LA COCINA BIZANTINA, por José Manuel Mójica Legarre, escritor y cocinero gastronómico de los que quedan pocos.

Culinariamente hablando, fueron los bizantinos quienes se instalaron, como ceremoniosos dueños, en el protocolo recóndito y pomposo de las grandes mesas imperiales. Salvaguardaron platos, recogieron recetas, prodigaron condimentos y especias, haciendo de lo vasto de sus cocinas un feudo subterráneo y maravilloso en el que los cocineros podían trabajar a sus anchas sin tener otra preocupación que la de hacerlo lo mejor posible sin tener en cuenta lo que gastaban; se ve que, desde siempre, quienes cobran los impuestos, no se sienten obligados a medir sus gastos. Constantinopla fue una de las urbes más amplias y prósperas de la cristiandad durante la Alta Edad Media. El Imperio Bizantino duró más de diez siglos, gobernado por grandes emperadores, sostenido por sutiles diplomáticos, hubo generales victoriosos y marinos ilustres, y conservó el cristianismo como religión propia del área del Mediterráneo. Fue el centro de una civilización admirable, la más exquisita y la más interesante que conoció la Edad Media.

Por otra parte, transfirió al mundo árabe todo el conocimiento grecolatino. Todos los conocimientos del sibarita Apicio pasaron a la cocina árabe a través de Damasco y luego de Bagdad. El imperio bizantino no fue un área geográficamente determinada, ni la nación de un pueblo, ni la unidad de una raza, sino una civilización. Se mantuvo a base de la creencia en la fe cristiana, de una concepción política del Imperio, del decoro solemne de la púrpura imperial y de una animación material y positiva que fue la economía; esta se conservó próspera incluso en momentos muy difíciles y, estoy seguro de ello, no fue por hacerle caso a la emperatriz de los tudescos ni por rescatar con grandes cantidades de piezas de oro a la banca de la época. A pesar de todo, esta etapa de transición se caracteriza por el desorden político, además de las invasiones que al mismo tiempo amenazaban al imperio Romano.

Se dice que en esta época 49 emperadores le suceden al último emperador de la dinastía, y 29 de ellos mueren asesinados. No es sino hasta que un soldado llamado Diocleciano se hace emperador gobernando durante 20 años, formando una tetrarquía, es decir que 4 personas se van a encargar de 4 diferentes regiones del vasto Imperio. El gran escritor venezolano Miguel Otero Silva en su obra “Cuando quiero llorar, no lloro”, describe con una gran dosis de humor negro lo que sucedió en aquellos convulsos años y pone en boca de Diocleciano una relación que no me resisto a incluir aquí. Lean que no tiene desperdicio.

“Yo no nací para emperador, al menos así se desprendía de las apariencias, sino para cultivador de hortalizas, capador de cerdos o soldado muerto en combate; no tuve padre cónsul, ni abuelo senador, ni madre ligera de cascos, circunstancias que tanto ayudan en los ascensos, sino que me engendró en mujer labriega un liberto del senador Anulino, liberto y padre mío que en su niñez rastreaba moluscos por entre los peñascos de Salona.

Pero desde muy joven me indicaron los presagios que en mis manos germinaría la salvación de Roma: la estatua de Marte enarbolaba el escudo cuantas veces pasaba yo a su lado, una noche se me apareció el propio Júpiter disfrazado de toro berrendo bajo la luz de un relámpago; comprometido por tales auspicios me hice soldado sin amar la carrera de las armas; me esforcé en razonar como los filósofos cuando mi inclinación natural era berrear palabrotas elementales en las casas de lenocinio; me volví simulador y palaciego, yo a quien tanto agradaba sacar la lengua a las obesas matronas y acusar en público de pedorros a los más nobles patricios; obtuve la jefatura de la guardia pretoriana no obstante el asco que me causa el oficio de policía; y finalmente le sepulté la espada hasta los gavilanes al Prefecto del Pretorio, Menda que no podía ver una codorniz herida sin que se me partiera el alma. Y cuando ascendí por riguroso escalafón de homicidios a emperador de Roma, ¿qué restaba del imponente imperio de Octavio y Marco Aurelio? Quedaba un inmenso territorio erosionado por el roce de todos los vicios, amenazado desde el exterior por los bárbaros de más diversos bufidos y pelajes, minado en el interior por los nietos y biznietos de los bárbaros que se habían infiltrado en la vida pública a horcajadas sobre el caballo de Troya de las matronas cachondas, una nación exprimida y depauperada por los agiotistas, una república de cornudos y bujarrones donde ya nadie cultivaba la apetencia de sentarse en el trono, porque sentarse en el trono constituía experimento más mortífero que echarse al coleto una jícara de cicuta. Así las cosas, subí yo al gobierno con dos miras precisas: reconstruir el devastado imperio y morir en mi cama con los coturnos puestos, esta última empresa más difícil de sacar a flote que la otra, si uno se atenía a los antecedentes inmediatos. Oído al tambor en los postreros cincuenta años: al óptimo soberano y ejemplar hijo de familia Alejandro Severo se lo echaron al pico sus soldados, acompañado de su admirable madre Mammea, que también obtuvo su mortaja; le correspondía el trono a Gordiano I, mas Gordiano I se dio bollo a sí mismo al tener la noticia de cómo el exorbitante Maximino (un metro noventa centímetros de altura) se había cargado a su hijo Gordiano II; en cuanto a Maximino, y de igual modo a Máximo, a quien el gigantón había designado como César, fueron tostados por la tropa; le tocaba el turno a Balbino, y lo peinaron alegremente los pretorianos; venía en la cola Gordiano III que, al par de su tutor y regente Misisteo, recibió matarile de Felipe el Árabe; un lustro más tarde los oficiales de Decio madrugaron a dicho Felipe el Árabe, durante la conmemoración de la batalla de Verona, en tanto que a su hijo Felipe el Arabito le llenaban la boca de hormigas en Roma, doce años no más tenía el pobrecito; Decio a su vez fue traicionado por sus generales y entregado a los godos para que esos bárbaros le dieran la puntilla; Galo al bate, lo rasparon sus milicianos y, después del consumatum est, se pasaron a las filas de Emiliano; los mismos destripadores le extendieron pasaporte a Emiliano, a los pocos meses, por consejos de Valeriano; el sufrido y progresista Valeriano cayó en manos del persa Sassanide Sapore, lo torturaron aquellos asiáticos, lo castraron sin compasión, lo volvieron loco a cosquillas, lo enjaularon como bestia y, de postre, le arrancaron el pellejo en tiritas, ¡caníbales!; a Galieno, poeta inspirado e hijo de Valeriano, lo siquitrillaron unos conjurados, inducidos a la degollina por un general de nombre Aureolo; Claudio II, que vino luego, le cosió el culo a Aureolo, en justiciera represalia; la peste, o un veneno con síndrome de peste, ayudó a bien morir a Claudio II; apareció entonces un tal Quintilio, hízose pasar por hermano del difunto, pero no tardó en suicidarse, lo cepillaron es la verdad histórica, a los 17 días de vestir púrpura imperial; surgió inesperadamente Aureliano, mano de hierro, el único en el pay roll con categoría de emperador romano, lo cual no impidió que el liberto Mnesteo, asesorado en el de profundis por el general Macapur, le cantara la marcha fúnebre; llamaron a Tácito, un venerable anciano de 75 años que ninguna aspiración de mando albergaba en su arrugado pecho, lo coronaron contra su voluntad y al poco rato le cortaron el resuello; y como Floriano, hermano y heredero de Tácito, pretendió el muy ingenuo gobernar sin el respaldo del ejército y sin la aquiescencia del senado, no transcurrieron tres meses sin que le doblaran la servilleta; entró en escena Probo, un tío inteligente y precavido que logró mantenerse seis años sobre el caballo, creyó entonces haber llegado al momento de hacer trabajar a los soldados en la agricultura, le fabricaron en el acto su traje de madera; un año después fue limpiado Caro misteriosamente, unos dicen que fue un rayo y otros dicen que su suegro; quedaba Numeriano, hijo de Caro, mas el prefecto Arrio Apro lo puso patas arriba; y en ese instante me adelanté yo al proscenium y, para no ser el de menos, descabellé a Apro y le compré su nicho, mientras Carino, legítimo aspirante a la corona, era borrado del mapa por la mano de un tribuno a quien el mentado Carino le barrenaba la esposa; ¿es éste un imperio honorable o una trilogía de Esquilo? Único salidero para escapar del magnicidio era la aplicación de la teoría euclidiana de las proporcionalidades y proporciones, y conste que estas tímidas inmersiones en las linfas de la cultura griega son consecuencia de las prédicas de Ateyo Flaco, erudito esclavo corintio que me llevaba las frutas secas del ientáculum (desayuno, caballeros) a la cama. El cálculo aritmético señalaba que, si existían cuatro emperadores en vez de uno, las posibilidades de degollar a un emperador se reducían a un veinticinco por ciento. Y si ninguno de los cuatro príncipes tenía su asiento en Roma, cuando los ciudadanos capitolinos, que eran los más tenebrosos, decidieran sacarles los tuétanos y arrojar sus cadáveres al Tíber, veríanse compelidos a sobrellevar agotadoras expediciones hasta remotas comarcas para transportar los cuatro fiambres, acortándose así el veinticinco a un reconfortante cinco por ciento, menos del cinco si alojaba a Maximino en Milán, colocaba a Constancio Cloro en Germania, establecía a Galerio en la futura Yugoslavia y yo me largaba a Nicomedia, en el Asia menor, lo más lejos posible de estos lombrosianos. Otrosí. La razón más usual de morir los emperadores romanos se originaba de esta guisa: a los generales triunfantes se les subían los humos a la cabeza y decidían asesinar a sus soberanos con el propósito de sustituirlos en el solio máximo. Y como los generales triunfantes eran imprescindibles para mantener a raya a los francos, británicos, germánicos, alamanes, borgoñeses, iberos, lusitanos, yacigios, carpos, bastarnos, sármatas, godos, ostrogodos, gépidos, hérulos, batrianos, volscos, samnitas, sarracenos, sirios, armenios, persas y demás vecinos que aspiraban a recuperar sus regiones tan honestamente adquiridas por nosotros, ocurrióseme la idea de seleccionar tres generales, los tres generales más verracos del imperio (mi mejor y más obediente amigo, un segundo a quien convertí en mi yerno y un tercero a quien convertí en yerno de mi mejor y más obediente amigo) y otorgarles tanto rango de emperadores como el que yo disfrutaba, con igual ración de púrpura que yo, aunque la verdad era que no mandaba sino el suscrito”.

 

Sigamos. Diocleciano deja el poder y comienzan una serie de luchas entre los citados subgobiernos, encontrándose entre ellos Majencio, Severo, Galeno, Liciono y Constantino Cloro, ganador de estas batallas y fundador de la Nueva Roma, es decir del Imperio Bizantino. Constantino se nombra emperador y a raíz de las amenazas de los invasores a Roma, cambia la capital a Bizancio, antigua colonia griega, y la hace llamar Constantinopla, cambiando así el centro de gravedad de Occidente a Oriente.

Constantinopla hizo transitar todo el negocio mundial por su ciudad. Desde las sedas de Oriente (primordial fuente de rentas), hasta las especias, el comercio bizantino adquirió, entre los siglos IX y XI su máximo esplendor. Desde el primer momento, Bizancio se consideró a la altura de Roma y cuando ésta cayó, Constantinopla tuvo el orgullo de conservar los usos romanos que poco a poco se fueron contaminando de orientalismo hasta que esta nueva Roma se parecía tanto a la original como un huevo a una castaña.

 Cuando se celebró el cónclave de Nicea, en el año 325, el emperador Constantino abrumó a los padres de la iglesia con un banquete tan abundante y espléndido que según contaron aquellos teólogos: «la mesa daba una idea de los placeres reservados a los elegidos del Paraíso».

El propio Constantino construyó, cerca del hipódromo una sala fundamentalmente disponible para los grandes festines; el emperador y sus convidados, comenzaron a comer sentados y no tendidos como en la época romana. El vino griego espeso, dulzón áspero y acanelado, al que los padres de almas no hacían ascos, era transportado en grandes vasijas de oro, las cuales eran tan pesadas que debían ser transportadas por dos esclavos.

 En los Calendarios del Imperio, se seguía la regulación de la usanza hipocrática, aunque sobrepasada por los gustos orientales. En estos textos, se señalaba que los bizantinos gustaban de unos alimentos muy específicos, elaborados usando muchas especias. La cocina tendía a disimular los sabores naturales y llegaba a mezclar los condimentos y las especias con las frutas más variadas; la cocina, pues, no pudo dejar de viciarse con el abundante mercadeo de las especias, los productos de su lonja y las importaciones que llegaban a diario a sus muelles.  También había otros negocios importantes, como era el caso de los perfumistas que vendían fragancias, tintes y especias; fabricantes de cera y de jabón; artesanos de cuero, carniceros, pescadores panaderos etc., además de que el arte de la tapicería ya estaba introducido en Constantinopla. La de Bizancio fue una gastronomía por demás intransigente y solemne que llevó hasta los extremos el protocolo detallista en la cocina. En la época se acostumbraban a consumir tres comidas: el progeuma o desayuno matinal, el geuma al mediodía y el deipnon o cena. Las comidas se hacían en familia, pero cuando había extranjeros invitados, no asistían las mujeres; pero los invitados cambiaban de calzado antes de colocarse ante la mesa. Sentados en sillas o bancos, los comensales recitaban antes de comer una oración para bendecir los alimentos. Se piensa que los invitados de escasos recursos tomaban el alimento con las manos, y aunque se encontraron cucharas de plata en diversos yacimientos se piensa que no eran de uso frecuente. Sin embargo los bizantinos, a la hora de comer, fueron enrevesados y refinados e inventaron entre otras cosas el uso cotidiano del tenedor de dos dientes, aunque se supone que sólo se usaba para servirse de la fuente común. Antes de la comida, la dueña de la casa limpiaba la mesa la cubría con un mantel y se colocaban servilletas, así como jofainas con agua para lavarse las manos, que era signo de buena educación. Los cocineros bizantinos aprendieron a cocer al punto los pescados, y la cacería de pluma se acondicionaba con un moje de mostaza con sal, comino, pimienta y canela, haciendo que no conociera el sabor de los alimentos originales ni la que los parió.  Los bizantinos gustaban de las carnes tiernas sobre todo de animales jóvenes, corderos, cabritos, gazapos y lechones. Se deleitaban con las menudencias y los despojos. Las manos de cerdo y cordero, las tripas, el hígado, los riñones, ubres de cerda, llegaron a las grandes mesas al mismo que las ranas y esturiones, que eran muy solicitados, lo que les convierte en reyes de la casquería y los menuceles mucho antes que los franceses. Además de venados, faisanes, gansos, gallinas y por supuesto el pescado, les gustaba la carne hervida; el cordero y el cabrito lo sazonaban con coriandro verde y pimienta. En un festín imperial un cabrito fue obsequiado flotando en salmuera relleno de ajo, cebollas, y puerros. Los cocineros bizantinos asaron pichones, elaboraron faisanes encebollados acompañados con ciruelas, perdices rellenas de leche agria, los pescados ya eran hervidos u horneados se acompañaban con salsas exóticas. También los freían envueltos en harina de mostaza o los acompañaban con una salsa de nardo y coriandro o se lo comían cocido con una salsa espesa de puré de merluza;  además de pescados salados consumían mucho atún, que estaba considerado de uso común aunque fuera bonito y del norte. Gozaban con las legumbres frescas y las coles, verdolagas, lechugas, espárragos, alcachofas, setas, además de habas, lentejas, garbanzos y guisantes. Los espárragos los comían con una mezcla de aceite y laurel, la lechuga con aceite y vinagre, las habas las sazonaban con sal, aceite verde y comino -de igual manera sazonaban los guisantes y los garbanzos-. Gustaban también de los purés de legumbres sobre todo de trigo que aromatizaban con miel, nardo, canela y vino denso del Peloponeso.

Adoraron el ajo verde, que condimentaban con aceite y sal. Su “skoodaton” era una especie de emulsión semejante a nuestro alioli, aunque como condimento se añadían alcaparras y mostaza. Además de los vinos del país, eran muy solicitados los de Chipre, Siria, Palestina y África del norte. El mejor vino que conoció Bizancio fue el de la Isla de Samos. La repostería bizantina fue prodigiosa y en ella se ocupaban infinidad de maestros confiteros, queseros, y grandes artesanos de exquisiteces aromatizadas. Freían buñuelos de miel y de nardo, confituras de membrillo perfumadas de rosas, arroz con miel, cremas con miel y nardo, pasteles de nueces, jaleas y mermeladas de manzanas, peras y ciruelas. Como curiosidad apuntaré que en los conventos se hacia un postre llamado “barbas de monje” que era una especie de huevo hilado montado sobre un bizcocho redondo, relleno de frutas y de almíbar y pastas de hierbas de olor. Con este platillo nace en Bizancio el huevo hilado que, como muchos dulces y licores no pudo nacer sino en un convento. La repostería se acompañaba de vino especial a base de pimienta, clavo, canela y nardo. Otros vinos eran aromatizados con ajenjo, esencia de rosas y otras hierbas. Parece ser que el hojaldre nació en Constantinopla -los franceses, ¡faltaría más!, opinan que el hojaldre lo inventó en el siglo XVII Claude de Lorraine que fue panadero, además de inestimable pintor. Hay que acotar que los bizantinos fueron maestros queseros y de las cuajadas.

El pan de pura harina de trigo del país era universalmente apreciado, presidía casi todas las mesas bizantinas, excepto en la de los mendigos. Se distinguían tres clases de pan; las dos primeras se diferenciaban en la finura del cernido de la harina la tercera que tenía color de salvado y contenía harinas extranjeras se consideraba de baja calidad. Contando con productos de la mejor calidad de todo el mundo, la mantequilla venía de Moldavia, venados de carne salvaje y perfumada de Transilvania, faisanes de la Colquida, actualmente parte de la República de Georgia, aves de Brussa, que se levanta a orillas del mar de Mármara, cerezas de Chipre, dátiles y peras de África, sandias y melones de la actual Anatolia, miel de Besarabia situada al este de Rumania, aceite de Creta, uvas pasas de Corinto, vinos para cocinar de la Argólida, etc. En las cocinas imperiales se sacrificaban las tortugas marinas de Nauplis, con las que se hacia una sopa gloriosa: despedazaban a la tortuga en vivo, la cocían con laurel y una vez al punto y con su caldo, lo pasaban a un recipiente de plata donde la rociaban con una salsa clara que era una especie de emulsión de aceite, ajo y uvas pasas con almendras finamente picadas. Abreviando, la cocina bizantina usó de los rellenos y se preció de aromatizar las salsas con diferentes hierbas. Fueron también maestros del arte de picar la carne y sazonarla. Su cocina influyó en la cocina árabe y también en la de Europa central. Asimismo, la cocina eslava, con sus sopas de trigo, faisanes revestidos con mermelada de ciruela, uso y abuso de la leche agria, debe mucho a la cocina de Constantinopla.




POESÍA DE MARCELA PREDIERI, página al cuidado de Nicolás del Hierro

Marcela

Nació en Argentina, en su capital, Buenos Aires. Reside en Mar del Plata desde. Ha publicado los siguientes poemarios: Sangre de Amarras, ed. Nuevo Milenio, 1989; Invierta un hijo, ed. Nuevo Milenio, 1991,  La Pancarta, ed. Martín, 2000 y  Los Andamiajes del Miedo, ed. Martín, 2002. Participó en las siguientes antologías: Clepsidra Taller ’86, 1986; Anuario Argenta de Poesía, 1989; IV Antología de la Poesía Joven Argentina, 1989; Premio Leopoldo Marechal, (poesía) 1991; Anuario del Cuento Infantil, ed. Alción; Celajes, (cuentos) 1997; Cuentos y Poesías, ed. Albatros (1998) En siete días (poesía), 1998; Del Papelero (cuentos), 2000, Te cuento un cuento, (infantil) (2000), Poetas y Plásticos Unidos en el Arte, (pomas ilustrados) (2001). Poemas de La Palabra, 2003, Anthilogya (poemas), 2004; Metamorfosis Urbana (cuentos) 2004, estos últimos de Ed. Martín, Las Voces del Mundo, C. Hispanoamericano de Artes y Letras, Uruguay 2005; Mar del Plata Bardo (poemas) 2005; No hay que matar a la madre (cuentos) 2005; Sucedió en Mar del Plata (relatos) 2005; Nube Sube (cuentos infantiles) 2005. Coordinó y participó en la novela experimental Puzzle (escrita en colaboración entre 10 narradores). Ha integrado los staff de diversas revistas literarias, dirigido dos (La Mazmorra y La Avispa) y es colaboradora del diario La Capital, de Mar del Plata. Como defensora de la integración de las artes en 1990 colaboró en “El teatro de la pintura” organizado por UBA como guionista; participa en recitales poéticos, coordina distintos ciclos del tipo “Café Cultural” en La Rada -Centro Cultural de Arte y Salud-, participa y organiza distintas muestras de escritores junto con artistas plásticos, músicos y actores; asiste regularmente a colegios fomentando el libro y el acercamiento con el lector, y es frecuentemente convocada para dar conferencias u oficiar como jurado de concursos literarios
Pasamos a poner unos poemas de su autoría.

HAY QUE ENSUCIARSE LOS OJOS

Hay que ensuciarse los ojos
y ver sus cuellos que se arquean
a abrasar la muerte
Hay que mirarlos
como árboles amarrados a sus huérfanos
entre el polvo y las barajas
A ellos
de hembra alguna
que tienen precio de orgía
y besan  en el agua
las huellas del deseo que saben mutilar
que sólo conocen la lengua de su espejo
Que no pueden evitar
ser soga de mendiga colgada a sus monedas
pan en la boca de un tigre
nudillos al borde de no importa qué plegaria manoseada
Hay que saber desnudarles el pellejo
sepultar sus rodillas
masticarlos como a hostias
desgastarlos como a un centavo ciego
y dejarlos inmóviles de tiempo
para ver lo que esconde la sepultura de sus cejas
y descubrir por fin
que lloran como cualquier mortal
y que como a cualquier mortal
la madre los traiciona
Y serán tan bellos cuando lloren
cuando los veamos morder con oficio de Dios
ese miedo de pájaro a subirse a los ojos de los gatos
mientras yo los araño
 

NO ME QUIERO BAÑAR

El agua me arranca de tu cuerpo / no tan suave  / ni tan lento
como tu lengua arrasando mis costillas//Me viola los espacios prendidos a tus ojos /// Una voz de tango resuena atrás de los relámpagos que lamen el acantilado //
El agua me lame / tus manos se derriten en mis senos / Las acompaño con espuma hasta las rodillas quebradas / que ayer / fueron súbditos de un tirano
que latigó saliva y perros //
Todo es negro / como el orgasmo en el que caigo sin querer // Y sin patena caigo / hostia de tus manos // Pero no hay milagro /
La espuma y tu cuerpo se van por la rejilla //
Resbala tu mirada de mi boca / tu lengua interminable de mi ombligo /
tus dedos de mi piel muerta de frío ahora / muerta de miedo / pura sed de roca y tigre // y la sábana se hace tundra // El agua me está huyendo / se envuelve en grito / aquieta mi cabello erizado de palabras ///
Bebo un sorbo que termina de enmudecer tu sabor a vino y sed / musgo y espejo // Vuelvo a ser rata / aunque seas vos el que repta por las cañerías
y se hace túnel río mar / cada vez más rápido / cada vez más lejos /
cada vez más viento y más pasado //
Mientras / yo me seco lentamente / y busco a ver si ha quedado algo de tu color /
tal vez en las axilas / entre los dedos de los pies //
Me miro en el  espejo // Estoy tan blanca de vos ///
Es el día uno de la espera / es el día uno de la sed y los trapecios // Habrá que gestar equilibrios / pernoctar pájaro //
Me recorro con miedo de agujas el escote / el cuello // Nada //
Me barro la boca de tu boca / las sienes de toda fotografía sepia
que no conduzca hasta esos ojos / donde el agua no penetra /
y vos / me seguís besando///
 

PARADOJA DE LIBERTAD

Desgarran blasfemia y luto
a la sombra talada de la muerte
Entre azahar y ripio ha muerto el gigoló
El que había besado las bocas de los hombres
devaneando entre ruedos
como un esquife su lengua apócrifa
que había bebido la inocencia de los muslos
No hay grito más profundo
que el centro de una mujer donde él ya no será
Amoratada de vino   la lengua del beso
envuelve con rouge a las conciencias
La flor del invierno huye entre jadeos
incienso y sudor
sábanas húmedas
El amaba la inocencia y la lujuria
Y las prostitutas abrían sus corpiños
para cobijarlo   débil
entre miel y organza
El era virginidad fértil de consuelos
Ellas lo amaban
Y caían en la red de sus abrazos
con vértigo de ser ausencia los tactos
Ellas amaban su látigo y su risa
El las amaba
Mas allá todo abismo es casto
la aguja del verano intenta pernoctar en el desierto
Pero el gigoló cerró su abrigo para entibiar a otra mujer
y fue entonces la primera piedra
y por monedas besadas de rouge entregado como Judas
Ahora bailan bautismos negros las señoras
Con una cuerda arrojada hacia lo alto
lo ahorcan
lo bendicen

 




BALTASAR DE ALCÁZAR (1530-1606) por Nicolás del Hierro, poeta

 

Baltasar de Alcázar

Baltasar de Alcázar (o del Alcázar) nació en Sevilla el 1530, de una familia acomodada de conversos y falleció en Ronda el 16 de febrero de 1606. Militar y político, su sensibilidad y cultura le permitieron escribir y consagrarse a otras artes. Amigo del pintor Pacheco, a través del Conde Duque, hizo llegar la proteción de Velázquez ante el Rey y con el autor de la Rendición de Breda asistían a la especie de academia que tenía en su estudio el primero de los pintores, estudio que alguno de sus coetáneo llegó a calificar como “la cárcel dorada del arte”, donde solían acudir, entre otros, Góngora y Quevedo. De carácter alegre y jovial, estoico por naturaleza, Baltasar jamás buscó la fama y la poesía fue para él un deleite y una recreación. Estudioso a los clásicos latinos, especialmente a Marcial, tomó de éste la ironía, pues si bien no se puede decir que la imita, en buena parte de la obra del sevillano no deja de notarse la influencia que aquél. Veamos unos breves ejemplos.

JOB

A Job el diablo tentó
con tanta solicitud,
que los bienes, la salud
y los hijos le quitó.

Más no pudiendo vencer
su virtud, por inquietarle,
trató de desesperarle
y le dejó… la mujer.

EL ESTUDIANTE

Cierto día un estudiante
al revisar su ropilla,
se encontró en la pantorrilla,
un enorme interrogante.

Siguió el pobrete adelante,
y al ver que en puntos hervía
su calceta, maldecía
diciendo: «¡Cuán bueno fuera
si más estambre tuviera
y menos ortografía!»

CONSTANZA

Dos galanes pelearon
sobre Constanza una tarde:
Mirad, así Dios nos guarde,
para donde lo guardaron.

Si nació la enemistad
de verse un poco apretados,
dos pueden caber holgados
y aún tres a necesidad.

LA NARIZ DE CLARA

Tu nariz, hermana Clara,
ya vemos visiblemente
que parte desde la frente:
no hay quien sepa dónde para.

Mas puesto que no haya quien,
por derivación se saca
que una cosa tan bellaca
no puede parar en bien

A UN GIBOSO DE DELANTE

Un socarrón mesonero
dijo a un giboso al revés:
– No me neguéis esta vez
que cargasteis delantero.

El gibado, a estas razones
replicó: – Es muy importante
llevar la carga delante
quien se halla entre ladrones.

A UNA MUJER ESCUÁLIDA

Yace en esta losa dura
una mujer tan delgada
que en la vaina de una espada
se trajo a la sepultura.

Aquí el huésped notifique
dura punta o polvo leve,
que al pasar no se la lleve,
o al pisarla, no se pique.




LA MEDICINA EN LA EUROPA MEDIEVAL, por Claudio Becerro de Bengoa Callau. Escritor y Médico

Salernitana

A lo largo de la historia de los pueblos, no sería baladí, afirmar   que la medicina en esa época medieval, que abarca desde la caída de Roma en manos de los godos, el año 476, a la caída de Constantinopla en 1.453  ante los turcos, se considera habitualmente como hito inicial y final de la Edad Media, conocida como la “Edad de la fe”, en la que se refleja una tremenda pérdida  de confianza en el individuo.  Viviendo centrados  exclusivamente en la fe.

    Con ella se entra en un  periodo de oscuridad, durante casi mil años, ya que en realidad la medicina de Galeno fue la última estrella que brilló  en el crepúsculo de la antigüedad, cesando con ello la investigación, tanto  anatómica como fisiológica,  pasando a estar dominada por la relajación y la magia y por tanto regresando en parte a la hechicería, hasta que de nuevo la luz  vuelve a su presencia en la época del Renacimiento, reemprendiéndose el progreso.

    Ahora bien, en este intermedio negro de banalidad, hay que destacar dos estrellas que brillan con luz propia. Una  es la figura de ALEJANDRO DE TROLLES y la otra, la Escuela de Salerno.

   Alejandro de Trolles, médico del siglo VI, muy hábil, fue un científico independiente, con excelentes dotes de observación, que viajó por España, las Galias, Italia y Grecia, estableciéndose definitivamente en Constantinopla, se caracterizó por inclinarse hacia el pragmatismo, no limitándose solo a repetir a Hipócrates, a Galeno o alguna Escuela intermedia, que le proporcionó fama y popularidad, al insistir en que el tratamiento debe ser guiado por los síntomas  más  que por las teorías. Pero curiosamente ese pragmatismo le conduce a prescribir tratamientos,  tan curiosos como el de la epilepsia, que decía:

    “Se  tomara un clavo de un barco hundido y hágase con él un brazalete y póngase en este una porción del corazón de ciervo, arrancado del cuerpo del mismo que  está todavía vivo y los resultados serán asombrosos.”

       Alejandro de Trolles, consciente de su ridiculez, afirmaba que aunque no hubiera ninguna razón racional de que los amuletos les defendieran, de hecho les defendían y por ello utilizó también la magia en sus curaciones. Así vemos como por ejemplo en las  fiebres intermitentes, recomendaba llevar una aceituna, en la que había escrito unas silabas sin significado, “ka”. Otros muchos médicos entremezclaron, igualmente, los conceptos racionales derivados de la medicina helenística con las plegarias y pociones, amuletos y rezos llevados en esos  momentos a la práctica profesional.

        La enseñanza de la medicina, no se estableció de forma real y efectiva en las Comunidades Monásticas ni en las Escuelas agregadas a las Catedrales del renaciente Sacro Imperio Romano, sino que lo hizo en las nuevas Universidades, entre las que destacó la de Salerno, en el Sur de Italia, situada en el golfo Paestum.       

        La Escuela de Salerno cuya fundación se calcula, pudo ser, hacia el año 529, salvando la leyenda que es apócrifa, fue fundada por un judío Elinus, un griego Pontus, un árabe Abdela y el latino Salerno y junto a ellos impartieron  docencia, por primera vez en la Historia de la Medicina,  cinco mujeres medicas: la judía  Rebeca Guarna, Abella la árabe, las  alemanas Constanza y Calenda y la más famosa de ellas Trotula de Ruggiero, (1.110-1.160) , que estaba al frente del departamento de mujeres y era la responsable de la enseñanza de la patología ginecológica en la Escuela, conocida como la legendaria “dama trot”,  casada con uno de los fundadores de Salerno llamado Joanes Platearius. 

        En realidad brillara como segunda estrella, debido a que su medicina profana  pero  organizada, establecida en el siglo XI, no puede ser considerada en realidad como la primera Escuela de Medicina, ya que anteriormente existió la  Escuela de Alejandría, en tiempos de Herofilo y Erasistrato, a pesar de que  se carece de  documentación acreditativa y tan solo se dispone de informes boca a boca y por leyenda.

       Salerno, ya había sido popular, en el siglo II, como lugar de restablecimiento siendo un  balneario en el Imperio Romano  y casualmente se encontraba en la cercanía del Monasterio Benedictino de Monte Casino, fundado por San Benito de Nursia (450-554), el autor de “ora et labora” y  patrón de la Cultura Europea,  que conocía la Regla de Pacomio (+348), que fue el primer ermitaño que más tarde estableció las primeras Reglas Monásticas para un cenobio. Entre sus propósitos figuraba la conservación y copia de viejos manuscritos  y fue germen de la cultura europea, influyendo muy positivamente en el enfoque científico de la Escuela de Salerno, que por cierto será la primera Escuela Médica no regida por religiosos, desempeñando  un  gran papel en la transición de la medicina monástica a la laica, pudiendo disponer de antiguas obras de medicina, lo cual le daba cierto prestigio  acrecentado  por la producción  de ciertos textos, como fue el poema en latín sobre dietética y preceptos higiénicos, titulado  “Régimen Sanitaris  Salernitanum”,  y que fue  el más popular de los textos de medicina, jamás escrito. En él se atisba un claro encanto hipocrático, recordando:

               “ Utiliza tranquilo tres médicos: El primero el Doctor Descanso,

                luego el Doctor Hombre-Feliz y el tercero el Doctor Dieta.”

      Gracias a la figura de Constantino el Africano (1010-1087) que fue la figura crucial para la instauración de la tradición hipocrática y galénica en Salerno, contribuyendo con ello a como lo hicieron  Cariodoro y San Isidoro de Sevilla, con sus Etimologías, a mantener la continuidad con el  mundo clásico, con sus traducciones al latín de los textos griegos clásico a través de las versiones árabes así como de los textos árabes, al igual que lo hiciera Constantino el Africano, que dominaba el árabe y el latín, lo que le permitió traducir del árabe al latín varias obras de Galeno y de Avicena, consiguiendo la plena asimilación de la medicina clásica griega, con la traducción sistemática del árabe al latín de las más importantes obras griegas e islámicas , teniendo su Ccntro Fundamental en el Toledo del siglo XII. El equipo de Juan Avendahut Hispano traducian del árabe al castellano y Dominicus Gundislvus pasaba los textos castellanos al latín.  Posteriormente fue Gerardo de Cremona quien dirigió el grupo traductor.

  

Sanitatis-Salernitanum

  Digna de mención por su fama y peculiaridad es otra obra, muy famosa de la escuela de Salerno, atribuida a Trotula, que trataba de partos y enfermedades de la mujer, titulada “De passionibus mulierum” muy necesario para las parteras de aquella época, en que solo las mujeres podían atender los partos, mientras les estaba prohibido los demás aspectos de la asistencia médica, a excepción de los relacionados con la lactancia. El tratado es totalmente femenino, pero no se libra de  prejuicios y magias, como podemos comprobar: al dar a elegir  entre una deslumbrante cabellera rubio platino o  un pelo de un  discreto color castaño, mediante la siguiente fórmula: “Calentar abejas en un recipiente de metal y triturarlas con aceite hasta convertirlas en una pomada brillante muy apreciada”. O al prescribir: “un ungüento para labios, para uso de muchachas que tuvieran los suyos agrietados por besos demasiado hambrientos de sus amantes, así como para el amante, si era insuficientemente viril, se recomendaban excrementos de asno.”

     En el año 1.140 Rogerio II de Sicilia, juzga necesario regular la práctica de la nueva medicina profana y su nieto el Emperador de Hohenstaufen, Federico II, especificó en 1224 que todos los candidatos para matriculase en la Escuela de Salerno era imprescindible haber cumplido veintiún años, ser hijo legitimo y haber estudiado tres cursos de Lógica y una vez admitidos cursaban los estudios de la carrera, durante cinco años y luego un  año de prácticas con un  profesor experimentado de la Escuela. Al finalizar los estudios recibía el titulo de Magister o de Doctor junto con un anillo, una rama de laurel, un libro y un beso de paz.

La Escuela Médica de Salerno es la que con su titularidad médica va a permitir sin limitación el ejercicio médico a las mujeres y  no solo influyó en el desarrollo de la práctica médica en el Reino de las dos Sicilias, Montpellier, ciudad perteneciente a la Corona de Aragón sino también al  desarrollo de  otras Universidades:  Bolonia, Padua, Nápoles, etc.

      Durante la Edad Media debido a que el interés académico derivó de los humores en sí, a lo que se supone que eran sus contrapartidas psicológicas,  los pacientes fueron clasificados, según su temperamento en sanguinos, flemáticos, melancólicos y coléricos. Curiosamente se sustituye la cauterización por la ligadura y por el cuchillo (bisturí) en las intervenciones quirúrgicas y se emplea por primera vez las gafas y se destacan en la operación de cataratas

  Los cirujanos se dividieron en dos ramas, unos lo que recibían una formación más elevada y los que se identificaban con los barberos, que pelaban, extraían dientes, arreglaban fracturas y ejecutaban operaciones menores. En Francia tal distinción era  funcional y también legal.

  La cirugía fue considerada una disciplina importante por los maestros de Salerno. Siendo considerados importantes Guillermo de Saliceto,  Henry de Mondeville, cirujano de Felipe el Hermoso y  Guy de Chauliac.

     En cuanto al vestuario del médico salernitano, usará la habitual casaca roja de mangas anchas, que llegan a cubrir el reverso de las manos, la larga y blanca túnica con capucha y una especie de casquete azul que sujeta bajo el mentón. Por primera vez va a auxiliarse en su cometido profesional, de una típica varilla que le servirá para indicar al boticario, a falta de talonarios de recetas los tarros de las especies y plantas medicinales necesarias para preparar las formulas magistrales.

    Los mayores avances que la medicina experimento durante la Edad Media fueron  la regulación de la enseñanza de la profesión  médica, el desarrollo de las ideas sobre el contagio y la adopción de medidas sanitarias y por último la fundación asistencial para enfermos desahuciados, ancianos y abandonados.

     Desgraciadamente entre  las epidemias que  padecieron, muchas  de ellas  fueron  importadas por las Cruzadas, como fue la lepra a pesar de que con su nombre se aplicó a muchas lesiones cutáneas no contagiosas siendo atendidos por los religiosos de San Lázaro y sus “lazaretos”.

     La peste bubónica o Muerte Negra, que afecta a los ganglios, verdadera tragedia y azote de la humanidad, que se llegó a creer que podía ser un castigo divino o por un  fenómeno astrológico. Aparte de las medidas higiénicas de la época se protegían con complicadas vestiduras y mascaras con picos puntiagudos, en donde  depositaban vinagre o  sustancias dulces para contrarrestar el hedor de los bubones y cuerpos descompuestos. En  Ragusa (actual Dubronik) a todos los que habían cruzado el mar Adriatico, se  les obligaba a estar 40 días aislados, dando origen al término de “la cuarentena”, para evitar contagios.

          La peste neumónica que afectaba a los pulmones y era menos letal.

         En Inglaterra, en 1485 apareció una enfermedad, conocida como “sudor anglicus”, caracterizada por un gran sudor  y a los pocos días fenecían. Atacaba más a  varones  vigorosos que a mujeres y niños.             .       

         A finales de la Edad Media, aparece como un histerismo colectivo que es la “manía de bailar” o “baile de San Vito o de San Juan o tarantismo”, bailando constantemente y había que enfajarlos como a los bebes, antecedente de la “camisa de fuerza “.

         La malaria, el tifus, el cólera y otras más siguieron presentes.

         Los tratamientos en la mayoría eran de productos Vegetales como digestónicos, laxantes, eméticos diuréticos y astringentes, etc .Pero la medicación más usada fue la “triaca”, que utilizaba muchos ingredientes, entre  ellos la carne de vibora. También se usaron sus imitaciones como el orviétan. Unido a todo ello figura el uso de amuletos, hasta el extremo de llegar a pensar  que la persona del Rey, tenia acción terapéutica, con el célebre, “Toque Real” para el tratamiento de la escrófula




ARQUEOLOGÍA: POR TIERRAS DE UCLÉS Y SEGÓBRIGA, por Dionisio Urbina, Doctor en Arqueología

Monasterio de Uclés

Muy cerca de la N-III, apenas a 1hora de Madrid, proponemos unas visitas de de un día o de fin de semana. Podemos comenzar por Uclés y sus alrededores. El monasterio de Uclés es de sobra conocido. Los edificios que le dan el apelativo del “Escorial de La Mancha” se levantaron durante todo el siglo XVI y parte del XVII, en muchos casos utilizando las piedras de la vecina ciudad romana de Segóbriga, pero la historia del lugar es mucho más dilatada.

Patio del Monasterio de Uclés

Cerca de Uclés, por el vecino pueblo de Huelves (árabe Wabda) pasaba una calzada romana que desde Segóbriga enlazaba con la ciudad romana de Ercávica (Cañaveruelas, junto al pantano de Buendía), atravesando el interesante pueblo de Huete (Opta en tiempos romanos). En Huelves quedan restos de un fuente romana, así como de un puente junto a la ermita de Riánsares, cerca de Tarancón, por donde la calzada atravesaba ese río. En los alrededores de Uclés se descubrieron algunos restos romanos, uno de los cuales corresponde a un epígrafe que hace alusión al dios Aironis, hallado en el pago de Fuenterredonda (pagus oculenses en la inscripción), situado entre Uclés y Rozalén. Allí puede verse aún una pequeña laguna con piso y bordes empedrados. El dios Airón de época romana es conocido en varias localidades de la Península Ibérica, siempre relacionado con pozos, fuentes o manantiales.

Fortaleza e Uclés

La fortaleza de Uclés es de origen musulmán, construida en lo alto del farrallón que ciñe el río Bedija, y alargando las defensas hacia poniente con una muralla y torres de más de 30m de alto. Desde la atalaya más alta (recientemente restaurada), se podía contemplar una ancha llanura, hasta las sierras de Lillo, Altomira y Almenara, en donde se alzaba otro castillo roquero. Dicen las crónicas que nunca pudo ser tomada por asalto, ni siquiera en aquella triste ocasión en que los cristianos la perdieron después de la batalla de “los siete condes”. Corría el mes de Mayo del año 1.108 cuando las fuerzas almorávides al mando de Tamin Ibn Yusuf cruzaron velozmente La Mancha y llegaron al galope hasta Uclés (Uklis), única forma de sorprender a los defensores de la fortaleza. Tomaron el pueblo y parte de la fortaleza, pero no la alcazaba. Informados los cristianos de Toledo de la llegada del ejército, partieron a su encuentro al mando de Alvar Fáñez, con el infante Sancho (único hijo varón de Alfonso VI) y siete condes. La batalla fue ganada por los musulmanes y allí cayó el joven hijo de Alfonso, muriendo poco después, se supone que en el castillo de Belinchón (Belchùn). Cuando los cristianos huidos llegaron a Toledo, se ponen en boca del monarca aquellas tristes palabras: “¡ay meu fillo! lume dos meos ollos, solaz de milla vellez, ¡ay meu heredero! Caballeros ¿hu me lo dejasteis?”.

Por medio del engaño, los musulmanes tomarán la alcazaba de Uclés y todas las plazas fuertes de la zona. La batalla de los siete condes tuvo lugar entre El Acebrón y Villarrubio, en un lugar que la toponimia ha conservado con el nombre de Sicuendes, junto al río Bedija.

En 1.025 se ubica en Uclés la muerte del califa Mohamed III, llegado allí huyendo de Córdoba donde era perseguido por los nobles en virtud de su gobierno despótico. En 1.157 pasará finalmente a manos cristianas, y en 1.174 a la Orden de Santiago, de la que acabaría siendo cabeza y sede de su Priorato. Descontento Alfonso VIII con el proceder de los caballeros de San Juan, entrega Ucles a la Orden deSantiago con ánimo de que lleven a cabo una ofensiva para reconquistar una vez más las tierras de La Mancha, y así, Pedro Fernández de Fuentencalada primer maestre de la Orden, en palabras del cronista López de Agurleta: recibió la Cruz de su espada, y sus trabajos, para trepar desde la corriente de las aguas a la cumbre. Trepó en fin, desde el Tajo a lo más alto, entre Aurelia (Oreja) y Alharilla y colocó allí el Estandarte de la Santa Cruz. Por ello los caballeros de Santiago fueron conocidos por un par de años como los “caballeros de Alrahilla”. Alharilla es hoy una ermita en un escarpe sobre el Tajo, en término de Fuentidueña, cerca de Uclés, en donde hubo un castillo del que apenas quedan trazas.

Circo de Segóbriga

Camino de Segóbriga desde Uclés, los amantes de los lugares poco transitados se pueden acercar al llamado “castillo palacio de Saelices”, casa fuerte o palacio fortificado del siglo XV, de planta cuadrada con seis torreones, en el que la ruina avanza progresivamente pero que aún se puede contemplar con ese encanto que da la maleza ocupando paulatinamente las obras de los humanos.

Teatro de Segóbriga

La ciudad romana de Segóbriga es una de esas pequeñas maravillas que salpican España sorprendiendo al viajero. Urbe modesta, tuvo la suerte de que tras una pequeña ocupación visigoda su solar fue abandonado en beneficio del cercano Saelices (San Felices), de modo que sus ruinas quedaron cubiertas tan sólo por el polvo de los siglos.

Desde el moderno centro de interpretación caminaremos despacio junto a los restos de tumbas visigodas, dejando a la derecha la explanada donde se está excavando el circo. Al llegar a la colina nos sorprenderán los edificios del anfiteatro a la derecha, pequeño pero excelentemente conservado y el teatro, a la izquierda con las gradas perfectamente conservadas. Ambos son edificios para unos 5.000 espectadores, construidos en el siglo I de nuestra Era e inaugurados con los Flavios, hacia los años 80, momento de mayor esplendor de la ciudad.

Estos dos edificios monumentales flanquean la puerta principal o entrada Norte, abierta en la muralla. Desde ella podemos caminar por Kardo Máximo hasta el foro centro neurálgico de la antigua ciudad, allí imaginarnos el bullicio de la gente paseando entre las tiendas que ofrecían todo tipo de mercancías. El foro estaba rodeado por un pórtico sujetado con columnas. En la parte Este del foro se levantaba la basílica, centro “bursátil” y “corte de justicia” de la ciudad. Hacia el Norte se halla la Curia, donde se ruñía el senado de la ciudad. No lejas están las pequeñas termas del teatro.

La VIII Legión Márcia, a pesar de ser originaria de la Galia Narbonense, tuvo que estar también en Segóbriga

En la misma época que el templo, y a su lado, hacia el Oeste, se construyeron las termas monumentales, a donde acudirían todos las ciudadanos a diario, ya se sabe que a distintos horarios los hombres y las mujeres. Aquel era el centro de reunión, donde se charlaba sobre todo tipo de asuntos, donde se cerraban negocios y se urdiría más de una conjura. Junto al templo se disponía un patio porticado que era la palestra o lugar para hacer ejercicio. De allí se pasaba al vestuario que disponía de una pequeña piscina, y entonces comenzaba el típico recorrido de unos baños romanos, es decir, la sala fría del frigidarium, la templada del tepidarium y la caliente del caldarium, contando además con un laconium o sauna seca que se encontraba bajo los restos de la actual ermita.

Los romanos en realidad apenas sabían nadar, en sus baños realizaban un recorrido pensado para la higiene personal, en el que la temperatura jugaba mayor papel que el agua, reducida a pequeñas piscinas de poco más de 1m de profundidad, o bañeras en las salas calientes. El objetivo era ir abriendo los poros de la piel para después rociarse con aceite pasar por todo el cuerpo una cuchilla curva o estrígilo, que eliminaba el aceite con la suciedad del cuerpo.

Desde este lugar podemos deambular sin rumbo sobre los muchos restos que aún faltan por excavar, y si tenemos tiempo y ganas, acercarnos a las canteras de donde se sacó la piedra para el teatro, a unos 500m de la ciudad, cruzando un puente sobre el río Gigüela. Allí se puede ver además el corte sobre la roca de una calzada y los restos de un santuario rupestre dedicado a Diana, la diosa de los bosques.

Entrada a la cueva de la Mora Encantada, Torrejoncillo del Rey-Cuenca-

Si aún disponemos de tiempo, podemos llegar al castillo de la Puebla de Almenara, verdadero vigía de la Mancha Alta conquense. El castillo conjuga la monumentalidad con el lirismo de la ruina y la perfección del cerro en donde se levanta. Por el camino desde Segóbriga, habremos de pasar por Casas de Luján, antigua casa de labranza del siglo XVI, perteneciente a la Orden de Santiago, hoy convertida en hospedería rural.

Castillo Puebla de Almenara




OFICIOS QUE DESAPARECEN: EL ESPARTERO por Luc Demeuleneire

«La herramienta más importante son mis manos»
 «El que trabaja el esparto de pan no muere harto».    Refrán murciano
 Hay dos tipos de esparteros: los que quieren y pueden y los otros.
    

Matias el espartero

 Así de claro se expresa Matías Guillen, el de la casa Pedriñán. En sus palabras, nada del «Todos somos iguales», tan en boga hoy en día.
«Para ser espartero hay que tener las manos dulces, suaves», precisa,  «y no todo el mundo las tiene. Algunos de mis alumnos, después de varios años, aún no lo hacen bien; en cambio, otros lo consiguen en quince días. Lo importante es tener el don».
En realidad, nuestro hombre se expresa de manera tan tajante porque quiere que su arte sea reconocido, que se distinga al artista-artesano del artesano ordinario o del comerciante, que sólo piensa en sus ventas.
            Como la mayoría de sus colegas, Matías se inició en el arte del esparto de muy joven. «Empecé a los doce años», explica, «Aprendí poco a poco. Primero con mi padre, luego con un hermano de mi mujer que lo hacía muy bien. También me formé mucho solo, experimentando, probando…».
En aquellos tiempos, hace sesenta años, el mundo era diferente. No había ni plásticos ni caucho. De hecho, la industria petroquímica apenas existía, estaba en sus primeros balbuceos, así que cada uno tenía que fabricarse un montón de objetos cotidianos, como las esparteñas, los capazos para las olivas o los serones para los burros.
Matías se acuerda perfectamente de lo que podríamos llamar la «época de esplendor del esparto».
«La gente se reunía por la noche», declara, «después de acabar con el trabajo en la huerta. Mientras las mozas hacían punto, los hombres elaborábamos objetos de esparto. En aquella época, los hombres éramos casi todos esparteros. Me refiero a la posguerra. Naturalmente, trenzando la pleita, hablábamos, comentábamos las cosas, contábamos chistes y episodios que les habían pasado a los vecinos. Trabajábamos y nos divertíamos a la vez. Solíamos quedarnos hasta las doce de la noche».
Los esparteros abundaron en Mula hasta los años sesenta. De hecho, nuestra región ha sido siempre rica en esparto.
Hoy, por desgracia, no quedan más que dos: Matías y otro, un hombre muy mayor, que podemos ver de vez en cuando frente a la iglesia de San Francisco, absorto en la fabricación de alguna cesta.
En general, el trabajo del esparto era complementario a la ocupación principal, la que procuraba el sustento. Sólo una minoría, y por motivos de salud, lo ejercía de manera profesional. «Empecé a dedicarme en serio al oficio por culpa de una grave operación del corazón», explica Matías. «Necesitaba alguna actividad más tranquila que la mía, pues yo era obrero agrícola».
Hoy, a la edad de setenta y siete años, el hombre sigue trabajando tranquilamente, a su ritmo, más para entretenerse que por otra cosa. De hecho, nadie espera sus obras.
«Hace veinticinco años había demanda, sacaba para mis gastos. Ahora ya no es así».
Matías hace de todo con el esparto, objetos prácticos, decorativos, cualquier cosa.
«Yo me encuentro preparado para hacer lo que sea,» asegura. «Hago muchas cosas prácticas, es verdad, por ejemplo, leñeros, capazos, jugueteros, espuertas. Pero eso no es todo. Hago también miniaturas, esparteñicas, por ejemplo. En los ochenta tuvieron mucho éxito; mucha gente las colgaba en el retrovisor de su coche».
Nuestro espartero no tiene taller. Trabaja en su salón, sentado en el sofá, con una mesa baja frente a él.
Cuando fui a visitarlo estaba haciendo pleita. Con dos agujas de red, parecía tricotar.
«La pleita, tira de esparto trenzado que se usa como base para montar objetos, se hace de diecinueve maneras. Puede tener desde de nueve hasta treinta y cinco hilos. La suelen hacer mujeres, la hacen por metros; la que yo utilizo la trenzo yo mismo».
Observo los útiles de trabajo y me pongo a fotografiarlos. «Sobre la mesa, tengo de todo», interviene Matías, «punzones, agujas, niveles para las medidas, martillo, alicates, guantes para coger el esparto… pero lo más importante no está en la mesa, lo más importante son mis manos».
Por supuesto, los esparteros tienen que ir a recoger su materia prima una vez al año, entre julio y agosto. No se compra en ninguna tienda. ¡Y Matías no falta a la regla!
«El esparto lo siego yo en el monte», explica Matías, «Por aquí hay en muchos sitios. Se trata de una planta que crece muy bien en ambientes desérticos. Lo cosecho verde, lo pongo al sol extendido y, al cabo de unos veinte días, cuando ya lo veo tostado, lo recojo. Para trabajarlo, hay que ponerlo a remojo de un día para otro».
Actualmente, Matías está contento. Cumple con el sueño de muchos artesanos: está transmitiendo su saber.
¿Hay algún rayo de esperanza? ¿Los esparteros están destinados a sobrevivir en nuestra región?
«Las personas que acuden a mis clases, dos chavales y un señor mayor, lo hacen en plan de hobby», explica, «no tienen como objetivo ser profesionales, ni siquiera ser capaces de realizar un trabajo profesional. Algo podrán hacer, claro, eso espero, pero no mucho. En todo caso, no serán mis continuadores».
Una cosa que llama la atención cuando nos encontramos con Matías es la relación que tiene con su mujer.
Es frecuente que las parejas de artesanos estén muy unidas, pero en este caso hay algo más que una simple unión, existe una verdadera complicidad.
«Mi mujer me ayuda mucho», confiesa nuestro interlocutor. «Me da ideas, pinta los objetos después de que yo los haya terminado… Ella fue modista y tiene mucha vista. Está en cada momento de mi vida creativa».
Su esposa, en todo caso, lo acompaña por todas partes. Es difícil ver al uno sin el otro. Tengo la impresión de que son como esas «esparteñicas» que fabrica, que una vez colgadas en el retrovisor de un coche, bailan constantemente al mismo ritmo.
Un domingo de abril fui a visitar a Matías al mercado artesanal del Paseo. Me había invitado a que fuera a verlo.
Lo encontré allí delante de su pequeño puesto, en primera fila – ¿para estar más cerca de los clientes?–, mientras que su mujer estaba detrás, quizás vigilando el escaparate.
Matías compartía mesa con otra persona, el Federo, un creador original que realiza esculturas a partir de ramas de árbol. El otro espartero muleño estaba a una distancia respetable.
Había mucha gente, muchos transeúntes. La buena temperatura invitaba, desde luego, al paseo. Unos amigos de Matías se acercaron y se quedaron hablando, como si estuvieran en el bar o en la plaza mayor pasando el tiempo…
A la gente le gusta el esparto, no hay lugar a dudas. En el mercadillo artesanal, mientras Matías y sus amigos estaban hablando, los curiosos no dudaron en interrumpirlos más de una vez.
Ahora bien, como diría Matías: «Me parece evidente que a la gente le gusta el esparto pero el problema no está allí… el problema es que prefieren mirarlo que comprarlo, contribuyendo así a que el oficio caiga en el olvido».



CASTILLO DE PETRER, Alicante

CASTILLO DE PETRER

Este Castillo (siglo XII-XIII) está situado sobre un promontorio llamado Cerro del Testigo de unos 461 metros de altura. Domina su vista sobre las poblaciones de Petrer y Elda, enmarcadas dentro del valle del Vinalopó y pertenecientes a la provincia de Alicante. Castillo fronterizo por el tratado de Almizra (1244), pasa a territorio de Castilla.

El rey Alfonso X  entrego sobre el 1258 a Jofré de Loaysa,  que ejerció su señorío hasta el siglo XV. Debido al caracter de Jofré de Loaysa, el castillo fue tomado por la población mudejar de Petrer. Tuvo que ser el rey Jaime I de Aragón quien a través de un pacto con los sublevados, devuelve el castillo a sus antiguos propietrios.

A través de la Sentencia de Torrellas (1304) y del Tratado de  Elche (1305) pasa a la Corona de Aragón. Estuvo siempre endisputa a lo largo de la guerra de los dos pedros (1356-1366), entre Pedro IV de Aragón y Pedro I de Castlla, En el 1369 año de la muerte de Pedro I de Castilla, el castillo de Petrer, pasa de definitívamente a manos de la corona aragonesa.

Montaje en tres dimensiones de la torre del Homenaje o Alcazaba

En los principios del siglo XV muere sin descendencia el último de los Loaysa, doña Leonor de Loaysa casada con Juan de Rocafull. La baronía pasa a manos de la Corona en la persona de la reina Violante de Bar (esposa de Juan I de Aragón). Esta vende el castillo y la baronía en 1431 a  los Pérez de Corella en la persona de Ximén Pérez de Corella, conde de Concentaina, quienes lo usan como residencia. El castillo es reformado  construyendose una capilla (en honor a Santa Catalina), y una mazmorra en la torre maestra

A finales del siglo XVI es vendido a los Juan de Coloma y Cardona (1522-1586) y III Señor de Elda (descendiente del Mosén Coloma, secretario de los Reyes católicos y I Señor de Elda. Con lo que paso a pertenecer al condado de Elda hasta el decreto de las Cortes de Cádiz a principios del siglo XIX, en el que se abolían los señoríos.

La desamrtización de Mendizabal le perjudicó muchísimo y muchas de sus piedras fueron a parar en la construcción de casas vecinales.

En 1968 el obispado de Orihuela propietario entoncés del castillo cedió la propiedad al Ayuntamiento de Petrer. A finales del siglo XX y principios del XXI en castillo ha sido rehabilitado en su totalidad.

Interior castillo

Está reformado y en perfecto estado. Se puede visitar

 




VIAJE A ALCOCHEL-MONSARAZ Y ESQUEVA (Portugal). AGROTURISMO Y PATRIMONIO, por Alfredo Pastor Ugena, Catedrático y Doctor en Historia

Castillo de Alcochel

Un grupo de veintidós periodistas de turismo realizamos un viaje en relación a una experiencia transfronteriza de promoción y divulgación de actividades agroturísticas y de patrimonio cultural en Alcochel (Badajoz), Monsaraz y Alqueva (Portugal), dentro del Proyecto ADLA, cuyo objetivo es el desarrollo del territorio de forma sensible y equilibrada en ambos lados fronterizos de España y Portugal.

Desde Olivenza llegamos a Alcochel y allí fuimos recibidos por las autoridades locales y personal técnico de la Dirección General de desarrollo Rural del Gobierno de Extremadura, donde nos fue presentado el Proyecto y el programa de las actividades a realizar en estos días.

Esta localidad, que nace como otros pueblos de la zona en el período musulmán, fue repoblada en la segunda mitad del siglo XII por cristianos portugueses, en una etapa donde en la zona se alternaban el dominio luso y cristiano, intercambio que forjará el carácter cultural y arquitectónico de la villa.

 Pertenece Alcochel a la comarca de Olivenza en un entorno de encinas, con amplias dehesas de jaras y vegetación baja que cautiva a los amantes de la naturaleza y donde percibimos la presencia de una buena diversidad de itinerarios turísticos, destacando lo zona de Los cabriles,(donde anidan aves rapaces como el búho o el gran duque) o el Cerro de las Herrerías, donde podemos observar una antigua mina romana

Grupo de periodistas

En primer lugar realizamos un paseo cultural por esta localidad pacense, donde tuvimos ocasión de visitar la antigua cárcel ubicada en un viejo edificio de mediados del S.XVIII, que tuvo estas funciones hasta el S.XIX. Fue rehablitado en 2004 por el ayuntamiento, para depositar en él un interesante museo etnográfico y la oficina de turismo local y difundir huellas y tradiciones locales.

Posteriormente visitamos la iglesia gótico-renacentista del S.XVI dedicada a Nuestra Señora de los Remedios. A continuación recorrimos un camino muy pronunciado para llegar al castillo de Miraflores, la joya patrimonial de esta villa, levantado durante el período musulmán, y ampliado durante los siglos XIV y XV, período que definirá la idiosincrasia de este pueblo.

Este amplio castillo de origen musumán,, situado en un roquedo de gran altitud, fue testigo de hechos y vicisitudes fronterizas castellano-portuguesas en la zona. Serían los templarios posteriormente quienes se harían cargo de este recinto amurallado, alrededor de 1.230 con Fernando III, para pasar posteriormente a manos de la orden de Calatrava. Actualmente se condiciona para ser un hotel rural.

En el recorrido por la zona nos desplazamos seguidamente hasta una explotación agroturística, propiedad de D. Rafael Gómez Nogales,Se trata de una atractiva dehesa de encinas y alcornoques destinada fundamentalmente a la actividad ganadera de caballos, vacas y cerdos ibéricos. Allí se nos mostró cómo era su funcionamiento, donde contemplamos actividades relacionadas con el ganado vacuno como el cambio de cerca de una piara de vacas a caballo por vaqueros de la Dehesa, así como el manejo de las razas allí existentes.

Cría de cerdos

También fueron muy interesantes las actividades relacionadas con el cerdo ibérico, mostrándonos el proceso de cría desde la producción del lechón hasta la finalización del engorde en Montanera, y también lo concerniente a la yeguada y la utilización del caballo en la dehesa con una exhibición de Caballo Pura raza española montado a la doma clásica y a la vaquera.

Terminadas estas actividades agropecuarias, visitamos la localidad portuguesa de Monsaraz, un verdadero museo abierto. Se rata de un conjunto arquitectónico protegido por una muralla medieval construida en tiempos de los reyes Alfonso III y de D. Dinis.

Monsaraz

Este pueblo encantador es totalmente peatonal y tiene sólo dos calles, la Rua Direita y la Rua de Santiago. Una visita a Monsaraz puede empezar por Porta da Vila; tras las escaleras tenemos un punto que podemos usar de mirador de la región. El corazón de la villa es la Igreja Matriz, en cuya esquina está el Puesto de Turismo. En la plaza hay un peculiar picota del siglo XVIII coronada por una esfera del universo.

El castillo tiene un torre del homenaje de forma pentagonal. Fue levantado en el siglo XIII por el Rey Afonso III. Otras puertas son la de Evora, Alcoba y Cisterna. Todo el pueblo está abrazado y protegido por la muralla medieval y los baluartes que se levantaron durante la guerra de 1640. Por pequeño que sea el pueblo no deja de tener una buena cantidad de estructuras de defensa militar que sirvieron durante las guerras fronterizas. Recomendamos las vistas desde la Torre das feiticeiras ( Torre de las brujas ). La Capilla de San José se ha conservado a duras penas, así como la ermita de Sâo Joâo Baptista.

Monumentos megalíticos

El campo que rodea Monsaraz tiene vestigios prehistóricos. Dólmenes, menhires y cromlechs que hacen de este lugar uno de los grandes campos megalíticos de Portugal. Son de época neolítica, alrededor de 3000 años antes de Cristo y pueden superar los 4 metros de alto. No sé sabe con seguridad su significado; una teoría sostiene que son falos usados en ceremonias de fertilidad para obtener favores de los dioses. El ejemplar más destacado es el menhir de Outeiro, de más de cinco metros de altura, el crómlech de Xarez y el dolmen de Olival de Pega. También hay un menhir que recuerda a la forma de un útero femenino y que es llamado Menhir da Rocha dos Namorados.

Lago-embalse AlquevaPor último visitamos un centro de turismo fluvial: el Gran lago de Alqueva, el mayor lago artificial, como testigo de que España y Portugal comparten el río Guadiana en una buena parte de su frontera. En sus aguas, la construcción de esta presa o embalse, en la región portuguesa del Alentejo, ha originado el mayor lago artificial de Europa occidental.

En la actualidad, el Lago Alqueva es una de las alternativas de turismo náutico mas interesantes de la península, ya que te permite navegar estando “tierra adentro”, en una inmensa superficie de 250 kilómetros cuadrados. De hecho, una variada oferta de servicios ha nacido a la vera de este lago, desde casas rurales, casas “flotantes”, circuitos de senderismo, alquiler de botes y hasta de cruceros para pasar tus vacaciones como si fuera en altamar.

El lago nació con una represa cuyo muro tiene una altura máxima aproximada de 90 metros, con una longitud de 450 metros. La retención de aguas ha originado la inundación de unas 25.000 hectáreas, extendiéndose hacia el norte unos 80 kilómetros, hasta el paraje de Puente Ajuda.

Las costas recortadas del lago le hacen especialmente atractivo para descubrir pequeñas calas. La longitud de sus costas, es similar a la de todo el litoral marítimo portugués. El objetivo principal de esta obra es la de dar agua a unas tierras históricamente secas. Hoy permite regar unas 100.000 hectáreas de terreno. Su central hidroeléctrica, produce unos 380 MW/hora. La zona ha sido declarada Reserva Ecológica Nacional por el Ministerio de Medioambiente de Portugal. Del lado español, la Consejería de Industria, Energia y Medioambiente de Extremadura, trabaja también para conseguir el difícil equilibrio entre aprovechamiento de su potencial turístico y la preservación del entorno.

Allí, en el restaurnate Amieeira marina,situado en las orillas del Gran Lago, tuvimos la ocasión de degustar la gastonomía típica portuguesa tradicional alentejana.

 




PERÚ MÁGICO Y MISTERIOSO, por Manuel Méndez Guerrero, escritor y viajero

“El Paraíso existe. Búsquelo en la Ruta Nor-Oriental”. El sugerente slogan publicitario de un folleto turístico, rebosante de vida, color y aventura, hizo vibrar nuestros espíritus viajeros. Cargados de cámaras y demás utensilios de viaje, recorrimos miles de kilómetros en su busca. Fue un hermoso pretexto para viajar a Perú, país mágico y misterioso.

El río Marañón

 

“CHACHAPOYAS, REINOS DE HISTORIA”

Después de un relajante baño nocturno en la piscina -aguas termales- del magnífico hotel Laguna Seca en la ciudad de Cajamarca (2720 msnm y a 862 Km. de Lima, capital del Perú), cargamos, con prisas, nuestros bártulos en el 4 x 4. No queríamos perdernos  el espectáculo más hermoso que se puede apreciar en las cúspides andinas: el amanecer. En unos instantes mágicos, la oscuridad se repliega, y el horizonte encendido de rojizos matices, recibe al poderoso rey, que, solemnemente, inicia su peregrinar hacia el cielo. Nos estremecemos ante el espectacular milagro de la naturaleza. También nosotros, como los antiguos pobladores de estas tierras, rendimos culto al sol… al dios de la vida. Emocionados y en silencio, emprendemos rumbo a Chachapoyas.

 

Duras carreteras 

Iniciamos el viaje en medio de un mundo misterioso, donde la naturaleza impone respeto. La caprichosa y variada geografía de los Andes, y sus carreteras -con algunos tramos sin asfaltar y estrechos-, nos obliga a que nos desplacemos con lentitud, pero merece la pena, los paisajes son espectaculares. Atravesamos deslumbrantes valles, enormes quebradas, hermosos riachuelos de aguas cristalinas, y pequeños pueblos coloniales. En uno de estos pueblos de tradición española, Celendín (a 2625 msnm), hacemos una breve parada para comprar, en la colorida feria dominical de La Alameda, varios Jipi Japa, bonitos sombreros de paja Toquilla realizados por artesanas celendinas. Aprovechamos la ocasión, para trabar amistad con los lugareños, que nos invitan cordialmente a unos buenos tragos de aguardiente (de caña de azúcar).

 

Al fin, a nuestros pies, en las profundidades, divisamos a la “Serpiente de Oro”: el Río Marañón. Afluente del Amazonas, y de 1800 Km. de longitud, se ofrece ante nuestra vista, portentoso y desafiante. Un par de horas, de lento descenso, nos llevan hasta una de sus orillas. Después de un gratificante chapuzón en sus aguas, coloreadas de ocre, decidimos cruzarlo. En medio del puente, nos informan que atravesamos una frontera natural entre dos departamentos o provincias; al final del mismo, se encuentra el pueblo de Balsas (en el margen derecha del Río Marañón y en el departamento de Amazonas), donde nos detenemos para un corto, pero merecido descanso. Hemos ascendido hasta los 3500 y descendido en pocas horas hasta los 700 metros sobre el nivel del mar, y los mosquitos nos hacen sentir las grandes diferencias entre las alturas y estas tierras cálidas, exuberantes en flora y …¡fauna!. Después de una frugal merienda a base de plátanos, chirimoyas, limas y naranjas de delicioso dulzor, continuamos nuestro recorrido.

 

Momia Chachapoya

Ascendemos lentamente, dejando atrás al torrentoso Marañón y al calor. Siguiendo nuestro periplo, nos adentramos en los antiguos territorios de los Chachapoyas, un pueblo que encabezó una confederación de pequeños reinos dispersos en los Andes orientales del norte, y que alcanzó su mayor apogeo alrededor del año 1000 d.C. Con los últimos resplandores del atardecer, llegamos al pueblo de Leymebamba en la margen izquierda del río Utcubamba. Nos entusiasma la posibilidad de conocer un notable descubrimiento arqueológico: las momias (mallqui en quechua) de la Laguna de los Cóndores. Las momias, fueron encontradas en chulpas o edificaciones, construidas por los Chachapoyas hace mil años en un abrigo natural -enclavado en un hermoso y típico paraje natural amazónico-, con vistas hacia el lago y a un antiguo poblado. Felizmente, y gracias a la buena gestión de un sacerdote español -afincado en labor pastoral en estas exóticas tierras-, y a la generosa disposición de la antropóloga Sonia Guillén, directora del Centro Mallqui, pudimos contemplar, extasiados, las más de 200 momias -humanas y de animales- y otros valiosos materiales arqueológicos -quipus, mates, tallas en madera y cerámica.- que se guardan celosamente en un local habilitado especialmente -en un proyecto de emergencia- para el inventariado, catalogación y conservación de los mismos.

 

Con el impactante recuerdo de las momias, pernoctamos, a orillas del río, en la idílica Estancia El Chillo (ante la posible visita de algunos espíritus, dejé encendida una vela… ¡nunca se sabe!). Al alba, como de costumbre, emprendimos viaje a la ciudad de Chachapoyas. A la “Ciudad de los balcones”, la encontramos sobre la cima de una colina, rodeada de bosques de eucaliptos e imponentes montañas. “Chacha”, como la nombran cariñosamente sus habitantes, es la capital del departamento de Amazonas y está situada sobre la vertiente oriental de los Andes del norte (a 2334 msnm, y a 1225 Km. de Lima). Goza de un clima templado, típico de las zonas de transición entre las alturas andinas y ceja de selva, con una temperatura promedio anual de los 22° C y abundantes lluvias (de diciembre a Marzo). La antigua ciudad de Chachapoyas, originalmente llamada San Juan de la Frontera, la fundó Alonso de Alvarado, conquistador del Amazonas, el 15 de septiembre de 1538. Sus casonas coloniales, sus callejuelas empedradas, estrechas y empinadas, y su amplia Plaza de Armas dan testimonio de su pasado colonial.

 

En los alrededores de “Chacha”, hay que destacar uno de los monumentos más grandiosos del Perú prehispánico: Kuélap (a 74 Km.). Descubierta en el año 1843, se ubica en el distrito de Tingo, en el valle del río Utcubamba (afluente del Marañón); sobre una espectacular cresta rocosa -cerro de La Barreta- a 3080 msnm. En el ascenso hacia la ciudadela fortificada (desde “Chacha” se tarda 4 horas de viaje), observamos con deleite, pueblitos con chozas de paja y campesinos trabajando en sus fértiles tierras. Bordeando los cerros entre hermosas falderías cubiertas de tupidos bosques, nos cruzamos con osados comerciantes, que con sus recuas de caballos y mulos cargados de la más variada mercancía viajan (serpenteando con gran destreza los caminos de herradura) de pueblo en pueblo ofertando sus productos.

Fortaleza kuélap

Si imponentes son sus paisajes, más aún, si cabe, es Kuélap. La construcción de la fortaleza (de forma elíptica alargada y orientada de norte a sur) debió ejecutarse entre los años 800 y 1300 d.C. (Túpac Yupanqui, hermano de Pachacutec, invadió y conquistó a la nación Chachapoya en la segunda mitad del siglo XV incorporándola al imperio Inca del Tahuantinsuyo), y consta de dos grandes plataformas sobre las cuales se levantaban recintos de carácter residencial y ceremonial (unas 400 construcciones de planta circular con cornisas de lajas, de altísimos techos cónicos cubiertos de paja y frisos geométricos de lajas decorando las caras exteriores de las paredes). Sus enormes murallas defensivas construidas con bloques de caliza, alcanzan una altura de 25 metros y una longitud de 600 metros. La ciudadela dispone de tres entradas, que fueron construidas a modo de enormes corredores amurallados.

 

El sol se recuesta sobre el horizonte y nos recuerda, muy a pesar nuestro, que es la hora de regresar. Anochece rápidamente, y el cielo se cubre de una alfombra de brillantes estrellas. Indago en el firmamento en busca de algún acontecimiento espectacular, como aquél que ocurrió en 1910. Desde esta mágica atalaya de Kuélap, se pudo admirar al cometa Halley. ¡Que gozada!

 

Sarcófagos de Karajía

Otra de las excursiones extraordinarias, es a los Sarcófagos de Karajía o Purunmachos (a 48 Km. y a 2760 msnm). Los antiguos chachapoyas, deseando eternizar la memoria de sus muertos ilustres, les construyeron sarcófagos, y los colocaron en lugares enclavados en parajes espectaculares (después de momificados los cuerpos, eran introducidos en su interior en posición fetal). Los sarcófagos coniformes antropomorfos, de una altura de 2 a 2.30 m., fueron hechos con barro o arcilla mezclada con paja, y caña (lo que les daba consistencia y durabilidad), y decorados con dibujos geométricos. Les agregaron falsas

plato típico con el roedor Cuy

cabezas o máscaras funerarias, para que, eternamente y desde las alturas, como sus dioses tutelares, pudieran contemplar, el hermoso entorno natural en el que vivieron y ejercieron su poder. Los sarcófagos, fueron depositados en cuevas muy altas o plataformas artificiales, destruyendo a continuación las vías de acceso para evitar las profanaciones. Después de pasar varias horas, fotografiando en un silencio sepulcral -nunca mejor dicho- y con asombro las seis esculturas, regresamos al caserío de Trita. Como despedida, nuestro anfitrión y compañero de viaje, don Leonardo Rojas, alcalde de Chachapoyas, nos brinda un deliciosa comida típica: inchik uchu (piqueo de yuca sancochada con salsa de maní, ají y culantro), cazuela (sopa “levantamuertos”, de gallina, res y cordero), y picante de cuy (cuy -pequeño roedor- frito en abundante manteca de cerdo, papa amarilla y achiote).

Siguiendo nuestro plan de viaje, y por caminos de espectacular belleza, ponemos rumbo a Tarapoto. En la localidad de Pomacochas (2150 msnm), nuestros cuerpos duramente trajinados, de continuas excursiones, se toman un merecido descanso en el estupendo hotel Puerto Pumas a orillas de la laguna Pomacocha, la más hermosa de la región. Esa noche, contemplamos un espectáculo soberbio, una inmensa luna llena, resplandeciente, reflejada sobre la brillante superficie del lago.

 

Animales y plantas del Perú

 

TARAPOTO, “TIERRA DE PALMERAS Y CATARATAS”

Siguiendo el curso del río Mayo, y en compañía de un calor sofocante, llegamos a  Tarapoto. La “Tierra de palmeras y cataratas”, se encuentra en el departamento de San Martín, al pie de la cordillera Azul, y en la confluencia de los ríos Cumbaza y Shilcayo, cuyas aguas desembocan en el cercano río Mayo (333 msnm y a 1480 Km. de Lima). Fue fundada el día 20 de agosto de 1782, por el Obispo de Trujillo, Baltazar Martínez de Compañón, y su nombre se lo debe a las palmeras tarapoto (Iriartea ventricosa) abundantes en esta región (situada entre la selva alta y el llano amazónico).

Cataratas de Ahuashiyacu

Las orquídeas y los helechos arborescentes, las palmeras, los lagos, los riachuelos y las cataratas de aguas cristalinas, conforman, todos ellos, escenarios de excepcional armonía y belleza…¡nos encontramos en el paraíso selvático! Pero, nuevas y agradables sensaciones surgen cuando conocemos las Cataratas de Ahuashiyacu y su leyenda (“agua que ríe”, a 14 Km.). Cuentan que el cacique de la zona tenía una hija hermosa y juguetona. Celoso de los muchos pretendientes de su hija, acudió al brujo mayor para que le ayudara a solucionar su problema. Pero, el brujo le jugó una mala pasada, ya que convirtió a la doncella en agua para que no fuera desposada por ningún mortal y solamente sirviera para saciar la sed de los caminantes.

 

Después de un maravilloso paseo en canoa en la Laguna del Sauce (a 45 Km.) conocida como Laguna Azul, nos trasladamos al hotel Puerto Palmeras, donde, a la sombra de estupendas palmeras, degustamos típicos manjares de esta región: Lamisto (sopa de yuca con deliciosos trozos de pez paiche -algunos ejemplares pueden llegar a pesar 200 kilos y a medir 3 metros-), Chunchulijuane (masa de yuca con culantro y menudencia de gallina, envuelta en hojas de bijao) y Chontajuane (masa de chonta -palma- con pez paiche, envuelta en hojas de bijao ¡Toda una experiencia de sabores y de plena satisfacción de los sentidos! No podía finalizar mi periplo por esta región, sin visitar a los Lamas (Santa Cruz de los Motilones de Lamas, a 21 Km. y a 800 msnm), un pueblo orgulloso de su pasado guerrero, y que mantiene vivas sus ricas costumbres ancestrales. Fue fundada por Martín de la Riva y Herrera, el día 10 de octubre de 1656, sobre una inmensa colina de tierras rojas. Para los lamistas, la ciudad está dividida en tres barrios situados a diversas alturas.

Pueblo Lama, Perú

En el barrio bajo, llamado Waico, vive la mayoría de la población indígena, y visten, como sus ancestros, trajes de vivos colores semejantes a los usados en ciudades andinas (las mujeres lamistas, muy coquetas, suelen llevar en la cabeza como adorno principal, cintas de colores). En los barrios superiores, están situados los comercios y viven los mestizos. La mayoría de sus habitantes hablan un singular dialecto, mezcla del quechua con lenguas selváticas, y se dedican a la agricultura: maíz, algodón, frejol, frutales y otros productos propios de la selva. Las maravillosas cualidades de los lamistas, alegres y jaraneros, avalaron la designación de Lamas como la Capital Folklórica de la Alta Amazonia. La cordialidad lamista, no tardó en manifestarse, nuestro anfitrión en estas tierras cálidas y mágicas, Carlos A. González, nos invita a degustar el famoso plato inchicapi (maíz, maní y gallina), y a chicha sarasua (deliciosa bebida hecha a base de yuca y maíz). Nuestra visita a la comunidad, finaliza en la cooperativa Artesanal de Lamas. Salimos cargados de recuerdos: coloridos tucanes (tallados en madera), hermosos collares, y cerámicas (decoradas con sencillos y atractivos diseños).

 

Tenía razón el folleto “El paraíso existe”.