santiesteban y Gabriel de Castañeda, fueron los testigos de Cervantes en el juicio que le sigue la Inquisición por su conducta en Argel. Blanco de Paz malévolo e intrigante Dominico,  lo malquistó con los que estaban en el poder. Nos dice Francisco María Turbino, (Sevilla 1862), podemos argüir como hipótesis  que como parodia de estas crónicas autobiográficas, que los inquisidores obligaban a relatar a los acusados, nace la novela picaresca. Por eso El Lazarillo de Tormes, es condenada por la inquisición, por la parodia que hace de sus confesiones públicas  y por eso era necesario el anonimato del autor,  a quien  podían perseguir para llevarlo a la hoguera o al patíbulo.  Si bien Cervantes satiriza las confesiones con La historia del cautivo; también lo hace con la novela pastoril, con la historia del cabrero Eugenio, relato que critica el Quijote porque ofende la dignidad de la mujer.

Cervantes también cuestiona el teatro, que al igual que los libros de caballerías ocultan la realidad porque habiendo de ser la comedia como dice Tulio, espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres e imagen de la verdad, las que ahora se representan son espejos de disparates, ejemplo de necedades e imágenes de lascivia. Podemos decir entonces que el Quijote es una comedia que es ejemplo de las costumbres; espejo de la vida humana, e imagen de la verdad.

Por no decir la verdad, El ingenioso Hidalgo de Cervantes arremete contra los autos sacramentales, esto lo hace  cuando el Quijote ataca a un carretero que anda disfrazado de diablo para representar el auto sacramental Las Corte de la muerte. La compañía teatral y la obra eran reales y pertenecían nada menos que a  Lope de Vega. Su mayor crítica contra el teatro la configura en el episodio de Maese Pedro, en el que Cervantes suelta dardos contra la teoría de  la comedia nueva de Lope de Vega. En el capítulo 64 de la primera parte ataca a Lope de Vega directamente quien defiende los libros de caballerías por ser entretenidos.   Cuando el Titiritero pone a los moros a tocar campanas el Quijote los interrumpe porque esto le resta verosimilitud a la historia. Maese Pedro le responde que no se representan por ahí de ordinario,  mil comedias llenas de impropiedades   y disparates y no se escuchan no solo con aplauso y con admiración. Como respuesta el Quijote desenvaina la espada y destruye el retablo.

 Es significativo que toda alusión al teatro en el Quijote esté relacionada con los problemas del poder, los cuales son asuntos de la realidad y no de la ficción, tal como quería la doctrina de la comedia nueva. Entretener sin criticar. Pero en La España de Cervantes el teatro y el poder estaban bien coludidos porque paradójicamente era por medio de representaciones teatrales que el mismo Rey conocía la realidad de España.   En síntesis, diremos que El Quijote cuestiona, no solo las novelas de caballerías sino a la literatura en general  porque entretiene y no dice la verdad. Por eso la búsqueda de la verdad por parte del lector es el objetivo del discreto entendimiento.  Su teoría de la literatura era que debía entretener y producir conciencia por medio de la verdad y la verdad venía de la mano de la ironía y  la parodia de la realidad, esta relación producía en el lector, el discreto entendimiento, porque el entretenimiento en sí,  no aporta nada al entendimiento.

 Incluso este cuestionamiento,  también va en contra de  El segundo tomo del ingenioso Hidalgo  Don  Quijote de la Mancha escrito bajo el seudónimo de Alonso  Fernández de Avellaneda conocido como el Quijote apócrifo,  por respeto a Cervantes, esto se da  cuando realiza una defensa burlesca de la calumniada reina de Navarra. En cambio el Quijote de Cervantes parodia este capítulo en la historia de Melisendra y Don Gaiteros. La diferencia es que Avellaneda es un misógino; ofende a las mujeres cuando parodia la historia del Curioso Impertinente de Cervantes, o cuando en uno de los relatos de su Quijote exagera episodios de la vida de Cervantes. Por ejemplo,  cuando Cervantes,  hiere a un sujeto frente a su casa,  describe el hecho como una pelea de prostíbulo; en la novela de Avellaneda Sancho es un bruto mal hablado que ofende a su propia madre ( El Quijote Apócrifo, p 19 Editorial Sopena Buenos Aires  1941)  sufre de gula y por avaricia quiere gobernar la isla de Chipre; el Quijote es un loco desaforado que anda atacando a quien se le ponga por delante. Por eso termina en un manicomio. No se trata entonces de criticar la realidad sino a las personas.

Por ejemplo cuando el Quijote ataca a un tapiz en la novela de Avellaneda, porque lo cree un gigante, el espectador, el noble Álvaro Tarfe lo ve como un acto de locura a secas, de esta forma todos los actos del Quijote de Avellaneda son evaluados por el ojo del poder.  En cambio cuando el Quijote ataca  unos odres de vino parodia el conflicto entre los productores de vino y la Corona Española, por el aumento de los impuestos,  pues los primeros prefirieron apuñalar los odres de vino antes de pagar los nuevos impuestos. La locura del Quijote es una parodia de la realidad, es un instrumento retórico de la novela, en cambio, la escena de Avellaneda solo subrayan la locura desaforada de Quijote, en síntesis su novela  denigra al Quijote y a Cervantes. Las escenas de Avellaneda no se relacionan con hechos reales como las de Cervantes, por eso el texto del Quijote, es irónico, el de Avellaneda por el contrario, caustico, pues  se dedica a denigrar la figura del Quijote y a tergiversar toda la crítica social que hace Cervantes  en la primera parte.

Porque en la novela de Avellaneda el Quijote lee la vida de los santos como conjuro de su locura, una vez que lo deja de hacer enloquece, la locura del Quijote de Avellaneda,  se diferencia de la locura del Quijote de Cervantes porque   la locura de Avellaneda se centra en el Quijote como violador de las normas sociales, por ejemplo el Quijote en el texto de Avellaneda,  celebra el asesinato de un soldado,  por un hombre que creía tener su honor mancillado,   en cambio la locura de Cervantes sirve para contrastar la locura del Quijote con la locura de la sociedad.                      La lanza del Quijote apunta a la locura social como violadora de la condición humana. Y esto es lo que hace al Quijote,  una obra vigente hoy día,  porque aún se siguen  violando la condición humana.

 Para Avellaneda,  la locura de los hombres es una locura criminal porque viola las normas del poder.   Y su única salvación es acogerse al castigo del poder, al castigo  sádico de su conciencia por medio del cilicio,  la contrición de la vida conventual o a los preceptos de las órdenes religiosas. Tampoco están en su novela  los temas básicos de la condición humana. El amor, la libertad, la verdad y  la dignidad. En el Quijote de Avellaneda también se alude al entendimiento en casi todos los capítulos, pero para el autor el entendimiento se circunscribe a la fe y al acatamiento de las normas del Poder. Por ejemplo Avellaneda sustituye a la sobrina  del Quijote Cervantes por una vieja,  quien es espía de la inquisición,  para que lo cuide, de esta manera la vida cotidiana del Quijote está vigilada como la vida de los españoles de su tiempo,  y por eso el autor puede escribir la segunda parte del Quijote, porque se presume ha espiado su vida y la conoce con detalle. Cervantes parte del texto de Cide Hamete Benengeli.  De esta manera el manuscrito de Cide Hamed Benenjeli es sustituido por los de los informes para  la inquisición.    Por eso el Quijote de Avellaneda tal como lo representa en su portada es un libro de caballería teológica.

Cide Hamete Benengeli

Sucede que la Inquisición,  también criticaba los libros de caballerías (Irving Leonard, 1949) para sustituirlos por mamotretos propagandísticos como el Quijote de Avellaneda, o libros sobre las vidas de los santos, los únicos libros que lee el Quijote de Avellaneda.   La ilusión creada en el Quijote de Cervantes por el encantamiento de los magos, lo lleva a la crítica de lo que no es por lo que es; es la crítica de los molinos de viento a los cuales ve  como gigantes devoradores de hombres, pero en realidad lo eran porque fueron  los promotores de la peste que asoló España y acabó con la tercera parte de la población; en cambio la ilusión creada en Avellaneda es por los milagros. La Virgen María suplanta a una priora de un convento mientras se escapa con un hombre que la abandona y la prostituye. La mujer se denigra buscando el amor.  Cuando la pecadora regresa arrepentida descubre que nadie sabe que abandonó el convento porque La Virgen la ha suplantado. Por lo que el castigo y arrepentimiento son el valor final de la historia, en cambio el valor final de la novela de Cervantes es el cambio de la conciencia.

Los hombres descubren lo que son,  a pesar de los prejuicios sociales. La libertad humana creada por la verdad y los valores ecuménicos del cristianismo en Cervantes es transformada por Avellaneda por medio de la teología del Concilio de Trento. Avellaneda es la enajenación de la fe y Cervantes la conciencia de la realidad, por los valores del cristianismo.   Por eso para el autor apócrifo Avellaneda, su Quijote es un Libro de caballería, tal como lo presenta en su portada, la que se parece a la del Amadis de Gaula.




PALABRAS PARA UN VIAJE DE TURISMO A EL TOBOSO, por Nicolás del Hierro, Poeta y Escritor

Monumento en el Toboso a Dulcinea y Don Quijote

El Toboso, ese lugar de La Mancha de cuyo nombre nadie puede olvidarse en cuanto le sea conocido, nos acerca al magnetismo de una razón indeleble y a la vez transitoria, pues no en vano aquí nació a la imperecedera literatura y para universalizarse, “la más admirable de todas las princesas manchegas”. Por ella se iluminó al amor y se echó a los caminos con su carga de ambición humanista el más cuerdo de todos los locos que diera la literatura. Quizá, o sin duda, por ello, paseando sus calles y hablando con los vecinos del lugar, aún podemos comprobar el convencimiento de alguno de ellos, no sólo en la afirmación de la belleza y galanura por cuanto fuera Aldonza de Lorenzo en la imaginación del enamorado, sino de cómo aquí el inmortal autor de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha deja de llamarse Miguel de Cervantes Saavedra para tratarle familiarmente y sin apellidos, conocerle únicamente por Miguel. Tal es el arraigo dinástico con que por el pueblo es considerado Cervantes entre sus mayores y más convencidos habitantes; evidente proceso que ya nos dejara bien sentado”Azorín”, don José Martínez Ruiz, en su pequeño pero gran libro, La Ruta de Don Quijote, al conmemorar el tercer centenario de la inmortal obra: “yo puedo asegurarle a usted que no sólo el abuelo, sino también algunos tíos de Miguel, nacieron y vivieron en El Toboso”.

“¡Pero váyales usted con esto a los académicos!”

Así, tras la impresión personal que extraje de mi primer viaje a El Toboso, y corroboré en alguna de mis posteriores visitas, al comunicarme con aquellos hombres cargados de años y sabiduría local, no pocas veces he pensado que yo, como el Miguelista don Silverio en tiempo y en palabras de Azorín, “llego a creer que he conocido al padre de Miguel, al abuelo, a los hermanos, a los tíos”, andando por estas calles y que todavía estos prototipos existen en la ilusión de algunos y algunas tobosinas.

Tal es la convicción de estos patrones que, cuando apenas hace cinco lustros, precursora en la ciudad, una industrial de hostelería comenzaba la rehabilitación de una casa solariega para convertirla en hospedaje rural, hizo firme su respuesta a los paisanos que le preguntaban que qué era lo que pensaba enseñar y ofrecer a los turistas cuando se acercaran al lugar.

– “Pues, a vosotros. ¿Qué y a quién voy a enseñar, sino a vosotros? ¿Y qué y quién puede representar mejor a nuestro pueblo y a La Mancha que vosotros”-dijo sencilla y llanamente, pero convencida de conocer el carácter y la idiosincrasia de su pueblo.

Casa-museo de Dulcinea

Y es que, cuando uno pasea por las cuidadas calles de El Toboso o se acerca a la casa en que habitó quien el amor del Caballero glorificara, no le resulta difícil hallar en fantasía el arquetipo de sus habitantes en época cervantina y el idealismo de la más perfecta amada. Aquellos vecinos y vecinas, copa de un árbol genealógico que enraíza con Aldonza de Lorenzo, hacen crecer sus ramas en los Miguelistas históricos, hasta florecer en los actuales toboseños y toboseñas, manteniendo viva la ensoñación del Caballero Andante para con la sin par Dulcinea, cuando con el nombre de ésta lanzó el de El Toboso por amplitudes mundiales en la predestinación de quien se hallaba locamente enamorado, “el ferido de punta de esencia, y el llagado de las telas del corazón”.

Tras el estudio de don Miguel, elegidos y predestinados, los antiguos Miguelistas y el permanente reflejo femenino idealizado en el amor, no pocos hombres y mujeres mantienen intacta la fórmula espiritual que singulariza el valor del pueblo. Y“magüer que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita”, de no enmarcar las figuras del retrato con que El Toboso sabe mostrarse al universo, no sólo a través del honroso matiz literario como sueño del gran Don Quijote, sino también en la conducta esencial de un presente que fuerza y vigor le confiere a sus esencias en las proyecciones del mañana.




SANCHO PANZA, PERSONAJE MUNDIAL E INMORTAL, por Guillermina Schneider

Aquel loco caballero
que tenía por cordura su escudero”.

La imagen que nos presenta Miguel de Cervantes de  Sancho Panza es la de un campesino- vecino de Alonso Quijano, “Don Quijote”- fiel a su señor del que terminará contagiándose en el habla y  mentalidad .

Todo el mundo conoce bien al Sancho Panza de la primera parte de la obra maestra de Cervantes. Sancho es el glotón, el cobarde, el puro materialista, en fin, el hombre « de muy poca sal en la mollera », según la descripción de Cervantes en el Capítulo 7 al introducirle en la novela. Sólo en la segunda parte empieza Sancho a cambiar, a aprender, a evolucionar como persona humana.
Estas serían, en conjunto, las características más relevantes de Sancho: “era gordo y bajo, redondo como una pelota. De nariz chata, ojos saltones, pelo moreno, corto y rizado. Vestía chaleco corto y negro, camisa blanca, faja roja, pantalón de pana hasta la rodilla, peales de lana y alpargatas. Tenía un aspecto desaliñado, con barba de varios días.Era juicioso, con sabiduría popular, sensato a veces, miedoso, pacífico, simpático, alegre, bonachón, analfabeto, vago y muy gorrón. Le gustaba mucho comer y beber, era glotón, borrachín y muy buen amigo de don Quijote.
Sancho Panza es un personaje del pueblo, amante de la comida y el buen vivir, vago, no es sabio pero lleva consigo todo el saber popular recogido en refranes o historias transmitidas de generación en generación. Su visión del mundo es muy real, cruda, resignada casi siempre y al que no se le ocurre cambiar el mundo.
En un principio Sancho  se marcha con Don Quijote más por interés que por amistad, ya que  el caballero le promete una ínsula. Pero cuando Don Quijote se la da, Sancho usa su imaginación, al estilo de su señor, pensando en lo que tiene que hacer como gobernador sin considerar la verdadera realidad. La ficción de apodera de él. Sancho es, desde el principio, mucho más inteligente e intelectualmente capaz de lo que solemos creer. Para ilustrar estas calidades intelectuales de Sancho, podemos destacar el estilo retórico de un discurso suyo en el Capítulo 20 de la primera parte. Se trata de la temerosa noche de los batanes


Don Quijote y Sancho son dos personajes que han trascendido el papel y se han incorporado al imaginario popular, representados en multitud de formas artísticas desde la pintura hasta el cine. Don Quijote no es un personaje completo si no va acompañado del entrañable Sancho Panza.. Los dos personajes se complementan: el uno no puede existir sin el otro. Sancho Panza es la mitad perfecta de Don Quijote
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Sancho y Don Quijote nos dan la visión del mundo desde dos contextos diferentes, el caballeresco y el del realismo cómico. Hablar del Quijote no tiene un sentido total si no hablamos de Sancho Panza. La obra literaria española universal se conoce, claro está, por su personaje central, Don Quijote, pero no tiene un sentido total si no hablamos de Sancho quien lo completa casi constantemente
Sancho Panza, nace como personaje, en la segunda salida de Don Quijote para hacer de contrapunto suyo y darle la posibilidad de hablar y de hacer discursos.
Sancho representa al personaje realista. Es un campesino que se preocupa por el lado práctico de las cosas. Su personalidad es muy rica: es astuto, bromista y egoísta, y por otro lado confiado, bondadoso. Representa al apego a los valores materiales, mientras que Don Quijote ejemplifica la entrega a la defensa de un ideal.
La evolución de Sancho es evidente en la novela. Se trata de un personaje dinámico en las formas y en el pensamiento que, incluso termina emulando comportamientos y lenguaje “quijotescos”, aunque  siempre permanecerán en él las características de un hombre del pueblo, simple y rústico.
Su imaginación, basada en lo que ve, oye e interioriza- aunque es un hombre rudo y analfabeto- es  extraordinaria e incluso llega a “quijotizarse” en este sentido. La muestra más palpable de esta faceta  la podemos apreciar  cuando Sancho toma posesión de la ínsula.
 Sancho tiene un lenguaje menos rico que Don Quijote y a veces le cuesta expresar lo que siente, lo que piensa o lo que ve. Tiene poco vocabulario, por esta razón, para él son muy útiles los refranes porque así evita crear frases propias. Los refranes expresan sentimientos y son populares y conocidos, de esta manera toda la gente con la que hable le va a entender. La mayoría de los refranes que dice Sancho se encuentran en la segunda parte de la novela.
  Sancho Panza es asimismo tenido por algunos como la figura emblemática del materialismo en contraste con la estampa de Don Quijote a quien se considera el idealista por excelencia. La fidelidad al amigo, la lealtad a pesar de los extravíos, da un sello de solidaridad con un ser atormentado. Es lo que sirve para apreciar en Sancho Panza unos pliegues de grandeza en su alma.
Conocedor al modo socrático de su ignorancia, es capaz Sancho de aprender de su amo, -permanentemente encasillado en sus libros y, por ello cerrado ante los mensajes de la realidad- y es capaz, al mismo tiempo, de asimilar la rica experiencia vital, que sus andanzas les deparan.

Asimismo se erige en símbolo de las insólitas e inesperadas capacidades del pueblo, cuando éste es dinamizado en una gran empresa.

Las andanzas del caballero y su improvisado escudero retratan la vida en Castilla en el siglo XVI, aburrida y monótona en muchos casos pero vistas por el hidalgo se nos transforma en un mundo nuevo a descubrir desde un punto de vista que no estamos acostumbrados a tener. En ese aspecto nos enseña en ver la maravilla de lo cotidiano, que se puede aplicar siempre a nuestras vidas. Sancho Panza representa la visión real que le sirve de contrapunto, descarnada  y desprovista de maravillas, a la cual intenta adaptarse o pasar a su lado sin transformarla.
Es notable la evolución de los personajes a lo largo de la novela, ambos cabalgan juntos, tienen aventuras, pero sobre todo  hablan y escuchan las historias de los otros personajes que se van encontrado en los distintos capítulos, aprenden de ellos y de si mismos, evalúan, actúan, aprenden y se transforman. Así de los dos puntos de vista tan dispares que tienen ambos al principio de la novela, van acercando posiciones cuando comprenden el punto de vista del otro, el hidalgo ya no verá al final gigantes, princesas y personas mal orientadas que después de una lección enmendaran sus vidas, a la vez Sancho descubre que aunque sea un poco es bueno intentar cambiar las cosas que no nos gustan,  mejorándolas, que la vida es una aventura en que cada día pueden pasar cosas nuevas y fascinantes. 



EL VINO EN EL QUIJOTE, por Luis M. Moll Juan

El ingenioso hidalgo recorre, a lo largo de la novela, amplias zonas vitivinícolas de La Mancha.
Cervantes descubrió en la submeseta sur el escenario idóneo para las delirantes aventuras de Don Quijote y Sancho. El escritor llevó a sus dos personajes a recorrer La Mancha, la zona de España que acoge la mayor extensión de vides (casi la mitad de las cepas plantadas en nuestro país se encuentran allí). Es por ello, que la ruta que describe Don Quijote es también un recorrido enoturístico rico en variedades y que el Gobierno de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha ha tratado de promocionar en los últimos años.

La zona comprende nada menos que el 45% del total nacional, aunque su volumen de producción queda muy lejos de ese porcentaje –se reduce a un tercio del vino elaborado en España– por tratarse de unas viñas con una muy baja productividad, que no alcanza los 25 hectolitros por hectárea. Genéricamente los vinos manchegos más tradicionales, aquellos que alegraron el espíritu del mundano Sancho Panza, eran caldos de color fuerte, con mucho cuerpo, afrutados y con una notable graduación alcohólica. Son caracteres que no difieren mucho de los que presentan actualmente.

 

De todas las zonas vinícolas recorridas por el caballero andante y su fiel escudero, la principal es la acogida a la Denominación de Origen La Mancha. Es la más grande de España (30.700 kilómetros cuadrados) y comprende parte de las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo. Su producción –muy grande– se orienta principalmente al vino tinto elaborado con las variedades cabernet sauvignon, cencibel, garnacha, merlot y moravia, en detrimento de las blancas que le caracterizaron en otra época. De esta denominación, como una excisión, surgió en 2004, la DO Manchuela.

 

Valdepeñas, en el centro de la provincia de Ciudad Real, es otra de las denominaciones de origen de la zona más características. Cuenta con mucha historia, mucho vino y con un gran porcentaje dedicado a la exportación a bajo precio porque su imagen está muy por debajo de su calidad. Prácticamente apoya su producción (unas 30.000 hectáreas) en las mismas variedades tintas que La Mancha, pero sobre la tierra de esta denominación –situada a 750 metros de altitud– ofrecen al vino unos matices diferentes.

 

Entre las denominaciones más clásicas de la zona (en este caso en Murcia) se encuentra también la de Jumilla que ya mantiene notables diferencias con las dos anteriores por encontrarse mucho más cerca de las tierras influidas por la costa mediterránea.
            La principal variedad es la monastrell con un 80% del viñedo y desde donde nacen tintos, rosados, blancos, dulces y vinos de licor y el conocido jumilla monastrell.
Pero la ruta descrita por Don Quijote a lo largo de la novela no sólo comprende las grandes denominaciones de la región manchega y aledañas. Los dos voluminosos tomos de la obra literaria pasan también por otras regiones vinícolas de menor importancia o con denominaciones más jóvenes. Es el caso de la Denominación de Origen Dominio de Valdepusa, reconocida como tal en 2003 y ubicada geográficamente en el norte de la Comunidad manchega, a 50 kilómetros de Toledo, en un pago del Marqués de Griñón, Carlos Falcó.

La DO Mondéjar de la provincia de Guadalajara también forma parte, desde 1997, de esta categoría de caldos únicos vinculados a la tierra.
Una extensión de 3.600 hectáreas son las que ocupa la DO Méntrida (al este de Madrid y al noroeste de la provincia de Toledo) donde la mayor parte de su viñedo se dedica al cultivo de garnacha.
La DO Ribera del Júcar, ubicada en la orilla del río homónimo, en un llano pedregoso y arcilloso donde se cultivan más de nueve mil hectáreas de viñedos que pueden optar a esta denominación a la de La Mancha.
Al sudeste de la provincia de Albacete se encuentra la DO de Almansa, con 7.600 hectáreas de viñedos plantados principalmente con variedades tintas.
De todos modos, Cervantes, en el Quijote, nos deja asombrados como buen entendedor a Sancho en lo referente a temas del vino:
Escupía Sancho a menudo al parecer un cierto género de saliva pegajosa y algo seca; lo cual visto por el caritativo bosqueril escudero dijo:  Paréceme que de lo que hemos hablado se nos pegan al paladar las lenguas, pero yo traigo un despegador pendiente del arzón de mi caballo que es tal como bueno.
Y, levantándose, volvió desde allí a un poco con una gran bota de vino y una empanada de media vara, y no es encarecimiento, porque era de un conejo albar tan grande, que Sancho, al tocarla, entendió ser de algún cabrón, no que de cabrito; lo cual visto por Sancho, dijo:
-¿Y esto trae vuestra merced consigo, señor?
-Pues ¿qué  se pensaba? – respondió el otro- ¿Soy yo por ventura algún escudero de agua y lana? Mejor repuesto traigo yo en las ancas de mi caballo que lleva consigo cuando va de camino un general.
Comió Sancho sin hacerse de rogar, y tragaba a escuras bocados de nudos de suelta, y dijo:
-Vuestra merced si que es escudero fiel y legal, moliente y corriente, magnífico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha venido aquí por arte de encantamiento, parécelo a lo menos, y no como yo, mezquino y malaventurado, que solo traigo en mis alforjas un poco de queso tan duro, que pueden descalabrar con ello a un gigante; a quien hacen compañía cuatro docenas de algarrobas y otras tantas de avellanas y nueces, mercedes a la estrecheza de mi dueño, y a la opinión que tiene y orden que guarda de que los caballeros andantes no se han de mantener y sustentar sino con frutas secas y con yerbas del  campo.
-Por mi fe, hermano –replicó el del Bosque-, que yo no tengo hecho el estómago a tagarninas, ni a piruétanos, ni a raíces de los montes. Allá se lo hayan con sus opiniones y leyes caballerescas nuestros amos, y coman los que ellos mandaren fiambreras traigo, y esta bota colgando del arzón de la silla, por si o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que la dé mil besos y mil abrazos.
Y diciendo esto se la puso en las manos de Sancho, el cual, empinándola, puesta a la boca, estuvo mirando a las estrellas un cuarto de hora, y en acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado, y dando un gran suspiro dijo:
-¡Oh hideputa, bellaco, y como es católico!
-¿Veis ahí –dijo el del Bosque en hoyendo el hideputa de Sancho– como habéis alabado este vino llamándole “hideputa”?
-Digo –respondió Sancho– que confeso que no es deshonra “hijo de puta” a nadie cuando cae debajo del entendimiento de alabarle. Pero digame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vino es de Ciudad Real?
-¡Bravo mojón! -respondió el del Bosque– En verdad que no es de otra parte y que tiene algunos años de ancianidad.



LA MANCHA, TIERRA MÁGICA Y DESCONOCIDA, por Natividad Cepeda

         La Mancha, esta tierra nuestra,  sigue siendo la gran desconocida, a pesar de que su nombre se pronuncia en casi todos los idiomas de la tierra, gracias a don Miguel de Cervantes Saavedra y su libro «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.
A Cervantes le debemos que se nos nombre en todas las latitudes civilizadas y cultas de la tierra, a pesar de que el libro más universal, después de la Biblia, que es Don Quijote de la Mancha, es paradójicamente el que menos han leído los manchegos. Yo me conmuevo cuando lo leo porque el Quijote es parte de cada uno de nosotros. Todas sus páginas son retazos de vida manchega. Por él cruzan todos los oficios, y todas las gentes que los ejercieron y ejercen. Los  que  hicieron posible que esta tierra fuera lo que es.
     Cervantes, ese gran desconocido como ser humano, que se enamoró de esta tierra y de sus gentes, no pudo, al llegar aquí, escapar a su influjo. Pero lo más curioso de este gran libro y de su autor, en su propia raíz y contenido, es que sus personajes no son de una época pasada, si no, que son también de hoy.
Los manchegos que aparecen en el Quijote, – que son los que pueblan casi todas las historias y anécdotas, sobre todo los de la primera parte – los volvemos a encontrar hoy en nuestros pueblos, en nuestra vida ordinaria, en nuestro quehacer diario con esa chispa de genialidad y socarronería con la que se encubre la impotencia ante la fatalidad, y también ante el fracaso en sus distintos y variados rostros. Con ese dicho, “cada cual, rey de su casa, y Dios en la de todos”: máxima ésta muy manchega. Muy nuestra. Hasta el vocabulario,  junto con los refranes dichos por Sancho Panza, y el arte culinario se conservan casi intactos, y algunas costumbres se mantienen como algo natural.
Contrastes en los campos de La Mancha
Nuestra tierra, es tierra de contrastes. Tierra seductora dentro de su austeridad. Pueblos, paisajes y gentes guardan una armonía cordial, sin olvidar el carácter recio del manchego que, difícilmente, acepta intromisiones ajenas y suele hacer de sus opiniones leyes.
Pero debajo del sol y el olvido de los siglos permanece en la Mancha la magia de un pueblo antiguo jamás exterminado. Y esa magia permanece intacta en algunos lugares, a pesar de nuestra desidia por no conservar el patrimonio que nos define y acredita como gentes de una región única y singular.
       Cervantes, viajero de la España de su tiempo, capta esa fuerza extraña que se da en algunos parajes, y en su inmortal obra, encubierta por la visión de un loco, nos describe lugares mágicos. Porque magia es el amor, y amor mágico e irreal es el amor que siente Don Quijote por Dulcinea: aunque también es real y cierto que solo al ser amado se le es dado conocer la belleza de lo que ama.  Es esa belleza que dimana del interior la que atrae cual imán y nos subyuga. 
     Casi todos conocemos la famosa aventura de la Cueva de Montesinos. Cueva abandonada por los manchegos, pecado capital del desconocimiento de la fuerza telúrica de la tierra.  Precisamente, porque las cuevas han sido parte de la vida de todos nosotros, y visitar y conocer una cueva más o menos poco importa. Pues, si Cervantes, que es el mejor  contador de cuentos que ha existido, nos narra un hecho mágico acontecido dentro de ella no hay que dudar de que la magia se da en ese lugar. Lugar extraño que atrae y atrapa tanto en su exterior, como dentro de su sima, donde el espíritu percibe que algo diferente cohabita esas entrañas.  
    
     Desde mi corazón de arcilla soy hija de esta tierra, que tanto da nacer a unos kilómetros de distancias que en otros, al fin y al cabo  todos abrimos los ojos a la luz de la Mancha.  Y la Mancha es mágica, poderosa, antigua y sabia, a pesar de que los manchegos no la hemos descubierto en todo su esplendor.
 Porque antes de que se escribieran las relaciones de Felipe II, y mucho antes de que Cervantes gestara su Quijote, y con antelación a que los pueblos, por diferentes circunstancias, desaparecieran y quedaran cubiertas sus paredes de silencio y de muerte, para luego sin saber el por qué, volver a repoblarse, y mucho antes de que nuestra actual historia de españoles se escribiera…ya los manchegos éramos todos polvo, agua, aire, y fuerza renovada de esta tierra.
     La Mancha es mágica y la magia jamás desaparece de los lugares donde nace. Desde la prehistoria la Mancha estuvo poblada. Los patrones y patronas son los protectores de los pueblos, pues bien el término ángeles, llamado «angelos» en griego, significa mensajero. Los mensajeros son los encargados de hacer posible la voluntad de Dios. Los ángeles son seres espirituales que pueblan todas las grandes religiones, son benéficos para los pobres mortales y para los lugares donde aparecen.  Permanecen en esos lugares velando por el entorno y la vida que en ellos se desarrolla.
    Nuestra raíces celtíberas nos lleva hasta los vedas, y los vedas son los primeros que nos hablan de esos seres benéficos.
La Mancha húmeda de los campos de Montiel,- Ciudad Real
     En la historia de nuestra tierra y de sus pueblos, se recogen en muchos de ellos, que eran lugar de encinares, cuevas, lagos y motillas, también se reconocen supersticiones ancestrales, y desde antiguo es sabido que nuestros hombres  pueden predecir el tiempo climatológico que hará en las estaciones del año.
Que hay entre nosotros mujeres curanderas y sanadoras no es ningún secreto, conocedoras de medicinas caseras, elaboradas con yerbas  y ramas de árboles autóctonos…  Y hay muchos otros vestigios y huellas que delatan que nuestra cultura  es milenaria y a  subsistido al paso del tiempo, permaneciendo fuerte y permanente en la génesis de todos nosotros.
La tierra que hoy llamamos Mancha, abarca la cultura de la carpetania y la celtiberia, pueblos estos que fueron capaces de enfrentarse al dominador romano. Pueblos que eran tribus diseminadas por los mismos lugares que hoy ocupan muchos de nuestros pueblos. Se sabe que las gentes de estos pueblos amaban tanto su tierra y sus tradiciones que pactaron con cartagineses y romanos, con godos y musulmanes, pero conservando siempre su carácter independiente en lo más genuino de su estirpe. Los celtiberos aparecen en numerosas ocasiones  debajo de la piel de los manchegos, se conservan sus costumbres, su forma de clan familiar, su matriarcado, su independencia y su libertad.
San Carlos del Valle-Ciudad Real
Dicen viejas crónicas que los iberos eran morenos y feroces guerreros, callados y un tanto desconfiados con las tribus desconocidas; los manchegos solemos desconfiar  de los desconocidos. Dicen esa crónicas que los celtas eran  en su mayoría de cabellos, piel y ojos claros, religiosos y amantes de la familia, ellos implantaron los castros, las construcciones redondas de piedra fortificadas. Su estructura social era la tribu. Clanes familiares que trabajaban la madera, construian carros, toneles, eran herreros, ceramistas, eran religiosos con santuarios en muchas ocasiones enclavados en las cuevas, por la fuerza bénefica que en las cuevas se genera.  Tenían casta sacerdotal, dioses protectores, con imágenes de manifestaciones escultóricas, su árbol sagrado era el roble, el nuestro es la encina, en ella se aparecen nuestras vírgenes… Y la mujer ocupaba un lugar destacado en sus sociedades. Las mujeres manchegas han sido siempre la base de la sociedad y la continuidad. Las tribus no necesitan de otras tribus son autosuficientes y les trasmiten sus conocimientos a sus miembros de generación  en generación.
     Los manchegos nos consideramos ajenos los unos de los otros. En cada uno de nuestros pueblos siempre afirmamos que somos los mejores. Los pueblos manchegos separados en mitad de la llanura donde la luz muestra el horizonte en su máxima belleza, señalando un sendero astral, hace que al hallarnos frente a nuestros bellísimos crepúsculos, todos soñemos. Y esos sueños y sus secuencias no nos cabe dentro, y los volcamos en poemas, coplas que el folclore recoge, o cantares de quinterías monocordes, que brotaron debajo de un cielo abierto a la luz sin distancias. 
La magia se nos hace presente a la vuelta de cualquier esquina, e inconscientes de ella, se nos aloja en los sentidos, en el centro del alma, y a su antojo  nos deja sumergidos en su fuerza.
La magia y el amor que sentimos por esta tierra nos inunda cuando el atardecer pinta el ocaso de malvas y escarlatas, y todo el paisaje nos sumerge en sus contornos. Sutilmente, en ese ámbito de materia y latido de espíritu, las montañas lejanas, como diques azules, alzadas de nuestros suaves montes, nos llaman, y  sentimos su voz imperceptible cuando el alma, sin trabas, nos eleva a sus cumbres.
Campos de Almonacid-Toledo
Vivimos en una tierra mística, estamos aquí y la ignoramos cuando toda ella se nos ofrece en su silencio y  su calma en las noches desde la inmensidad de las estrellas y su eterno brillar sobre nosotros.
Estamos dentro de las paredes de nuestros pueblos ignorando el amparo que nos dan, cuando aparecen recortadas en la inmensa llanura  bañadas por esa luz única, que los pintores recogen en sus cuadros; los pueblos manchegos vistos así, sumidos en el reposo y el silencio adquieren la configuración de asentamientos de tribus.
     Y se adivina debajo del asfalto las veredas y las cañadas, y los pasos que otras gentes dejaron  en su suelo. Gentes que son difíciles de conquistar con una fuerza interior enorme. La misma fuerza de las construcciones de piedra que nos fueron legadas. Legados y costumbres que sentimos hoy. Hay una vieja leyenda que recogen  algunos investigadores, entre ellos Fabre d´Olivet, que nos ilustra de como nace el culto a los antepasados.
 Ese culto a nuestros muertos que en la Mancha ha permanecido intacto reinara quien reinara, y al margen de la religión oficial. Cuentan que en una tribu dos guerreros rivales se querellan. Furiosos van a matarse, ya han llegado a las manos. En ese momento una mujer con los cabellos en desorden se interpone entre los dos, y los separa. Es la hermana de uno y la mujer del  otro. Sus ojos arrojan llamas, su voz tiene el acento del mando, y dice con frases entrecortadas, que el Abuelo, el Antepasado, allí, debajo de la encina le ha dicho, que no quiere  que dos guerreros hermanos luchen: que por el contrario se unan contra el enemigo común. La encina donde la mujer inspirada  ha visto la aparición se convierte en árbol sagrado. La mujer desde entonces invoca, reza y predice. Enciende lamparillas a sus muertos y reza por ellos.
     Apuntes todos ellos de un pasado remoto que nos pertenecen. Ahí están desde tiempos inmemoriales nuestras carrascas en los suelos manchegos, protegidas hoy para evitar su desaparición, y es también el árbol sagrado donde la madre por excelencia que es María Santísima se aparece a las gentes sencillas de estos pueblos.
Teatro romano de la ciudad de Segóbriga-Cuenca
     Se puede pensar que María –Madre –Virgen  y la historia del cristianismo no guarda un paralelismo con las civilizaciones más arcaicas, sin duda alguna no es así. La humanidad desde tiempos remotos presentía un salvador: soñaba con un niño divino. En el misterio de los templos arcanos se hablaba de él. Está recogido en innumerables textos que los astrólogos calculaban su venida, sibilas y sacerdotisas habían anunciado la caída de los dioses paganos. Los iniciados anunciaban desde sus cuevas y grutas que un día había de llegar en el que, el mundo, sería guiado por el hijo de Dios. La tierra esperaba un rey espiritual que fuese comprendido y cercano por los pequeños, los humildes y los pobres…
En la Mancha los poderosos casi siempre se han marchado quedan en ella los  los que no abandonan su tierra, y si lo hacen por necesidad de subsistencia, sueñan con regresar a ella.
 Hay senderos, lugares, nombres y costumbres simbólicas que nos entroncan con las razas que creemos extinguidas, con las diosas protectoras de la fecundidad estrechamente ligadas con nuestros cultos actuales. A veces los eslabones parecen perdidos en la noche de los tiempos y  de nuevo surge el prodigio y nos lo recuerda.
     Al hablar de los antepasados, estoy hablando de todos los manchegos. Los antepasados fueron expulsados una y otra vez por los conquistadores de épocas y signos diferentes, pero nuestros antepasados jamás olvidaban su lugar de origen, y así, aún cuando los pueblos eran destruidos siempre regresaba a sus ruinas algunos de ellos, para volver a renacer de las cenizas, y perdurar allí y echar raíces.
       Los prodigios no saben sumar fechas  pero unen  el pasado con el presente. Los celtíberos, ese pueblo eminentemente religioso por un lado y luchador por otro, que poblaron estas tierras, entre sus tradiciones también veneraban la cabeza humana como fuente de poder por su sabiduría,  tallaban cabezas de piedras para colocarlas en sus santuarios. Se han encontrado algunas de ellas y parecían haberse desprendido del cuerpo de las esculturas. Este culto estaba asociado a la fertilidad, a la renovación de todo lo que existe, y a las fuentes sagradas.
      En alguna ocasión hemos visto fuentes en parques con cabezas por las que brota el agua. Fuentes en monasterios, fuentes en los montes, en las encrucijadas de los caminos… La fuente que brota por profecías o por mandato divino. Muchos de nuestros pueblos en sus crónicas recogen desapariciones, pero los asentamientos en el mismo lugar o a pocos kilómetros de los anteriores se repiten, y siempre en ellos aparece milagrosamente una fuente que mana o un pozo alimentado por constantes veneros.   
     Los pueblos celtíberos celebraban en sus santuarios la venida de las cuatro estaciones, amaban la naturaleza y daban gracias a sus dioses protectores con promesas y estatuillas y  flores como ofrendas… Exvotos que todavía hoy se ofrecen en las ermitas y santuarios. Todo en el cosmos guarda armonía y equilibrio. La fe  es un don gratuito, un legado generacional: creer en lo que no se ve pero si se siente.
Campos de Hellín-Albacete
   La Mancha, es nombre de permanencia, nombre de madre: nombre que se pega a los labios como un beso.  
La Mancha es tierra de matriarcados callados, pero fuertes. De puertas hacia fuera el hombre es el que manda, de puertas hacia adentro la mujer decide, ordena, y piensa en lo que realmente conviene a la familia.  Las mujeres de esta tierra han estado siempre luchando por la existencia igual que los hombres, codo a codo, paso a paso, sudando en los veranos, pasando frío en los inviernos…haciendo lo que fuera preciso. Fuerza y cultura ancestral de un pueblo que sin saberlo conserva su historia milenaria en los bailes típicos, en ese folclore que evocan danzas dedicadas al sol  al bailar formando corros con los brazos en alto, círculos  mágicos que se forma alrededor de una hoguera donde todos se congregan.
 En la hospitalidad manchega de compartir lo que se tiene con el que llega a nuestra casa. Presente en la vieja tradición de sanar por medio de yerbas y oraciones. En esa forma austera del hombre de la tierra, de predecir la lluvia, según el viento venga y sople. En conocer el paso de las horas por la sombra del sol, o con mirar en las noches las constelaciones…
Hay mucho que indagar y mucho más que decir de esta tierra. Hay que recordarnos los unos a los otros, que descendemos de una estirpe legendaria y que vivimos en una tierra mágica.
     No hay pueblos olvidados, hay pueblos  con un gran patrimonio prendido entre sus manos.
    Hay que mirar de frente cuando se habla de La Mancha, y no olvidar que La Mancha es un gran santuario donde todos  convergemos, existimos y nos renovamos.
Los viajeros que llegan aquí por vez primera y la descubren, se sorprenden de su insólita belleza, y muchos de ellos captan la magia de las noches donde las estrellas, con su clamor de luz brillante y , nos habla en lo más recóndito del corazón de eternidad  y misterio.  Y si ven el amanecer, acumulan en su sangre la vida que emerge con la aurora, y metafóricamente, se ponen de rodillas al contemplar los contornos de los pueblos, de las lagunas que aún no hemos destruido, de los viñedos que en su soledad nos hablan de trabajo y paz, y presienten que las encinas y los surcos labrados no son fruto de un pasado cercano. Porque a pesar de nuestra ignorancia, en ocasiones, cuando nos dejamos impregnar de lo que nos rodea, los lugares nos trasmiten su fuerza y nos amarran a su belleza.
  
Molino en los campos de Montiel, Ciudad Real
Nuestra tierra posee una magia extrasensorial que late en todos sus contornos, y fuerza  que brota de la vida que en ella siempre existe. ¿De dónde si no, nace la sensibilidad de los poetas y los pintores; el tesón de las gentes que la pueblan desde tiempos remotos, y el  quedarse a vivir  para siempre, gentes diversas que la aman y que jamás la abandonan.?
No estamos deshabitados de historia, ocurre que en ocasiones, quizá demasiadas, no  se reconocen los innumerables vestigios que  muestran su geografía  de tierra habitada. Todo eso es posible, pero de lo que no podemos escapar es a su influjo, a su magnetismo y a su misterio y eso solo se da en lugares mágicos y sagrados por lo que  La Mancha, sin lugar  a dudas, es tierra ancestral.
Tierra donde sus habitantes piden, rezan e invocan la protección a Dios desde miles de años en los mismos lugares. Lugares reservados en los montes, junto a los árboles sagrados, junto a rocas y fuentes elegidos, todos ellos, para tributar culto a las divinidades. Cultos relacionados con las estaciones del año, con la vida y con la muerte, con el fuego y el agua, con el bien y el mal, con la naturaleza y los animales, unido en un círculo mágico de fuerza interminable. 
La fuerza de la piedra formando círculos, donde los celtíberos dejaban sus muertos para que los cuervos los despedazaran, porque el cielo era el reino de los muertos, y Dios residía en las alturas. Piedra y tierra con nombres propios, bombos, chozos, motillas, majanos, aras encontrados en los montes, nombres de pueblos que evocan un pasado, vestigios de una cultura adormecida y camuflada para engañar al conquistador, raíces que debemos conocer y recuperar porque son nuestro orgullo de y nuestra fuerza jamás extinguida.
      Queda mucho por decir y documentar, solo he pretendido trazar una rápida visión de la pluralidad compleja que nos precede, de acercar esa presencia invisible que sentimos en algunos lugares