NUESTROS HOMBRES EN AFGANISTAN: ATRAPADOS EN LA HISTORIA , por Arturo Vinuesa Parral

El olvido para gran parte del mundo –en especial el occidental, tan dado a intervenir militarmente fuera de sus fronteras, bajo el hipócritamente confesado objetivo del sufrimiento humano-, de la existencia de ese pueblo, empezó el mismo día en que las tropas de la Unión Soviéticase retiraban de Afganistán vencidas por unos míticos guerreros casi medievales, convertidos en leyenda por una acción mediática sometida a intereses ajenos al propio Afganistán: los muyahidin. Sin embargo, derrotadala Unión Soviética, las informaciones procedentes de aquel país dejaban de tener un interés primordial y pasaban a ocupar un segundo lugar en la arena informativa.

No obstante, la palabra muyahidin siguió apareciendo entre los artículos de prensa que daban cuenta del desarrollo de otros conflictos que ya nada tenían que ver con Afganistán. Avalados por la legendaria fama de bravos guerreros que habían alcanzado, fue solicitada su ayuda en aquellos campos de batalla donde la fortuna no sonreía a las armas de gobiernos más o menos islámicos. Bien atraídos por la defensa de la causa del Islam, en una especie de yihad, o bien por la generosa paga como mercenario que ofrecían, los muyahidin aparecieron en las montañas de Argelia, en los desérticos parajes de Palestina o entre los frondosos bosques de Bosnia Herzegovina.

La diversidad de razas, naciones e influencias humanas que rodean la difícil encrucijada de culturas que cierra el nudo afgano –persas, pakistaníes, hindúes, chinos, turcomanos, rusos, mongoles, etc.-, hace que la composición étnica en Afganistán sea extremadamente variada. Las condiciones de vida del país son miserables, en realidad está considerado como uno de los países más pobres del mundo, con la mayor tasa de mortalidad, pese a su alta tasa de natalidad. Como consecuencia de lo anterior, las esperanzas de vida son también las más bajas del mundo.

El real maná del que siempre se ha nutrido la economía afgana es la droga. Durante mucho tiempo fue el máximo exportador de hachis del mundo. Hoy el origen y categoría de la droga ha cambiado. El cultivo mayoritario, y de donde proceden los verdaderos ingresos para la mayoría de los agricultores afganos es el de la amapola, de donde se obtiene el opio, cuyo contrabando –a través de la antigua “ruta de la seda” y los pasos montañosos que conducen a Pakistán y a las antiguas repúblicas soviéticas- hacia Rusia y el mundo occidental, sufraga los gastos de una guerra extendida en el tiempo por décadas y llena las cuentas corrientes de los “señores de la guerra”.

La situación del país es de verdadero desastre. Las huestes de cada facción se dedican al pillaje y al saqueo dentro de su territorio, donde nadie reconoce la autoridad central o respeta la impuesta por la facción que ocupa la región vecina.

De todas las zonas de Afganistán sumidas en la pobreza y dominadas por los señores de la guerra, fue Kandahar –la ciudad santa más importante del país, y donde desde siempre se cree que permanece el manto del profeta Mahoma-, la que sufriría las consecuencias más nefastas de la corrupción.

La justicia aplicada por los estudiantes coránicos del mulah Mohammed Omar a los responsables del rapto y violación de dos mujeres, en una aldea de Kandahar, tuvo amplio eco por todo Afganistán y el vecino Pakistán. A partir de entonces, todos los que agobiados por la injusticia, necesitaron ayuda contra los señores de la guerra pidieron auxilio a los seguidores del mulah; había nacido el movimiento talibán.

Con la llegada a Pakistán de Osama ben Laden, la situación de la guerra cambió de signo, desde el primer momento dedicó sus energías y medios económicos a organizar la ayuda y apoyo de la resistencia muyahidin en su guerra contra las fuerzas del Kremlin. El apoyo económico de Washington a la causa afgana fue ingente pero, no siempre alcanzaría a sus destinatarios, y aunquela CIA parece que tuvo conocimiento de estos casos de desviación de fondos, no llegó a efectuarse denuncia alguna. En esos momentos los objetivos de Osama ben Laden y Ronald Reagan coincidían, y ya sabemos que “la política hace extraños compañeros de cama”.

Terminada la guerra y derrotada la potencia que disputaba la primacía mundial con Estados Unidos, éstos congelaron los fondos destinados en sus presupuestos a la ayuda a Pakistán: 600 millones de dólares, esenciales para construir escuelas, hospitales y alimentos para los millones de refugiados en dicho país. De otro lado, y  bajo el pretexto de ser un centro de exportación de drogas, también se le suprimió la ayuda económica a Afganistán. Pero, ¿no era éste el tradicional y principal ingreso del país, desde mucho antes de empezar la guerra contrala Unión Soviética?

Hoy, pese al teóricamente democrático gobierno de Hamid Karzai hábilmente manejado por Estados Unidos y respaldado por un buen número de naciones, de nuevo los señores de la guerra se enseñorean por los pueblos, donde posiblemente encuentran los adictos necesarios para seguir con sus fechorías, y los taliban prosiguen su guerra de terror contra Occidente.

Afganistán continúa desangrándose en una guerra de ocupación, sus mujeres y niños muriéndose de hambre o destrozados por las minas que un día sembraron los que se disputaban la conquista de su suelo. Mientras, nuestros soldados en esas tierras seguirán contemplando pueblos anclados en la historia, por los que continuarán deambulando viejos de mirada cansada e inerte, mujeres dentro de sus burkas –verdaderas jaulas de tela- y niños mostrando sus amputaciones, demasiado orgullosos para pedir una limosna al visitante. Este trágico problema precisa una solución.

Mavi CamiLa voluntad de todos los países, en especial los de Occidente, que de forma interesada intervinieron desde el comienzo de la guerra, debe expresarse en el decidido objetivo de sacar a ese pueblo del caos dela EdadMediaen que viven y devolverlo a nuestro mundo actual, proporcionando a sus hombres, mujeres y niños los medios precisos para alcanzar un sistema de gobierno justo y un nivel de vida digno.

 

 

 

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1 comentario en “NUESTROS HOMBRES EN AFGANISTAN: ATRAPADOS EN LA HISTORIA , por Arturo Vinuesa Parral”

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